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OTRA FORMA DE NARRAR LA VIOLENCIA

Maternidades sombrías

La mexicana Socorro Venegas publica el libro de relatos ‘La memoria donde ardía’

 

Mexicana 8 La escritora de San Luis Potosí Socorro Venegas, en una imagen de archivo. - VÍCTOR BENÍTEZ

ELENA HEVIA
19/08/2019

En un terreno tan fértil como la literatura mexicana, las autoras tienen mucho que decir y están encontrando un camino alejado de la exhibición de la violencia que marca el estilo de muchos de sus pares masculinos. Socorro Venegas (San Luis Potosí, 1972) tiene tras de sí una importante obra, prácticamente centrada en el relato, por eso este libro de cuentos de título quevedesco, La memoria donde ardía (Páginas de espuma) es una buena manera de acceder a las claves de su literatura: mirada de mujer, la maternidad como problema, el mundo de la infancia con más sombras que luces…. A Venegas, que siempre tiene que puntualizar que no tiene la menor conexión familiar con Julieta -«únicamente la admiración que siento por su música»-, le van las distancias narrativas breves pero eso no implica que no haya densidad y mucho desarrollo en sus historias.

Puesta a establecer una obsesión que una todos estos relatos, Venegas asume que todos están protagonizados por personajes que sobreviven al margen. «Para mí, la imagen que mejor los define es que den la impresión al lector de que en su vida ha pasado algo que les ha obligado a saltar por la ventana, pero finalmente no lo han hecho, y desde luego, ha sido mucho más difícil quedarse que haber saltado», dice, intentando explicar el hilo conductor de estos 19 relatos por los que se pasean en su mayoría mujeres enfrentadas a la pérdida o peleadas anímicamente con la maternidad. Venegas, que es madre «hace ratito» -sus hijos son ya mayores-, está habituada a que las malas madres -el calificativo es de su amigo Edmundo Paz Soldán- de sus novelas despierten el rechazo de algunos lectores.

Metamorfosis

«Considero que cuestionar la maternidad es muy importante porque es algo que vemos poco -asegura-. Las mujeres nunca tienen la suficiente confianza para plantear sus dudas, sus angustias y sus inquietudes en un momento como el embarazo y el puerperio, en el que sienten que se están transformando en alguien distinto sin acabar de comprenderlo».

Hay una percepción especial en los relatos en los que la maternidad suponga una especie de metamorfosis para las mujeres, una transformación un tanto «monstruosa» de ese fenómeno. «Hay lectores que me han hablado de la depresión posparto pero a mí no me interesa el término clínico sino más bien indagar en el desorden del alma, de esa angustia profunda que pueda surgir después de que haya nacido el niño y la mujer se haya quedado con un hueco».

En las historias de Venegas los niños, en entornos muy duros, parecen mucho más adultos que sus padres. «Me interesan esas contradicciones, no ver de manera condescendiente el mundo de la infancia». En el fondo, supone una mirada menos directa pero no menos letal de la violencia que caracteriza buena parte de la literatura mexicana. «Mis historias transcurren en escenarios interiores. Aquí no vas a ver el mundo del narco porque es algo que no me interesa, pero sí, claro que hay violencia, lo que ocurre es que es de otro tipo».

Una violencia a la que Venegas puso imágenes cuando, jovencita, visitó el Museo del Prado y estableció una fuerte vinculación con las pinturas negras de Goya: «Entonces no sabía que iban a significar tanto en mi escritura».