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LA CULTURA QUE NOS VIENE

Tantas veces nos ha cambiado la vida

 

Fotograma de la película 'Josep', la historia del dibujante Josep Bartoli. - EL PERIÓDICO

Olga Ayuso Olga Ayuso
20/11/2020

«Dadme una razón para vivir (y no vale responder el cine)».
Eran los tiempos de la Facultad, esos tiempos en que uno tiene 18 y el mundo cabe en la palma de la mano y es un lugar que ya se sabe inhóspito, pero en el que los amigos son el centro y es todo abarcable y amable y sentible. Dadme una razón para vivir, nos pedía Mario en una revista.
Mis amigos escribían en revistas.

Sonrisas y lágrimas forma parte de los primeros recuerdos que tengo de una película en Navidad. En Navidades, porque la vimos más de una vez. De este 2020 no pasa sin que me ponga Qué bello es vivir.
Luego llegaron muchas otras. Llegaron El hombre elefante (bueno, llegó Lynch, entero: me acuerdo del estupor cuando salimos del cine tras ver Carretera perdida y aquel: Sailor y Lula no hacen el amor: follan) y más westerns de los que pude contar (amo los westerns como amo las películas de boxeo y de profesores) con Forty Guns y Track of the cat y entrar en el salón de la casa de los Edwards como solo John Ford puede hacerte entrar en el salón: de manera obscena.

El cine siempre ha estado presente porque mi hermano mayor, que es profesor de primaria y se llama Nacho, es la persona que más entiende de cine que yo podré encontrar jamás. Muchas de las películas más importantes de mi vida lo son porque las vi con él, desde Stalker a El Don apacible y le recuerdo comprando libros en francés de Jean-Pierre Coursodon… sin saber casi francés. Me enseñó quiénes eran Jonathan Rosenbaum y Pauline Kael después de haber visto Willow (el villano de Willow es el general Kael). En Florencia le hice una foto a la casa de Tarkovski solo para mandársela.

Luego crecimos y algunas de las películas que me han cambiado la vida o me han divertido hasta lo indecible se han proyectado en el Festival de Cine Inédito de Mérida: Tyrannosaur por encima de todas; Nuestro último verano en Escocia, Virgin Mountain, La doncella, Mommy. Quién lo iba a decir cuando en 2006 comenzaron las proyecciones con La distancia que luego llegarían Negociador, La cinta blanca, XXY (el compromiso con la diversidad estuvo desde el principio: eso le valió a Ángel Briz el Premio Las Horas), Déjame entrar… Han pasado quince años.

Pero aquí estamos.

Comenzó ayer con una oda a Shane MacGowan, el cantante de The Pogues, y continúa hoy, con sesiones a las seis y media y a las nueve de la noche. Esto merece explicación. La película que se proyecta a las nueve de la noche un día es la que se puede ver al día siguiente. Por ejemplo, Josep está programada para el viernes 20 (es decir, para hoy) a las nueve de la noche y para mañana sábado a las 18:30 horas. Ayer el festival se estrenaba con Crock of gold y la podremos ver esta tarde también a las seis y media. Luego llegarán Gagarine, Karen, Sweat, La vida era eso, Wendy”, Zurbarán y sus doce hijos y El lago del ganso salvaje. Son películas «para salir del cine abrazados», decía su programador, David Garrido. «No está el tiempo para dramas».

No se van a poder sentar juntos ni los matrimonios. Las medidas de seguridad contra el covid-19 en los festivales de cine que se han podido celebrar contemplaban un asiento ocupado, uno vacío. No podremos cogernos las manos ni mirarnos en alguna escena que nos sobrecoja, pero iremos al cine y (esto me gusta) nadie hablará con nadie.

En el cine no se habla.

Yo mando callar incluso en el Movierecord. Oh, seguro que los que tienen cierta edad han tarareado la musiquilla. Es un ritual: lo es hasta el palomitero.

Este 2020 es raro, pero hemos tenido FanCineGay y tenemos el Inédito y eso hace que noviembre (este noviembre, en el que en Badajoz se han suspendido todas las actividades culturales en el palacio de congresos y el teatro López de Ayala) sea un mes más esperanzador.

Nos llevarán (esta es la sección dramática del festival) a los campos de concentración para contarnos la historia, en animación, de Josep Bartolí, un dibujante de la época franquista cuya vida es interesantísima, aunque les recomendamos que no busquen nada de él antes de ver la película. Realmente, les recomendamos que vean las películas, sin más. Luego tendrán tiempo de hablar con los actores o los directores (Arantxa Aguirre, María Pérez Sanz y Petra Martínez, entre otros, podrían estar en el festival: y digo podrían porque la pandemia cambia los planes a cada minuto).

Siguen apareciendo directores (y directoras, cada vez más: miren a María Pérez Sanz) que nos interesan y a los que queremos seguirles la pista. Como Ben Zeitlin, que ya nos gustó tanto con Bestias del sur salvaje y que ahora presenta Wendy. O que nos suscitan curiosidad, como David Martín de los Santos, que es la primera vez que rueda un largo y ha elegido a nuestra Petra Martínez. Hay películas hijas de nuestro tiempo, con el fenómeno de las influencers en todas partes del mundo como centro (eso nos muestra que no somos tan distintos unos de otros). Hay, en fin, historias. Historias y miradas.

¿Nos podrá arropar, el cine? Ese cine que tantas veces nos ha salvado la vida.