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La cultura que nos viene

Quién dijo que todo está perdido

 

El escritor Charles Bukowski en el programa de televisión francés ‘Apostrophes’, con Bernard Pivot, en 1978. - ARCHIVO EL PERIÓDICO

Olga Ayuso Olga Ayuso
13/04/2018

92 funcionarios de la Junta ganan más de 100.000 euros al año; Griñán se esconde tras sus subordinados; Rajoy toma las riendas del caso Cifuentes y da prioridad a mantener Madrid; los rohingyas que han sobrevivido a Birmania afrontan el riesgo del monzón; Trump a Rusia sobre Siria: «Lo que vendrán serán misiles bonitos, nuevos e inteligentes»; asesinada a puñaladas por su marido un día después de pedir ayuda para divorciarse; Mark Zuckerberg asegura que la regulación de las redes sociales es inevitable; dos reclusos aparecen ahorcados en la cárcel de Badajoz; el currículo de Cifuentes contiene contradicciones desde hace 25 años; la Guardia Civil registra el Diplocat de Barcelona; el PP pide cancelar una obra de teatro de Alberto San Juan en un pueblo de Granada por su «ideología radical»; la guerra en el Congo se recrudece.

Son titulares de ayer y son pocos. Los periodistas dividimos la realidad en temas (los ERE, Cifuentes, la Gürtel, Cristiano Ronaldo, violencia machista, guerras, Siria, refugiados, ascenso de la derecha en Europa) y compartimentamos la agenda del día. Estos son los temas de los que se habla. No son fáciles: asesinatos, guerras olvidadas que salen de vez en cuando, grandes zonas con terrorismo un día sí y otro también, violaciones, campos de refugiados, transporte de animales hacinados en camiones o en barcos, inseguridad informática, alunizajes, robos con violencia, accidentes, menores no acompañados en las fronteras, trata de mujeres, familias destrozadas, pérdidas económicas por la lluvia o la sequía y cualquier otra desgracia que se les pueda ocurrir y, con el término «desgracia» nos referimos a horrores, tormentos, torturas o a un puñado de políticos riéndose de los ciudadanos sin que los ciudadanos sepamos cómo actuar porque, también, el sistema económico ha horadado, pacientemente y durante décadas, la capacidad de participación y de cohesión social.

Ya conocemos todo esto.

Pero, a veces, hay cierto atisbo de esperanza.

Hay veces que hablamos de otras cosas.

Entrevisté por primera vez a Abraham Samino cuando tenía 13 años. Han pasado diez. Sigue siendo pianista, ama su profesión y, en casa, se ha mamado música desde que eran chinorris. Su padre, Paco, es presidente de la Sociedad Filarmónica de Mérida. Su hermana, Nerea, es clarinetista. Los dos, Nerea con 26 y él con 23, han formado el Samino Dúo, porque llevan tocando juntos desde que nacieron. Ambos han ganado premios internacionales de renombre. Ambos han vivido en Salzburgo. Él sigue allí; ella, en Évora. Se marchan a estudiar. Extremadura se desangra. Hace cinco años vivían aquí 13.000 jóvenes más. Es una emigración distinta a la que se fue a Alemania: cuando eres joven, descubres que perteneces al lugar donde paces y, si llevas veinte años en otra ciudad o en otro país, ya asumes que vendrás de vacaciones a ver a tus padres y a los pocos amigos que te queden en el pueblo. Músicos, poetas, artistas. Están en Madrid, Murcia, Berlín, Lisboa, Lyon. Ya no sé si es que nadie puede hacer nada o es que nadie sabe cómo.

Ellos llegan, se ríen, con el entusiasmo de los 20 años, y dicen que hay cosas que no enseñan en el Conservatorio. A saber relacionarse, a hablar, a ser simpático, a tener contactos, a mantener una charla de negocios, a pedir por correo un local para hacer un concierto, a rellenar los papeles de una subvención, a solicitar que alguien pueda prestar y trasladar un piano, a aprender... «aprender a aprender a respirar», como el último verso de un poema que se llama ‘Renga’ y que escribió Cristián Gómez Olivares. No dicen que no a tocar en cualquier parte. No se desaniman. No se enfadan si no lo consiguen, no se frustran. Han asimilado que no se pueden desanimar porque la cultura está difícil, la música clásica más, y este es el nivel sociocultural que tenemos. No se pelea contra la realidad: se la agujerea poco a poco, como hacía la Pantera Rosa. Se la barrena, se la trepana y se la taladra, pero no se pelea contra ella.

En Cáceres va a nacer una nueva librería. Sí: es muy cómodo comprar a golpe de click en una multinacional (pongámosle nombre: Amazon), pero eso no le da de comer a tu vecino, a no ser que tu vecino trabaje en UPS que, de todos modos, no organizará nunca (que sepamos) talleres y lecturas para que los clientes (que luego se convierten en amigos, porque una buena relación con un librero va mucho más allá). Se va a llamar ‘El pájaro azul’, como el poema de Bukowski: «Hay un pájaro azul en mi corazón que / quiere salir / pero soy duro con él, / le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres / montarme un lío?».

Y tú te enteras de estas cosas: una nueva librería pequeñita, un concierto de dos jóvenes, una obra de teatro en una residencia, unos estudiantes que van a charlas artísticas, unas becas en residencia, una exposición de fiestas tradicionales que se pueden perder... Y piensas: no todo es una mierda. No todo.

Samino Dúo. Viernes, 13 de abril. 20.30 horas, Centro Cultural Santo Domingo (Mérida). Sábado, 14 de abril, 21.00 horas Recinto Ferial de Zafra.

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