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La cuenta atrás de los premios del cine español

La hazaña de la ópera prima

Los candidatos al Goya a mejor dirección novel coinciden en que levantar sus proyectos ha sido un «acto de resistencia» y un triunfo

 

José Esteban Alenda, Celia Rico, César Esteban Alenda, Arantxa Echevarría y Andrea Jaurrieta. - DAVID CASTRO

BEATRIZ MARTÍNEZ
30/01/2019

Levantar una película sigue siendo un proceso lento y complicado, pero todavía lo es mucho más si se trata de un debut tras la cámara. Por eso, la mayoría de los nuevos directores han tenido que atravesar larguísimos e interminables procesos para sacar adelante sus óperas primas y conseguir que confiaran en ellos dentro de una industria a la que todavía le cuesta mucho trabajo apostar por las nuevas miradas.

Como dice Celia Rico, «hacer una película es un acto de resistencia». Ella es una de las cinco candidatas al Goya a la mejor dirección novel de este año gracias a la estupenda Viaje al cuarto de una madre. Junto a ella, Arantxa Echevarría con Carmen y Lola, Andrea Jaurrieta con Ana de día y César y José Esteban Alenda, los únicos integrantes masculinos de este quinteto, con Sin fin. Cinco títulos que muestran la diversidad del cine español en cuanto a temática y estilo, que nos llevan del drama intimista materno-filial a la ciencia ficción romántica pasando por la reivindicación social o la búsqueda de la identidad femenina. Y cinco títulos arriesgados cada uno dentro de su estilo, que demuestran la importancia de las voces auténticas que todavía no han sido contaminadas por la industria.

La mayoría de estos jóvenes talentos (aunque en realidad sus edades basculen entre los 33 años de Jaurrieta y los 51 de Echevarría) llevan años formándose y perteneciendo al ámbito del cortometraje. Son hijos de la generación low cost. Cuando empezaron, la crisis económica ya se había asentado y tuvieron que aceptar desde el principio las nuevas reglas del juego. Aquellas óperas primas de los años 90 con las que se criaron pertenecen al pasado. Ahora el lema tiene más que ver con esa frase que aparece en La llamada de Los Javis: «Lo hacemos, y ya vemos». Por eso, la mayor parte de los autores mencionados han tenido que terminar autoproduciendo sus trabajos.

Celia Rico, la más afortunada, tardó cuatro años en dar forma a Viaje al cuarto de una madre y consiguió que la productora Arcadia se hiciera cargo del proyecto. La más sufridora, Andrea Jaurrieta, desafió todos los obstáculos que se le fueron poniendo por el camino para que su Ana de día se convirtiera en una realidad. Pasó de tener productor a no encontrar financiación y así hasta que ella misma tuvo que hipotecarse para pedir un crédito y recurrir al crowfunding. «Entrar en el circuito es complicadísimo», cuenta Jaurrieta. «Es normal que mucha gente abandone por el camino o se quede rezagada. Vas cumpliendo años y ves que sigues dándote golpes contra la misma pared y no consigues tus objetivos, eso es muy frustrante». Andrea ha tenido que trabajar de profesora, de chófer, de monitora de esquí, de camarera y de cualquier otra cosa que le permitiera mantenerse económicamente al mismo tiempo que le podía dedicar un espacio a la película. «La pasión te lleva a hacer lo que sea para seguir adelante. Renuncias a muchas cosas, y no siempre vas a encontrar comprensión a tu alrededor».

Los hermanos Alenda han estado nominados al Goya al mejor cortometraje varias veces, por El orden de las cosas (2010) y Matar a un niño (2012), y no por eso han encontrado el camino más allanado. «Lo que hemos aprendido la gente de nuestra generación, es que no sirve de nada que llames a la puerta de los productores tradicionales, porque no se van a leer tu proyecto. En general, hay una aversión al riesgo, y es difícil encontrar a alguien que se atreva a hacer algo diferente, que se salga de las convenciones», cuenta José Esteban Alenda en un encuentro organizado por la Academia de Cine. «Hay que ser un poco estrategas», continúa Celia Rico. «No nos engañemos, el mundo de la cultura siempre ha pertenecido a la clase burguesa. Hacer cine es muy caro, así que si no tienes dinero y quieres hacer una película tienes que tener un plan A y un plan B». En su caso comenzó haciendo excels como coordinadora de producción.

Arantxa Echevarría piensa que, gracias a la democratización de la imagen, todo el mundo puede coger una cámara y hacer cosas. «El cine es un lenguaje, y como tal, hay que practicar mucho para aprender todos sus recursos y posibilidades». Pero al final, como dice Jaurrieta, puedes lanzarte a la aventura, pero ¿a costa de qué?, «¿Quién es el primero que va a apostar por ti?, porque entrar en el circuito es complicadísimo. Las ayudas, tal y como están planteadas, van en contra del cine pequeño. Si todo lo que te rodea es adverso, al final solo te queda apostar por ti mismo».

Para los seis haber llegado hasta aquí, ya es un triunfo, aunque saben que la próxima batalla puede ser igual de cruenta. Como dice Arantxa Echevarría, son «vencedores del tedio».