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La cultura que nos viene

El hijo del borracho

 

Beethoven, al que la OEx, la Oscam y el Bonifacio Gil dedican sus conciertos de este fin de semana. - EL PERIÓDICO

Olga Ayuso Olga Ayuso
22/03/2019

Su hermano le mandó los cuartetos, su copista los transcribía. Lo descubro en una carta que le mandó a Josephine von Brunswick, quizá la mujer más importante de su vida. Su copista, me digo. Qué poco sé de las costumbres de los compositores vieneses del siglo XIX, me digo. «El amor lo pide todo y completamente y con razón», le escribió. «Si estuvieran nuestros corazones siempre juntos y unidos, yo, por supuesto, no tendría nada que decir». Tenía 42 años, dicen los historiadores.

Hay algo impúdico en leer las cartas de alguien que nunca quiso que tú las tuvieras. Murió hace dos siglos: ya no está, ya no es, no le importa, pero sigue siendo impúdico. Sabemos mucho de su vida. Sabemos que su hermano mayor tuvo su mismo nombre, Ludwig. Sabemos que así se llamaba su abuelo, que era también compositor y que se opuso al matrimonio de su hijo con la hija de un cocinero porque no eran de la misma clase social; que el hijo se casó igual con esa muchacha, que ya era viuda (hubiera podido existir un niño pobre con talento, pienso: un niño pobre y desconocido, un niño muerto pobre porque el talento no lo es todo, porque sin las condiciones sociales propicias, no eres nadie ni tendrás memoria ni se guardarán tus cartas ni habrá historiadores y musicólogos entre tus partituras, ni se reconstruirán tus andanzas de amor).

El padre se llamaba Johann. Johann van Beethoven. Por lo visto era un borracho malnacido que quería que su hijo fuera mejor que él, pero que, para conseguirlo, le pegaba y le insultaba. Hay un blog de un psicólogo que habla de la capacidad de adaptación del niño. Yo, a eso, más bien, lo llamo supervivencia. Supervivencia y cabreo cuando tienes que ir a por tu padre a la taberna porque está como una cuba y encontrar un refugio.

El refugio fue componer más de 300 obras. Dos centurias después, el Conservatorio Superior Bonifacio Gil, de Badajoz, crea ‘Proyecto Beethoven’ para que podamos hacer una maratón de música lo mismo que hacemos maratones de cine en los festivales: las nueve sinfonías de ese niño maltratado (que consiguió ser un gran músico a pesar de su padre) en un mismo fin de semana y que pasa siempre por un tipo huraño hasta que uno lee el Testamento de Heiligenstadt: «¡Oh, hombres que me juzgáis malevolente, testarudo o misántropo! ¡Cuán equivocados estáis! Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero reflexionad que hace ya seis años en los que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación».

Perdía irremediablemente el oído y le daba vergüenza decirle a la gente que le hablara más alto.

A mí me da mucha pena este hombre. Me lo imagino en la cama, dormido, con el padre como una cuba en el salón, ebrio perdido, yendo a la cama a despertarle para que tocara el piano, dándole palizas cuando se equivocaba, yendo mal en la escuela porque luego tenía sueño, todo el día estudiando para que luego el padre mintiera con su edad porque quería que se pareciera a Mozart; con su madre tuberculosa; sus hermanos muertos prematuramente y su sordera gradual y vergonzante y me produce ternura, porque todo el mundo ve al genio arriesgado, a caballo entre dos épocas, y la Quinta y la Séptima y el Himno a la Alegría y el Para Elisa y el Claro de Luna y la Patética y yo veo a un tío que quiere escapar de casa y que menos mal que conoció a Christian Gottlob Neefe y él sí le valoró y le trató bien.

Qué importante es que te traten bien.

«Si alguna vez me convierto en un gran hombre, a ti te corresponderá una parte del honor», eso le escribió Beethoven, diez años después de que Neefe le acogiera bajo su tutela.

Luego tuvo amigos. Y le amaron también y le salvaron, aunque nunca pudiera ser.

A veces no puede ser aunque ames y te amen.

No sé si los genios saben que su obra pervivirá. Pero dos siglos después, uno escucha las sinfonías y las sonatas y piensa: qué bien que esto me pueda salvar también a mí.

--Orquesta Joven de Extremadura: Sinfonías 6ª y 5ª. Sábado, 23 de marzo. 12:00 h. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Orquesta de Extremadura. Sinfonía 3ª. Sábado, 23 de marzo. 17:00 h. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Orquesta del Conservatorio Superior Bonifacio Gil de Badajoz. Sinfonías 2ª y 8ª. Sábado, 23 de marzo. 20:00 h. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Orquesta Sem Fronteiras. Sinfonías 1ª y 4ª. Domingo, 24. 12.00 horas. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Oscam. Sinfonía 7ª. Domingo, 24 de marzo. 17.00 horas. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Orquesta de Extremadura y Coro de Cámara de Extremadura con los solistas Max Souza Jota de Queiroz, Francesca Di Sauro, Fabio Barrutia y Sara Garvín. Sinfonía 9ª. Domingo, 24. 20.0. Palacio de Congresos de Badajoz.

--Bonus track: Sonatas de Beethoven con el pianista Ángel Sanzo y alumnos del Bonifacio Gil. Sábado y domingo, 23 y 24, a las 18.00 en el Palacio de Congresos de Badajoz. Sala 3.

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