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ÓBITO

Fallece Javier Aguirre, el cineasta de extremos

El prolífico director, que tenía 84 años, alternó cine comercial y cine experimental

 

El director Javier Aguirre. -

EL PERIÓDICO MADRID
05/12/2019

Cineasta audaz y sin prejuicios, Javier Aguirre, fallecido ayer a los 84 años, es uno de los nombres clave del cine español de la Transición, un director que combinó el gran éxito comercial en todo tipo de géneros con la experimentación y la creación de lo que él mismo denominó «anticine». Asimismo fue un director básico del cine pop estatal, con títulos como Los chicos con las chicas (1967) y Una vez al año ser hippy no hace daño (1969).

Vida perra (1982), un monólogo en el que su mujer, la actriz Esperanza Roy, encarnaba a una mujer de provincias plantando cara a sus fantasmas, es el ejemplo más aplaudido de esa senda experimental, alabada por escritores como Salvador Espriu, que la consideró «una soberbia lección de cine», Francisco Ayala o Jorge Guillén. Pero Aguirre también logró sonoros éxitos de taquilla como la saga del grupo Parchís y comedias como Soltera y madre en la vida, Ni te cases ni te embarques o La guerra de los niños.

Nacido el 13 de junio de 1935 en San Sebastián, en el seno de una familia burguesa –su padre era industrial–, Aguirre se negó a seguir los estudios que su familia le marcó –una carrera técnica-–y con solo 15 años empezó a colaborar con revistas de cine como Radiocinema, Imágenes, Arcinema y otras.

A los 19 años realizó su primer corto amateur y en 1955 fundó y dirigió el Cine Club de San Sebastián. Llegó a conseguir hasta 20 premios nacionales e internacionales entre los que destacan una medalla de bronce en Venecia, una Espiga de Oro en Valladolid o una medalla de Plata del Consejo de Europa.

En 1964 dirigió su primer largometraje: España insólita, un documental declarado de Interés Especial, con las voces de Francisco Rabal y Fernando Rey, y seguidamente su primera película abiertamente comercial, la infantil Los oficios de Cándido.

El éxito logrado con Los chicos con las chicas (1967), vehículo cinematográfico para los Bravos a la manera de Que noche la de aquel día para los Beatles, le llevó a colaborar con algunos de los productores más importantes del momento. Abundó en esa vena pop con Una vez al año ser hippy no hace daño (1969), película en la que el trasnochado grupo Flor de Lis y los Dos del Orinoco se transforma en Los Hippy-Loyas para probar suerte en el modernísimo Torremolinos de la época

Con José Luis Dibildos mantuvo una larga relación de la que salieron títulos como Los que tocan el piano (1968) hasta Rocky Carambola, protagonizada por Torrebruno (1979); y con Pedro Masó, El astronauta (1970), con Tony Leblanc y José Luis López Vázquez, o De profesión sus labores (1970).

Pero Aguirre nunca abandonó la experimentación y la vocación intelectual. El «anticine» lo inaugura en 1967 con obras como Fluctuaciones entrópicas, Pluralidades 6, Espactro 7, Uts Cero, Innerzeitigkeit, Objetivo 40, Tautólogos plus X (1973) y Underwelles (1973). Otros ejemplos son sus adaptaciones de obras literarias, como Continuum (1994), una película en un solo plano-secuencia.