+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

«Los escritores somos los hijos de un fuego invisible»

 

Juan Gómez-Jurado, la pasada semana en Zaragoza. - NURIA SOLER

RAQUEL GARCÍA epextremadura@elperiodico.com ZARAGOZA
19/11/2019

Tras vender más de 250.000 ejemplares con Reina Roja, Juan Gómez-Jurado lanza Loba Negra. El thriller narra la continuidad de las aventuras de Antonia Scott, que resolverá un nuevo crimen junto con su compañero Jon Gutiérrez.

–¿Cómo definiría el fenómeno de Reina Roja?

–No soy tan capaz de definirlo, es verdad que ha sido un éxito muy rápido y descomunal. Y el libro sigue en la lista de los más vendidos después de Loba Negra y Pérez-Reverte, lo que es incomprensible. Lo vivo con una situación de perplejidad. Ha habido una conexión con el público, pero no puedo decir que el mérito sea mío, es la gente que ha decidido conectar con estos personajes.

–¿No se lo esperaba?

–Habría que estar loco para esperarse esto. Yo soy un escritor profesional, escribo para entretener a la gente, para provocar emociones, para que se diviertan y se lo pasen bien. Al final lo que quieres es contar historias y con la trayectoria de mi carrera cada libro va vendiendo un poco más o un poco menos que el anterior. Pero claro, Cicatriz vendió 180.000 ejemplares y esto lo ves con perplejidad, como si le estuviera pasando a otro.

–Después de la acogida de Reina Roja, sintió más presión a la hora de escribir Loba Negra?

–Tuve la suerte de que ya tenía casi terminado Loba Negra cuando se publicó Reina Roja, y no lo he notado tanto. Pero si es verdad que existe una responsabilidad porque estos personajes, tanto el de Antonia Scott como el de Jon Gutiérrez, ya no son solo míos, le pertenecen a muchísima gente. Es complejo, porque es entregar un trozo de ti que ahora tienen los demás. De todas formas la única presión que siento es hacia mí mismo, hacia ser capaz de contar una buena historia. Además, creo que la humildad del escritor se manifiesta cuando pone la historia por delante. Al fin y al cabo los escritores somos herederos de un fuego invisible que tenemos que alimentar. Igual que yo cuando era niño leía a Pérez-Reverte y eso me alimentó como escritor, ahora yo echo mis ramitas a la fogata y cuando se extingan llegará otra persona detrás de mí y continuará con el trabajo que yo y otros escritores de mi generación hayamos desarrollado.

–Entonces, ¿siente responsabilidad por continuar el legado de otros escritores?

—Yo lo veo así. No considero la escritura un mérito individual. Cervantes no hubiera sido quien fue sin los que escribían antes que él y así sigues tirando del hilo hasta nuestros días. Yo he hecho lo mismo que hacen un montón de compañeros míos que se levantan por la mañana, intentan contar la historia, se esfuerzan igual que yo y hacen un montón de cosas igual que yo pero lo único diferente que tengo yo es que determinada cantidad de gente ha decidido elegir esta historia como algo relevante. Yo me considero un privilegiado, no otra cosa.

–¿Por qué consideró un quebradero de cabeza crear a Antonia Scott?

–Crear a Antonia Scott supuso un doble salto mortal al vacío, para darle a luz. Pero yo soy hijo de mi tiempo, de mi familia, de mi entorno, de mi sociedad y creo que Antonia era un personaje inevitable. Nadie nunca en ficción había escrito antes a una mujer como el ser humano más inteligente del planeta. Hay un tímido intento en Lucy, el personaje de Scarlett Johansson, pero no es real, no es por méritos propios la persona más inteligente del mundo. Era inevitable que alguien acabase describiendo a un personaje con esas características, con esa fragilidad y con esa fortaleza inquebrantable.

–¿Cómo describiría a este personaje?

–Es muy valiente, muy insensata, muy inteligente, llena de complejos y de problemas. Es distinta, es extraña. Yo creo que Jon Gutiérrez la describe muy bien en una de las páginas de Loba Negra, cuando dice «ay bonita, lo difícil que eres y lo mucho que te haces querer», porque es complicada pero al final es inevitable cogerle cariño, sobre todo si te das cuenta de cómo Jon Gutiérrez está tan volcado en protegerla por encima de todo, porque es consciente de su valía también.

–¿Cómo es esa relación con Jon Gutiérrez?

–Creo que lo más interesante de la relación de ambos es que es una amistad de amor puro e incondicional. Entre ellos no puede haber ningún tipo de atracción física porque tienen tendencias distintas, pero sin embargo se quieren y se necesitan, y son capaces de sacarse de quicio. Han formado una familia accidental que está en riesgo permanente, ellos son conscientes de que están a una mala tarde que ese amor se destruya. Digamos que es un amor que se encuentra en constante peligro.

–¿Cómo valora que sea el lector el que componga la historia?

–Creo que es necesario confiar en la inteligencia del lector. De hecho hay muchas cosas que yo sé que son un riesgo porque he colocado algo que es esencial para la trama en una línea o en una sola palabra, y si te la has saltado a lo mejor ya no alcanzas a entender los tres capítulos siguientes. Y no me importa, porque creo que que es muy importante que al mismo tiempo que los libros son divertidos sean intelectualmente provocadores para los lectores, que desafien los textos muy masticados. Hay un estilo a la hora de contar las historias y que se reconoce muy fácilmente y, aparte, muestra un respeto hacia el lector, con este no vale todo.