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EXPOSICIÓN DEL EXTREMEÑO EN EL INSTITUTO CERVANTES DE LA CAPITAL PORTUGUESA

Lisboa evoca la figura del español Felipe Trigo, el escritor incómodo

 

El escritor Felipe Trigo. - EL PERIÓDICO

Mar Marín
12/03/2019

Carismático, polémico y el escritor español más prolífico de su época, el legado de Felipe Trigo llega hoy al instituto Cervantes de Lisboa de la mano de una exposición que profundiza en la agitada vida y en la obra del autor de "Jarrapellejos".

Nacido en Villanueva de la Serena (Badajoz) en 1864, Trigo se ajustó al modelo de hombre del Renacimiento: Fue médico rural, soldado, héroe militar, escritor y fotógrafo. Pero, sobre todo, fue un amante de la modernidad.

Socialista, erotómano y creador compulsivo, llegó a ser el escritor más vendido de su tiempo, un cruce de siglos que le permitió conocer a los intelectuales del 98 y a las vanguardias que luego integrarían la generación del 27.

Tras una vida digna de una de sus novelas, la neurastenia que él mismo se diagnosticó le llevó a pegarse un tiro en su residencia madrileña en 1916.

Su popularidad no se apagó con su muerte, pero la dictadura franquista le sumió en la oscuridad y solo durante la transición se reivindicó su figura y se recuperó su obra, que llegó incluso al cine, con la adaptación de "Jarrapellejos" que realizó Antonio Giménez-Rico, una demoledora crítica a la sociedad rural.

"Es un escritor muy actual. Sus temas son hoy muy importantes para nosotros, desde la liberación de la mujer a la crítica del sistema social", explica a Efe Luis Sáez Delgado, comisario de la exposición que se exhibe desde hoy en el Cervantes de Lisboa.

Trigo, médico rural en la provincia de Badajoz, fue voluntario a Filipinas y volvió como héroe de guerra tras sobrevivir al asedio del Fuerte Victoria en Mindanao con lesiones que le acompañarían de por vida.

A su regreso a España, se volcó en la literatura y alcanzó un éxito arrollador pese a que sus temas eran considerados polémicos y transgresores.

"Trigo refleja muy bien el mudo en el que vive, tanto el mundo rural ("El médico rural"), como la sociedad burguesa ("Sor demonio") o el impulso español de la industrialización ("La clave")", apunta Sáez Delgado.

El erotismo, otra de las constantes de su obra, marca a sus heroínas, "descritas de forma muy objetualizada, con una concepción lírica, pese a la descripciones explícitas y a los personajes femeninos que deciden vivir su sexualidad en libertad", una mirada "escandalosa" para la sociedad del momento, continúa el experto.

Tampoco su vida personal pasaba desapercibida. Se forjó fama como médico y como militar y cuando empezó a escribir él mismo se dirigía a los diarios elogiando sus obras, se movía entre las editoriales e incluso repartía tarjetas de presentación que a veces eran fotografías en las que posaba ante monumentos emblemáticos en distintas capitales del mundo.

Pionero en las "selfis", sus autorretratos dan una idea de la decadencia en la que le sumió su neurastenia.

Sus personajes reflejan también la evolución de su propia enfermedad mental, que le provocaba episodios de euforia los cuales desembocaban en una depresión profunda, y que "hacen que su literatura sea cada vez más oscura".

"Desde un primer momento de reivindicación social, pasa a personajes que a veces son derrotados y enfrentados de una forma tremenda al mundo", comenta Sáez Delgado.

Su fama traspasó fronteras y llegó a Latinoamérica y al vecino Portugal, donde frecuentó a los intelectuales de la época.

De sus impresiones queda la crónica "Recuerdos de Portugal" y la traducción al español de "El barón de Lavos", de Abel Botelho, la primera novela que aborda el tema de la homosexualidad en las letras lusas.

Sus experiencias en Lisboa forman parte de la muestra que se exhibirá desde hoy en el Cervantes y que integra también libros gigantes que invitan al visitante a sumergirse en la obra de Trigo junto a retratos de personajes que marcaron su vida.

En quince años, escribió cerca de 20 novelas, dos volúmenes de novelas cortas, cuentos, ensayos y decenas de artículos."Yo hablo en nombre de la vida", presumía Trigo.

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