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POR PRIMERA VEZ EN 30 AÑOS NO HABRÁ MAESTRO DE CEREMONIAS

La ceremonia de la confusión

Los traspiés de una Academia que lucha contra el declive de audiencia rodean de incógnitas la fiesta

 

IDOYA NOAIN
24/02/2019

La última vez que los Oscar no tuvieron un presentador, hace 30 años, las cosas no salieron bien. El número musical de apertura, una agónica debacle de 11 minutos, hundió la carrera del productor Allan Carr, le ganó a un musicalmente inútil Rob Lowe un lugar en los anales de infamias ceremoniales, motivó una demanda de Disney por el uso sin su permiso de Blancanieves e hizo que Billy Wilder, Paul Newman, Gregory Peck, Julie Andrews y otros pesos pesados de Hollywood firmaran una carta abierta denostando la gala como «una vergüenza para la Academia y para toda la industria». Difícilmente pueda superarse el horror este domingo pero los numerosos traspiés de la Academia en el camino hasta la ceremonia de este domingo la han convertido en un triste espectáculo antes de empezar.

Kevin Hart, el cómico negro elegido como maestro de ceremonias, se retiró en diciembre después de que salieran a la luz viejos chistes y tuits homófobos. Si se buscó sustituto no se encontró.

Más dañinos aún han sido los desacertados pasos de la Academia para intentar adaptarse a los cambios de las audiencias de cine y el declive de espectadores, que el año pasado, en una ceremonia de casi cuatro horas, cayeron al mínimo histórico. Y la caja de los truenos se abrió cuando en agosto la institución propuso crear una categoría para película popular, criticada idea de la que la Academia reculó menos de un mes después.

Los terremotos han seguido viviéndose hasta los últimos días; ninguno más demoledor que el anuncio de que, en el plan para asegurar que la ceremonia no pasa de tres horas, cuatro estatuillas se entregarían mientras la retransmisión estaba en publicidad. Eran corto de ficción, maquillaje y peluquería y, para indignación generalizada, fotografía y montaje. Ni las promesas de que se podría seguir esa entrega en la primera retransmisión de los Oscar por internet ni la de que en la tele se vería un montaje respetuoso con los ganadores evitó el diluvio de protestas, bajo el que se ahogó la iniciativa.