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LA TERCERA NOVELA DEL AUTOR DE 'LA CATEDRAL DEL MAR'

Falcones vuelve flamenco

'La reina descalza' viaja a los orígenes del cante y la persecución de los gitanos en 1749

 

ERNEST ALOS
27/02/2013

Ildefonso Falcones ha regresado, justo a tiempo para Sant Jordi, con su tercera novela tras La catedral del mar y La mano de Fátima . Esta vez, La reina descalza (Plaza & Janés) cambia la Barcelona medieval y la Andalucía morisca por las Sevilla y Madrid de mediados del siglo XVIII. Y al igual que su anterior novela, el protagonismo lo tienen dos comunidades perseguidas. Esta vez, como cantaba Gato Pérez, gitanitos y morenos, los gitanos víctimas de la gran redada dictada por el marqués de la Ensenada en 1749 y los negros africanos esclavizados para trabajar en las plantaciones cubanas, el cruce de los cuales generará, en gran parte, el germen del flamenco.

"Son episodios luctuosos, más que heroicos, y poco conocidos", aduce el autor. Aunque si "la persecución del pueblo morisco fue el tema central de La mano de Fátima ", explica, esta vez se topó con los hechos históricos de refilón cuando reconvirtió su proyecto inicial, una novela sobre la esclavitud en los ingenios azucareros cubanos del siglo XIX.

Falcones presentó ayer su libro, que llegó a las librerías el pasado jueves ("para mí es un orgullo, quería que fuese así, no puedo entender que haya escritores que tengan reticencias; de hecho, La catedral del mar ha dado a conocer Cataluña a millones de lectores del mundo") y ya se ha situado en lo más alto de las listas de los más vendidos. "Confío en tener un Sant Jordi feria del libro agradable", dice.

Presentó el libro con un paseo por el Madrid en el que sucede la segunda mitad de la novela ("una cazuela en ebullición"), una vez dos protagonistas, Milagros y Caridad, una bailarina gitana y una esclava liberada, abandonan el barrio de Triana y superan desventuras y aventuras por los caminos de Andalucía. Las dos mujeres personifican dos de las fuentes principales del flamenco, y de hecho acaban triunfando en el madrileño teatro de Santa Cruz cuando juntan sus voces, interpretando las primeras expresiones de los cantes protoflamencos.

Pero la música es solo una parte de una trama con contrabandistas de tabaco, picaresca en las calles de la corte y una larguísima serie de venganzas entre familias gitanas. Muchas venganzas, inacabables, entre otras cosas, porque la novela es larga. Más de 740 páginas. "La novela histórica ha de serlo. Al lector de novela histórica le gusta que desarrolles el tema y pueda meterse en el ambiente. Pero en La mano me pasé, eran 900, la medida ideal son unas 700". Lo que no tiene que hacer la novela histórica, sostiene Falcones, es intentar remedar un lenguaje de época. En esta novela, por ejemplo, solo ha introducido un puñado de expresiones calós o de jerga. "Me es francamente molesto leer una novela histórica en que las conversaciones pretenden ser del XV, el XVII o el XVIII, porque además no lo consiguen. El lector entiende que estamos hablando de ese tiempo en lenguaje actual".

Aunque para Falcones no sea el eje de la novela, el trasfondo histórico, además del contrabando eclesial del tabaco o la actividad musical de los teatros de Madrid, no deja de ser la persecución que buscó erradicar a los gitanos de España encarcelando por separado y de por vida a hombres y mujeres para evitar que se reprodujeran, una actuación que no duda en calificar de "genocida" porque buscaba "el exterminio de una raza". "Fue un fracaso porque solo consiguieron encarcelar a los gitanos buenos, asimilados, controlados, no a los gitanos trashumantes, los gitanos de verdad", opina. El escritor se aplica a discurrir sobre la esencia de "la raza gitana". Una expresión que no tiene escrúpulos en utilizar "porque ellos se consideran así". "Es una comunidad muy complicada, muy etnocéntrica, con sus defectos y sus virtudes. Se consideran diferentes, y mejores porque han nacido gitanos, y consideran que todo lo que Dios ha puesto en el mundo es para beneficio de todo el mundo; que hoy en día esto se pueda considerar políticamente incorrecto, què li farem, no me preocupa", opina Falcones, que tiende a reflejar el mito romántico del gitano errante. "Cuanto más los apretaban, más ansias de libertad tenían. No se sometieron nunca", sostiene.

HILAR FINO Donde Falcones sí ha tenido que hilar fino (largas discusiones con su editora) fue al reflejar la personalidad de Caridad, una esclava de primera generación acostumbrada a servir y a aceptar como normales las órdenes y los abusos sexuales del amo. El sexo, por cierto, tiene un papel en sus dos últimos libros y no, bromea, por influencia del fenómeno Grey. "En mis tres novelas está presente el sexo, es como el dinero, o como la venganza, es una pasión humana que hay que desarrollar como viene, no me gusta que se esconda el sexo como si fuera pecado, hay que ser natural, tirar para adelante y sexo a tope".