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Empatía periodística

La reportera Fiona Barton vuelve tras ‘La viuda’ con ‘La madre’, donde investiga el robo de un bebé y los abusos a menores y mujeres

 

Fiona Barton, en una reciente visita a España. - JOSÉ LUIS ROCA

10/04/2019

Periodista de raza durante años y ahora escritora a tiempo completo, a la británica Fiona Barton (Cambridge, 1957) se le quedó grabada la imagen de un bebé enterrado envuelto en una bolsa de plástico. «Era una noticia que recorté del periódico y guardé en el bolso –como hace su protagonista y álter ego, Kate Waters–. Quería saber quién lo mató, cuán desesperado hay que estar para hacerlo. Ese caso se resolvió pronto, fue la madre, y hallaron otros pequeños cuerpos. El asesinato de un niño es un crimen imperdonable, no hay excusa ni perdón para el culpable. Los niños son lo más precioso que hay. Y nos hacen vulnerables. Cuando era una madre joven me preocupaba que a mis hijos les pasara algo. Hoy están en la treintena y me preocupo igual».

Tras su celebrada La viuda, Barton presenta en Madrid La madre (Planeta / Columna), que ya publica en 30 países. En ella, un bebé robado de un hospital en los 70 aparece en el 2012 en unas obras, pero la policía concluye que fue enterrado en los 80. Como periodista de sucesos habló con muchas mujeres que por una razón u otra habían perdido a sus hijos, y su reportera, Kate, hereda sus «trucos». «Necesitas sentir empatía con los entrevistados para luego escribir sobre ello. Intentas que se sientan relajados y tranquilos para que confíen en ti y se abran». Pero Kate toma algunas decisiones que ella nunca habría tomado, admite, ante el peligro de traicionar su confianza. Y pone un ejemplo: «Cubrí la historia de una pareja que había pasado bastante tiempo secuestrada en Chechenia. En una pausa, ante un café, ella me contó que la habían violado. No se lo había dicho a nadie más. Habría sido muy fácil para mí publicarlo pero sabía que eso podía arruinarle la vida. Le aconsejé que hablara con su marido, que no lo escribiría sin su permiso. Me lo dieron. Debemos ser responsables para no destruir vidas».

Barton cubrió la desaparición de la pequeña Madeleine McCann. En La madre la periodista necesita de esa empatía para hablar con los padres del bebé robado. «Una desaparición es como una pena de muerte, no hay fecha límite para el fin del dolor. A los padres les dicen que deben continuar con sus vidas, pero ¿cómo llevar una vida normal cuando tu hijo ha desaparecido y no sabes cómo?».

La novela habla de abuso sexual. «El silencio alrededor del acoso se ha roto. Antes las mujeres no nos habíamos dado cuenta de cuán común era, por ello es bueno que se haya arrojado luz sobre el abuso. Pero no ayuda que tengamos políticos y presidentes como Trump que dice que le gusta coger a las mujeres por el coño».

Los secretos impregnan la trama. «He conocido a personas capaces de matar para proteger sus secretos. La mayoría de la gente no, pero sí está dispuesta a mentir para ocultarlos. Todo el mundo miente en Facebook. En la red somos más felices, más delgados, más guapos... Hoy es más fácil esconder la verdad y mostrarnos como queremos. Parece que nadie esté satisfecho con quién es ni con su aspecto. En internet somos constantemente juzgados por extraños que nos exigen ser perfectos. Y nadie lo es».

A través de Kate traza una certera radiografía de la profesión hoy. «Se plantean problemas como el periodismo digital sin el rigor de los contenidos del papel, la necesidad de verificar las noticias, las fake news, las siniestras plataformas que propagan noticias falsas..., por ello el periodismo es más importante que nunca». A Kate le asignan un becario mientras despiden a un colega de su edad. «Hoy los periódicos contratan a jóvenes sin formación suficiente que manejan bien lo digital pero que ni verifican los hechos ni saben escribir. Debe haber un relevo generacional pero también veteranos para formarlos», concluye Barton.