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ENTREVISTA

«El mundo está lleno de razones para escribir»

Manuel ‘Alienígena’ MÚSICO, VOCALISTA Y COMPOSITOR

 

«El mundo está lleno de razones para escribir» - Chema Hernández

Es extremeño, aunque se empeñe en ser un alienígena; se llama Manuel aunque su nombre se pierda en las seis cuerdas de una guitarra que aglutina flamenco, rock, funky y latino, y como él diría, «Flamenco marciano». Asegura que está, como dice su último disco, «En peligro de extinción» aunque Manuel Martín González (Llerena, Badajoz, 1982) lejos de desaparecer, crezca y se afiance cada día, en cada concierto. Ya trabaja en su próximo álbum «un disco muy cortito en el que quiero cambiar sonidos, ritmos…, tanto en producción como en arreglos. Quiero que suene a retro, y a ese rock andaluz de Triana, Silvio…, sin perder nunca mis matices». El primer single saldrá antes de Navidad, y después continuará lanzando temas. «Creo que será un disco muy bonito y diferente, con colaboraciones potentes que apuestan por lo mío». Imprevisible, tímido y humilde, este ‘alienígena’ no para de escudriñar todo lo que le rodea para seguir creciendo como artista sin olvidar, eso sí, una raíz flamenca que no deja de crecer y alimentarse en ese Sur que le ha dado más alegrías que disgustos. Luego está el mercado, la Covid, la afluencia o no a conciertos…etcétera, pero él, impertérrito, sigue componiendo, sigue creando. Es lo que tiene creer en uno mismo. Es lo que tiene luchar sin marcarse metas ni objetivos. Es lo que tiene amar la música, y enfrentarse al terrenal mundo a los mandos de una guitarra que son vigía y timón. Como si fuera, de verdad, un alienígena. Pasen y lean.

--¿Cómo se siente en el planeta Tierra?
--A veces muy bien, cuando ves que existe gente que trata de mejorar la humanidad, gente que ama sin miedos y sin prejuicios, gente que planta un árbol, que escribe, dibuja, canta, baila y lucha día a día por tener y repartir felicidad. Pero a veces, también, un alienígena se siente desubicado en la tierra, entre una especie que no progresa en amor, que no profundiza y que lo único que entiende son cosas superficiales que no aportan nada a la humanidad, y que va en perjuicio de este maravilloso planeta.

--¿Por qué decidió ese nombre artístico?
--Es una larga historia. En los comienzos de mi carrera, cuando todavía no aspiraba a nada, fundé un grupo con otros amigos y compañeros, al que le pusimos por nombre artístico ‘Los Alienígenas’ por romper un poco con los cánones de los típicos nombres de grupos que hacen esta fusión. Con este grupo he recorrido todo el país, por él han pasado muchos amigos músicos a los que llevo siempre en mi corazón. La emoción y entrega por la música me hicieron llevar el timón de esa nave de Alienígenas a mil escenarios y durante muchos años, unos quince, si no calculo mal. Todos estos años a los mandos de esta formación, que no solo era un grupo si no una familia, me han convertido junto a mis compañeros en un ser amante del arte, de la música y de todas las cosas bonitas de la Tierra, lo que nos hizo seres de «otra especie». Llegamos a partir de un tiempo, a creer realmente, que teníamos otra filosofía de vida y empezamos a llevar con orgullo el estandarte ‘Alienígena’. Cuando aparcamos definitivamente la nave, cada uno elegimos rutas diferentes en el mundo de la música, yo en solitario, irremediablemente y con mucho amor, adopté el apellido y a día de hoy se me conoce como ‘Manuel Alienígena’ en muchos sitios, así que lo dejé estar a mi lado y espero sea de por vida.


--Muchos años en la música en la que ha trabajado de forma insistente, ¿qué es lo más difícil de esta carrera?
--Parece una profesión divertida y lo es, parece que todo es de color y lo es…, pero hay cosas que no se ven y son difíciles de llevar. Exponer tus ideas, tus letras, tu arte y en definitiva tu ser a un público, es como un arma de doble filo. Te puede hacer sentir el ser más dichoso, poderoso y afortunado, si todo sale bien, o por el contrario te puede romper en mil la autoestima si ese día sale torcido. Para mí, recuperarse de ese tipo de «accidentes», es lo más complicado, aunque gracias a la gente que cree en mí, que me quiere y me apoya, suelo salir a flote antes de lo esperado en la mayoría de los casos. También hay que saber aterrizar después de esos días gloriosos en los que te crees el rey del mundo por unas horas, volver a la realidad y entender que el camino es largo y hay que seguir paso a paso.

