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LA ENTREVISTA

«Durante la adolescencia se empieza a vislumbrar el adulto que va a ser»

Lola Álvarez - Psicóloga

 

«Durante la adolescencia se empieza a vislumbrar el adulto que va a ser» - EL PERIÓDICO

Hay situaciones que desbordan tanto a los padres como a lo hijos, y una de ellas, es la entrada a la adolescencia. ¿Pero, qué te pasa? Diez claves para entender la adolescencia en positivo (Editorial Planeta, 2021) es un libro que, en manos de padres con niños que encaran el proceso de la pre-adolescencia, se convierte más en un manual que en una obra al uso. Las redes sociales, la sexualización de todo lo que nos rodea, la velocidad a la que transcurren los cambios en esta etapa, y la ralentización a la que se suceden la de sus padres genera una brecha más que generacional. Lola Álvarez, que lleva treinta años trabajando como terapeuta con niños, adolescentes y familias nos ofrece en este libro una visión positiva de una etapa a la que los padres nos enfrentamos con más preguntas que respuestas.
Una de las claves que nos aporta esta psicóloga es comprender que la conducta preocupante de los hijos siempre es el resultado de múltiples factores, que suelen ser una señal de alerta y que para ello es necesario que nos impliquemos en conocer qué está ocurriendo. «Aunque los padres no den siempre en el clavo, es importante para los hijos el saber que siempre están ahí, dispuestos a echarles una mano», asegura. Comprender, escuchar y empatizar. Y paciencia. Pasen y lean.

-¿Es tan terrible, como percibimos, esta etapa?
- La adolescencia tiene mala fama pero, en realidad, es como una flor que se abre y se muestra al mundo en toda su belleza. Durante la adolescencia se empieza a vislumbrar el adulto que va a ser. Están llenos de ímpetu y de vida y hay que apoyarles durante la fase de su trayectoria.

-¿Para quién es más duro? ¿para ellos o para nosotros, los padres?
- Lo que ocurre es que conlleva un cambio físico muy repentino. Por un lado, externo y visible en su aspecto físico pero también interno, a nivel hormonal y cerebral. Ello hace que ni el adolescente tengo control sobre su propio cuerpo, ni entienda del todo lo que le está ocurriendo. Los padres, por su parte, están siguiendo su propio proceso ya que han perdido a su ‘hijito’ dócil y en su lugar se encuentran con un individuo con el que les cuesta comunicarse. Esta situación provoca sorpresa y ansiedad por ambas partes y entonces, es muy fácil que se produzca un conflicto.

-‘Diez claves para entender la adolescencia en positivo’. Con que nos ofrezca cinco, ya nos ayudaría bastante.
-¡Esa frase me suena a desesperación! El propósito del libro y su mensaje central es evitar que los padres se desanimen. Saber que aunque las cosas no estén saliendo tal y como esperaban ellos, siempre habrá oportunidades para reconducir las cosas si se pone un poco de empeño y dedicación.

-Dice en su libro que la adolescencia, ‘debido a los cambios sociales, puede prolongarse más de lo normal’, ¿también se ha adelantado más de lo que conocíamos?

- No es que se haya adelantado en sí, sino que hoy en día, niños y niñas, en gran parte influenciados por las redes, adoptan conductas y actitudes adolescentes a unas edades en la que todavía no tienen la madurez necesaria. Hay una impaciencia por crecer y mostrarse a los demás que puede acarrearles problemas en el futuro.

-También afirma que ‘es el proceso de consolidación de su propia identidad’, ¿y cómo podemos ayudarles a dibujar esa identidad de la mejor forma posible?
--Dándoles espacio para que exploren y experimenten, aceptando que a veces harán cosas bastante inesperadas y que deberán alejarse temporalmente de sus padres (al menos en apariencia) para luego volver a ellos.

-Y en un mundo tan sexualizado, ¿cómo podemos proteger a un niño de 12 años en un instituto, por ejemplo, en el que las edades pre y post adolescentes conviven en un mismo espacio?
-Esa convivencia no tiene por qué ser nociva, aunque al principio asuste un poco a los más jóvenes. Hay que ayudarles a gestionar las transiciones educativas porque todavía les quedarán muchas por delante. Hay que recordarles que la vulnerabilidad que sienten inicialmente puede dar pie, más adelante, a la sensación de haber conseguido sus objetivos. Por otro lado, es natural que los cambios les causen nerviosismo. Sus padres también pueden identificarse con ese sentimiento si, por ejemplo, cambian de trabajo. Compartir esas experiencias con los hijos también puede resultarles útil. Es un aprendizaje para toda la vida.

-¿Cómo podemos los padres despedirnos de ese ‘niño’ que difiere tanto del que tenemos ahora?, ¿cómo aprender a ajustar ese cariño y sobreprotección al adolescente que es ahora?
-Es cierto que, por mucho que los padres se vean preparados, a muchos todavía les coge por sorpresa la ‘pérdida’ del niño y la llegada del adolescente. El paso del tiempo es inexorable y puede haber una resistencia en los padres a aceptar este hecho, no solo con relación al crecimiento de sus hijos, sino a su propio envejecimiento.

-¿Que no debemos hacer jamás ante un pre-adolescente?
- Es importante aceptar los cambios que se perciben en ellos con seriedad y con humor, pero sin humillarles y sin esperar explicaciones al respecto, entendiendo que ellos tampoco saben donde les llevará la transformación que están viviendo. Es un momento de gran inseguridad, especialmente sobre su aspecto físico, que debe tratarse con sensibilidad.

-¿Y qué recomienda que no deberíamos dejar de hacer?
-Hablar y escuchar, es decir, conversar, algo que es realmente útil desde la infancia. Hablar mientras se conduce, hablar en la mesa, hablar mientras miran una película juntos. Hablando de nada y de todo se van conociendo sus actitudes, sus puntos de vista, lo que le gusta y lo que no, sus planes de futuro, sus preocupaciones. Respecto a los padres, cuanto más se conoce al hijo, menos sorpresas desagradables encontrará más adelante; y respecto a los hijos, el tener progenitores accesibles y dispuestos a escucharles, es la mayor ayuda que pueden tener. Aunque los padres no den siempre en el clavo, es importante para los hijos el saber que siempre están ahí, dispuestos a echarles una mano cuando siempre que lo necesitan.