Melchor Marín, el protagonista de Terra Alta, es el primer personaje que Javier Cercas (Ibahernando, 1962) no ha conseguido sacarse de la cabeza después de escribir la última página del libro. «Quiero mucho a este chico. Con todo su dolor, con toda su furia, con toda su violencia. Porque a pesar de todo eso, como diría Borges, es un ‘limpio de corazón’». Melchor protagonizará tres libros más, o eso es lo que planea el escritor. Una tetralogía que seguirá descansando sobre la espalda de un agente de los Mossos d’Esquadra trastornado por Los Miserables, leyenda del cuerpo tras abatir a cuatro yihadistas en Cambrils pero también capaz de cometer el peor pecado de los policías: tomarse la justicia por su mano. ¿De dónde nace Melchor?

Para responderlo, Cercas, que participa este domingo en el festival literario BCNegra, acepta un encuentro con EL PERIÓDICO en su despacho del barrio de Gràcia. Un tercero sin ascensor infestado de libros. Comienza dejando claro algo: «La ficción pura no existe, las novelas siempre parten de la realidad». Melchor, explica, es un personaje engendrado a partir de lo que sintió durante el otoño político de la Cataluña del 2017. Y de muchas cosas más.

A principios de agosto del 2017, Cercas acudió a Bot (Terra Alta) a presentar El Monarca de las sombras. Al coger el coche para regresar a Barcelona, descubrió que alguien había intentado forzar la cerradura. Se dirigió a la comisaría de Gandesa a denunciarlo. «Un espacio flamante, vacío y tranquilo». Le atendió un mosso vestido de paisano que, a pesar de tratarse solo de un robo no consumado, bajó hasta el aparcamiento y, con un pincel de fibra de vidrio, se puso a buscar huellas dactilares. «Esto en Barcelona es impensable, pero aquí tenemos más tiempo», le subrayó. «Este policía era de Barcelona pero había acabado en la comarca de la Terra Alta y allí había encontrado a su mujer. Le costó adaptarse, incluso sufrió insomnio. Le pregunté por qué y, señalando al cielo, respondió: por el silencio».

Las novelas plantean «una pregunta compleja de la forma más compleja posible, y no llegan a responderla» y Cercas, que llevaba tiempo sin escribir porque tras El Monarca de las Sombras sintió miedo de acabar «haciendo siempre lo mismo», a raíz de aquel encuentro con el policía que no podía dormir sin el ruido de Barcelona, comenzó a preguntarse: «¿Y si en un lugar tan apacible como la Terra Alta, donde nunca pasa nada, ocurriera un crimen terrible?».

El carburante del 1-O / Llegó el otoño del 2017 y Cercas asegura que lo que vivió aquellos meses lo cambió. En cierto modo, le ayudó a evolucionar y a poder escribir sin el temor de repetirse que le había mantenido bloqueado. «Los novelistas somos recicladores de basura, y de aquellos días prebélicos salieron la furia y el dolor de Melchor. Que supongo que son los míos». No pocos lectores han hecho saber a Cercas que ven en Terra Alta una propuesta de reconciliación oculta que el escritor envía a la sociedad catalana. «No me parece una interpretación insensata», concede.

La decisión de que Melchor fuera mosso vino después. Y lo primero que hizo fue ponerse en contacto con la comisaría de Gandesa. «Me reunieron de todos los jefes. Les pregunté de todo. La acogida fue inmejorable.»

Para que la historia que se iba a inventar fuera verosímil, «para mentir con la verdad», necesitaba la ayuda de los Mossos. «Sin ellos, no habría podido escribir esta novela», les agradece. «Lo que descubrí en esta inmersión es que son gente muy profesional, funcionarios que -a diferencia de Melchor, que ignora que «la justicia absoluta puede ser la más absoluta de las injusticias», como dice un personaje de la novela- saben que la ley en una democracia significa lo contrario que en una dictadura: la única defensa posible de los pobres y los indefensos frente a los ricos y los poderosos. Durante los últimos años lo han pasado muy mal porque con el referéndum del 1-O los enfrentaron a una situación imposible».

El mosso de Cambrils / El 17 de agosto del 2017, horas después de que Youness Abouyaaqoub arrollará a más de cien personas en la Rambla de Barcelona -mató a 14 de ellas-, cinco yihadistas integrantes de la misma célula de Ripoll que Youness atacaron Cambrils. Llegaron en un Audi A3 al Club Nàutic, atropellaron mortalmente a una mujer y embistieron a uno de los dos agentes de los Mossos de guardia en la rotonda tras el episodio de la Rambla. El coche volcó y de su interior salieron cinco jóvenes, vestidos con chalecos explosivos -que después resultaron ser falsos-, armados con cuchillos y, gritando «Allahu akbar», corrieron hacia el otro mosso.

Era un policía de proximidad, que había llegado a ese punto de vigilancia media hora antes, y que tuvo que abrir fuego. Abatió a cuatro de los cinco yihadistas. Según las fuentes consultadas por este diario, este mosso sigue de baja. El cuerpo exige que se respete su anonimato.

En la novela, Cercas hace que Melchor sea también el mosso que mata a los cuatro terroristas y que por ese motivo acaba en la Terra Alta. ¿Por qué? «Porque sobre él existía una niebla que a mí me permitía inventarme qué ocurrió después, y porque aquello fue algo muy difícil para él y Melchor ha tenido una vida muy difícil, tremenda. Porque Melchor es una persona excepcional. Y el policía de Cambrils muy normal tampoco puede ser».

Cercas, que parece sentir hacia el mosso de Cambrils parte del afecto que siente hacia Melchor, no entiende a quienes calificaron ese acto de «asesinato legal». «¿Qué tenía que haber hecho? El primer deber moral consiste en no juzgar frívolamente a quien se encuentra en circunstancias difíciles, como las de una guerra, y que debe tomar decisiones en segundos. Aquello fue un acto terrible, que yo, en la ficción, no juzgo. Pero, en la realidad, insisto: ¿qué tenía que hacer aquel policía? ¿Dejar que los yihadistas siguieran matando como ya habían hecho? ¿Dejar que detonaran los chalecos explosivos -él no sabía que eran falsos: cómo iba a saberlo- y permitir una masacre de proporciones incalculables?».

Este diario ha intentado saber sin éxito si el mosso de Cambrils ha leído Terra Alta’.