--‘Peligro de extinción’, ¿tan mal presiente el futuro del mundo de la música?
--’Peligro de extinción’ es el nombre de mi último disco. Hace referencia a la humanidad en general, a lo poco o nada que cuidamos el planeta, a lo difícil que se lo ponemos al amor y a cualquier tipo de relación. Estamos en una era en la que por muchos motivos la humanidad y el planeta Tierra corren peligro, ‘Peligro de extinción’. Cada vez es más difícil ser uno mismo en tus propias creaciones. Cada vez hay que amoldarse más a los nuevos estilos que vienen invadiendo las mentes y corazones de la mayoría de los más jóvenes. Se pierde pureza y autenticidad y por lo tanto se hace complicado educar a través de la música. Pierde la música y con ella perdemos todos.

--Letras y música, todas, compuestas por usted. ¿Tanta vivencia lleva a sus espaldas como para poder firmar un trabajo de diez canciones?
--Diez canciones son pocas, podría hacer un disco con mil temas, ya no por mis vivencias, que las tengo, si no por todo lo maravilloso que hay en la vida y todo lo triste también. El mundo está lleno de razones para escribir, solo es cuestión de apreciación, de saber sentir, y transmitir a través de un papel.

--‘Que me lleve la corriente’, ‘Leche y miel’ o ‘Sólo te pido’, ¿consiguió con este trabajo lo que esperaba?
--No le pido a la vida gran cosa: vivir en paz, hacer lo que me gusta y poder contarle a la gente lo que hay dentro de mí. En cuanto a ventas puedo estar contento, la respuesta del público y los medios ha sido buena. Quería que fuera un álbum muy mío, muy yo, y creo que lo he conseguido, me representa en cada una de las frases y cada nota sale del alma, es solo el comienzo de lo que espero una larga carrera. Está hecho con mucho mimo y con compañeros que han aportado lo mejor de cada uno, me siento muy orgulloso del resultado.

--‘El cielo puede esperar’ es el título de otra de sus canciones, ¿la música también?
--Este título es el único de este álbum que no es de mi autoría, es de un maestro, para mí un artista referente: Pepín Tre. Yo solamente le hago una adaptación a la rumba incluyendo mis arreglos y mi estilo, el resto de canciones sí lo son, tanto en música, como en letra y producción.

--¿Cuáles son sus sueños?
--Estaría todo el día contándole mis sueños, gracias a Dios sueño todo el tiempo. Sueño con un mundo sin guerras, sin enfermedad y sin hambre, lleno de paz, lleno de gente que sueñe. Sueño con que el mundo vuelva a su ser el de antes de esta covid-19, sueño con hacer muchos discos, con hacer muchos conciertos y poder seguir aportando al mundo mi granito de arena. Y con muchas cosas más que creo que todo el mundo sueña.

--Vive en Llerena, Badajoz. Ahora, que está de plena actualidad cuestionarse el volver o no a los medios rurales, cuéntenos, ¿se puede llegar a donde uno quiera desde una ciudad pequeña?
--¡Claro que es posible! y más desde una ciudad tan pequeña, pero a la vez, tan grande como la mía de donde tantos artistas han salido, y de donde nace una historia y una cultura inmensa. Llerena me ha aportado mucho, su gente y sus calles. Lo que no me da a nivel de medios y masas, me lo da en forma de inspiración. Yo sin mi Llerena no sería yo. Viajo mucho y me veo obligado a vivir en diferentes ciudades a lo largo de un año, cosa que me encanta pero trato de volver siempre lo antes posible.

--¿Qué le ha aportado la música a su crecimiento personal?
--La música me lo ha dado todo, cada viaje, cada persona que he conocido, cada canción que he compuesto, son para mí los tesoros de mi vida y todo se lo debo a la música.