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Raperos en el banquillo

La fiscalía acusa al colectivo La Insurgencia de asociación ilícita y acumula causas contra rimadores como Ayax y Prok, Valtonyc, Adam Molotov, Pablo Hasél y Cíniko

 

Los miembros del colectivo de raperos La Insurgencia, a las puertas de la Audiencia Nacional el pasado 17 de noviembre. -

BARCELONA
30/01/2017

Esto parece una escena de película policíaca. Y lo es, pero también es real. La narración es de María Elena López Dafonte. «El 8 de noviembre recibí una llamada de mi hijo desde Orense. Me dijo: ‘No te asustes pero al salir de casa me estaban esperando tres policías vestidos de paisano. Me han parado, me han preguntado si tenía el móvil para requisármelo y me han entregado una citación. Tengo que presentarme en la Audiencia Nacional el 17 de noviembre’».

Su hijo se llama Saúl Jorge López y forma parte del colectivo de raperos La Insurgencia, donde utiliza el alias Shahid. «Lo debían tener vigilado porque él está censado en Vigo y a mi casa no vinieron a preguntar», explica su madre, directora de un instituto de educación secundaria. «Me esperaron en el portal, me siguieron 50 metros, me sacaron la placa y me llevaron a un coche de la secreta a pedirme el DNI y darme la citación», corrobora Saúl. Al volver de la universidad se enteró de que a los 13 miembros del colectivo les había pasado lo mismo. «A todos menos a Siker, de Ibiza, que es menor», especifica.

A Gorka, de La Coruña, lo interceptaron cuando sacó a pasear al perro. A Nyto, de Santiago, le requisaron el móvil, pero al llegar a casa avisó por Facebook al resto. A Lokutor lo fueron a visitar a las Canarias. Leszno, Elgio, Sine, Pipe Díaz, Oliver Botana, Komu, Eshôj Ekirne... Los citaban a todos como investigados, pero no se les dijo por qué motivo. La rapera Inessa exigió esa información y se la dieron: «Presuntos delitos de incitación al odio contra instituciones del Estado, apología del terrorismo y asociación ilícita».

El 17 de noviembre se presentaron en Madrid. No declararon nada por consejo de su abogado, pero aprovecharon para verse las caras, ya que hasta ese día muchos únicamente se conocían por Facebook. Solo comparten canal de Youtube y la voluntad de «fomentar el internacionalismo, difundir y expandir la cultura revolucionaria, y elevar el nivel de conciencia de las masas trabajadoras». Ahora también comparten causa penal. «Yo estoy alucinando», dice la madre de Shahid. Su hijo, no tanto: «Soy consciente de donde vivo y sé que si cantas ciertas cosas te acaban jodiendo», responde desde el móvil de su novia.

Saúl estudia primero de Educación Social. Cuando le preguntas dónde se ha formado políticamente, habla de su familia: «Mi madre me llevó a manifas de la guerra de Irak». Habla del barrio obrero de Coia: «Siempre he visto luchas de vecinos y sindicales de la Citröen». También habla de la parroquia del Cristo da Victoria: «Todas las luchas salen de esa iglesia». Y, claro, del rap.

UN FILÓN PARA LA FISCALÍA / El rap se está convirtiendo en un filón para la Fiscalía del Estado a la hora de aplicar la Ley Mordaza. Empiezan a acumularse expedientes de raperos en la Audiencia Nacional. Pablo Hasél, Valtonyk y Ayax y Prok son más conocidos de esta joven hornada, pero no los únicos: Cíniko, Volk GZ y Adam Molotov también tienen sus contenciosos con la justicia. Y luego está el veterano César Strawberry, recién condenado a un año de cárcel por el Tribunal Supremo.

Con La Insurgencia la presión contra el rap salta a un nuevo nivel, ya que se les acusa de asociación ilícita y eso puede implicar penas mayores de cárcel. El sumario aún no se ha hecho público, así que habría que bucear en sus decenas de letras, cuál es constitutiva de delito. ¿Será No votes, ¡lucha!, Se llama autodefensa o Descarga la metralla? «Aquí el debate no es si estás de acuerdo con las letras o no. El debate es: ¿estás de acuerdo con que se encarcele a alguien por decir algo o no?», finta Shahid.

«Hay una nueva generación de chavales como Ayax y Prok o La Insurgencia que hablan de organizarse, de solidaridad. No es solo soltar frases brutas. Se trata de explicar que hay un problema y proponer soluciones», apunta Shahid. Sus canciones apenas rebasan el millar de visitas en Youtube y hasta ahora solo actuaban una vez cada tres meses. El que no trabaja en una cadena de comida basura está en el paro o estudia, pero ya están organizando la Gira por la Libertad de Expresión y les han salido ocho fechas sin apenas esfuerzo.

A estas alturas, su intención es «que se expanda la reivindicación de que hay gente, sean raperos o titiriteros, a punto de entrar en la cárcel por hacer arte», explica Shahid. Los raperos Ayax y Prok tienen un verso redondo sobre este tema: «La libertad de expresión siempre tuvo un límite / Ese límite siempre lo decidió la élite». El Adam Molotov, denunciado debido a comentarios ofensivos sobre la muerte de un agente, ya se ha integrado a La Insurgencia. Y el colectivo ha subido seis canciones más en las últimas semanas. «Seguiremos hasta que nos chapen el canal de youtube. Y si lo chapan, abriremos otro».