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TRAS DENUNCIAR LA TRATA DE MUJERES EN ‘CORNELIA’

Bajo el poder de las sectas

Florencia Etcheves vuelve a la novela negra con ‘Errantes’, protagonizada por una periodista

 

De periodista a escritora 8 Florencia Etcheves, en Barcelona. -

ANNA ABELLA
24/08/2019

La argentina Florencia Etcheves, que tras 25 años como periodista de sucesos denunció la trata de blancas en Cornelia, se preguntó: «¿Qué pasa si, de repente, los débiles y oprimidos se juntan y logran un poder colectivo lo suficientemente fuerte como para vencer a poderosos y opresores?». La búsqueda de respuesta, de nuevo a través de la novela negra, la condujo al mundo de las sectas, que ha volcado en Errantes (Planeta). «Sus líderes tienen una gran capacidad de psicopatía para captar a personas vulnerables. No todo el mundo es susceptible de ser captado. Vi que los personajes aparentemente débiles pueden ser muy fuertes. Quería hablar del poder de los débiles».

Florencia Etcheves estudió casos de sectas, como la de Charles Manson -«Él no fue la mano ejecutora de la muerte de Sharon Tate sino aquellas chicas y chicos a los que sedujo y convenció de que una voz le decía que esa gente debía morir»-, la de Waco y la de Guyana, que acabaron en suicidios colectivos, o la de Colonia Dignidad, en Chile, «que colaboraba con el régimen de Pinochet, que la protegía y les llevaba detenidos de la dictadura para torturar». Y halló elementos comunes que definen a sus líderes y gurús: «Una facilidad envidiable de relato y de poder de convencimiento. Son psicópatas de manual, que no sienten culpa ni empatía por nadie. Para ellos el otro es un objeto que está ahí para darle placer. Tienen una inteligencia superior, una educación alta y, a menudo, educación religiosa, que se traduce en discursos mesiánicos. Se sienten especiales, únicos y elegidos», dice.

En la novela, una periodista investiga el suicidio de tres adolescentes. «A esa edad son muy vulnerables. Los padres no les entendemos y los discursos de fuera de casa son para ellos más seductores -opina Etcheves-. Si se sienten excluidos de su círculo, las sectas hacen que se sientan que pertenecen a alguna parte porque les adulan. Y entonces quien se ha sentido toda su vida humillado o despreciado allí se encuentra en el paraíso».

la relación

Hablar de jóvenes le permite apuntar «los vehículos que halla la maldad para llegar a las personas». «Internet puede ser una maravilla pero todo lo malo del mundo viaja a velocidad de clic. Y un adolescente puede hallarlo desde su móvil o en la seguridad de su casa en el ordenador», señala, recordando el macabro caso de la Ballena azul, «un juego en el que los jóvenes debían cumplir objetivos y el último era quitarse la vida», recuerda.

También reflexiona sobre las consecuencias para los adeptos cuando la secta desaparece. «¿Se sienten libres? ¿Se adaptan a una nueva vida? Cuando la policía acabó con Colonia Dignidad, el lugar se convirtió en turístico y muchos de sus seguidores, que sufrieron abusos y torturas, se quedaron a vivir. Hicieron un sitio de vida de un sitio de muerte. Pese a ser conscientes de haber sido víctimas, sintieron que no podían pertenecer a otro lugar», señala.