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crisis en una entidad

Juego de tronos en la SGAE

La presidenta Pilar Jurado intenta proyecta una imagen de unidad, progreso y control mientras la entidad vive instalada en un polvorín de pactos, traiciones y filtraciones

 

Pilar Jurado, presidenta de la SGAE, este viernes. - EFE / JAVIER LIZÓN

NANDO CRUZ
22/03/2019

No hay día en que no aparezca alguna filtración que retrate a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) como un laberíntico polvorín de intereses, estrategias, alianzas frágiles y puñaladas. Tal vez por ello, este viernes la presidenta organizó un encuentro con los medios donde la información saldría directamente de su boca. Pero ni siquiera el día de su primera rueda de prensa Pilar Jurado ha podido ser la única emisora de información sobre la SGAE. Horas antes de asegurar que la entiadd no está muerta, que las cosas están cambiando y que la mayoría de los problemas están resueltos, saltaba la enésima filtración: el hombre que estaba sentado a su lado, Miguel Ángel Recio, acababa de firmar un contrato como director general con un sueldo de 180.000 euros anuales y una cláusula de rescisión de 360.000 en caso de ser despedido antes de dos años.

La comparecencia de Jurado ha sido, en la práctica, la lectura en voz alta de la nota de prensa que emitió la SGAE el pasado 12 de marzo. Aquel día ya se informó por escrito de las decisiones que había tomado la junta directiva: la aprobación del voto electrónico, la inminente reelaboración de los estatutos y la creación de un grupo de trabajo que negociará el reparto de ingresos de los semestres no aprobados. Nada nuevo, pues. De hecho, el primer problema es que el apercibimiento ministerial de junio del 2018 amenazaba de intervención si no se habilitaba el voto electrónico en las siguientes elecciones y no se hizo, de modo que aún existe el incumplimiento ya que no se han celebrado ni se han convocado otras elecciones. El segundo es que los estatutos ya se rehicieron, pero la asamblea de socios los tumbó y puede volver a tumbarlos. Y el tercero es que mientras Jurado afirma que convocará a las editoriales multinacionales para ese grupo de trabajo, fuentes de este gremio aseguran que nadie les ha contactado y que no piensan sentarse a negociar nada con esta junta.

AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA

Bastante más sincera ha sonado la presidenta al reconocer lo difícil que es trabajar en este coladero de filtraciones que es la SGAE. Jurado ha llegado a pedir responsabilidad a los medios por las informaciones que están publicando, pero ha matizado de inmediato: "Entiendo que el problema no es el mensajero, sino los que lanzan el mensaje". Y es que en los últimos meses se ha filtrado de todo: documentos internos, votaciones de la junta en el mismo minuto en que se producían, wasaps y hasta grabaciones como aquella en la que se oía a José Ángel Hevia pedir el voto para Jurado por ser un candidato "lo suficientemente estúpido como para que no sea demasiado peligroso".La penúltima filtración apuntaba a que la cúpula técnica fue descabezada para frenar la comisión deontológica que amenaza a 14 directivos por conflictos de intereses; todos alineados con las editoriales televisivas. Pero otras hablan de un enfrentamiento personal entre Jurado y el ya exsecretario general Carlos López. Jurado lo cesó sin tener sustituto. Así de expeditiva es. La plaza sigue vacante. También ha caído el director general, Gerardo Rodríguez, pero este no tenía la misma cláusula de rescisión de la que hoy goza su sucesor. Ah, y decida lo que decida la comisión deontológica, tendrá que aprobarlo la junta directiva. Allí votarán esos 14 directivos señalados por el dictamen. Lo lógico es que voten contra el dictamen que les acusa. Y si sacan mayoría, tema cerrado.

Mientras tanto, en la madrugada del viernes y para no perder la costumbre, en La Sexta y Antena 3 han programado dos actuaciones de Juan Ramón Arnáiz, directivo de la junta directiva, y de Rosario, cuya editorial, Charton SL, también ocupa butaca en la junta. El bajista del grupo de Rosario era Fernando Illán, otro directivo de la junta directiva. Y en la batería estaba Diego Illán, hijo del bajista y que, pese a no ser precisamente un superventas, ha acumulado en estas madrugadas tantos votos como Alejandro Sanz y Joan Manuel Serrat.

LA QUE SE AVECINA

El futuro de la actual junta directiva pende de dos resoluciones. La primera es la decisión del juez a las alegaciones que presentó la SGAE ante la petición de intervención del ministerio. La entidad las presentó con la esperanza de retrasar la decisión del juez y de que, a las puertas de las elecciones, el Gobierno no se atreva a intervenir. Hace dos semanas que el juez tiene en su mesa las alegaciones y aún no se ha pronunciado. El tiempo corre a favor de la SGAE.

Pero hay un segundo escollo en el horizonte: la asamblea semestral. Aquí las decisiones no se cocinan a puerta cerrada. Todos los socios tienen derecho a voto y, además, posibilidad de usar el voto electrónico. Es lo más parecido a la democracia que tiene la SGAE, como bien sabe el antepenúltimo presidente, José Miguel Fernández Sastrón, que tras ver cómo la de junio de 2018 rechazó su gestión y sus cuentas, tuvo que convocar las elecciones que ganó Hevia.

Pase lo que pase en estos tres meses, muchos afilan ya sus estrategias con la mirada puesta en la asamblea de junio y una posible convocatoria de elecciones. De ahí que el nuevo director general haya pactado ese contrato de rescisión. De ahí que el ritmo de filtraciones sea cada día más frenético. De ahí que la presidenta quiera presentar una imagen de unidad, progreso y control. Y de ahí que Sastrón lleve semanas en modo precampaña, publicando artículos que rebaten todos los movimientos de Jurado. La SGAE vive sumida en una convulsa etapa de transición de la que nadie sabe avistar el final.