Tristeza y pesar son las palabras que reflejaban ayer el sentir general del mundo del cine y de muchos extremeños por la repentina muerte de Reyes Abades, considerado figura clave y uno de los maestros de los efectos especiales en España, pero sobre todo una buena persona y uno de los mejores embajadores de Extremadura en el mundo.

Nacido en Castilblanco (Badajoz) en 1949 y fallecido el jueves por la noche a causa de un infarto, Reyes Abades ha ganado a lo largo de su carrera nueve Premios Goya y para la edición de este año, que se falla hoy, estaba doblemente nominado por ‘Oro’ y ‘Zona hostil’.

La noticia de su muerte cogió por sorpresa a todo el mundo y causado un gran impacto en su pueblo natal de Castilblanco, cuyo ayuntamiento ha decretado tres días de luto oficial por la muerte de su hijo predilecto.

«Amigo de sus amigos, sencillo de trato y amable siempre», según lo definió, en declaraciones a Efe, la alcaldesa María de los Ángeles Merino, quien añadió: «Si ayer [por el jueves] ya fue una tarde fría, la noticia de la muerte de Reyes Abades nos dejó congelados y consternados».

La alcaldesa relató que «se dejaba querer» y disfrutaba durante sus estancias en Castilblanco, porque aunque trabajaba y residía en Torrejón de Ardoz, le gustaba regresar asiduamente al pueblo, donde tenía una casa, además de que «siempre proclamó con orgullo que era de Castilblanco y de Extremadura».

El consistorio puso ayer a disposición de los vecinos un autobús para que pudieran desplazarse hasta el tanatorio de Torrejón de Ardoz, donde hoy, a partir de las doce de la mañana, se oficiará una misa y con posterioridad tendrá lugar el entierro.

Reyes Abades fue nombrado Hijo Predilecto de la Villa de Castilblanco en julio de 2010 y diez años antes recibió la Medalla de Extremadura en el Teatro Romano de Mérida.

A este histórico y monumental escenario regresó en 2016 para ofrecer un discurso, en nombre de la ciudadanía extremeña, en el que hizo un emocionado llamamiento a los extremeños a no ser conformistas «porque nadie nos va a regalar nada».

reiterados ELOGIOS / El presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, que ayer acudió al Tanatorio de Torrejón de Ardoz, donde estaba la capilla ardiente, señaló el jueves por la noche, tan pronto como conoció la noticia, que ha muerto uno de los extremeños más grandes y uno de los más buenos».

La Junta también lamentó profundamente el fallecimiento de Abades, al que califica como uno de sus hijos «más distinguidos y uno de los mejores embajadores» de la región.

El Festival Solidario del Cine Español de Cáceres y su entidad organizadora, la Fundación Rebross, también llora su muerte por el que «además de maestro de los efectos especiales era un gran amigo de la cita cacereña», que le homenajeará en su XXV aniversario el próximo mes de marzo.

Desde Gobierno de España, su portavoz y ministro de Educación, Cultura y Deportes, Iñigo Méndez de Vigo, afirmó que «la magia del cine no sería tal sin su trabajo, su ingenio con los efectos especiales nos ha hecho pensar a muchos que era real lo imposible».

Durante su trayectoria profesional trabajó en 274 películas y tuvo la oportunidad de trabajar con grandes directores, desde Buñuel a Almodóvar, pasando por Carlos Saura, Guillermo del Toro o Álex de la Iglesia, que ayer dijo que con él «ha muerto la mitad del cine español».

El también director Imanol Uribe, que acudió al tanatorio, destacó que «solucionaba las cosas de la manera más eficaz y sencilla sin marcarse ningún rollo» y añadió que la muerte de Abades ha sido una «pérdida terrible para el cine español», ya que este «genio» seguía trabajando.

Otros compañeros de profesión también expresaron sus condolencias a través de las redes sociales, como el director de Lo imposible, Juan Antonio Bayona, Antonio Banderas,que se ha declarado «consternado» o el escritor Arturo Pérez Reverte.

Al margen de sus éxitos en el cine, Reyes Abades también pasará a la historia como el responsable de que la flecha lanzada por Antonio Rebollo encendiese el pebetero de los Juegos Olímpicos de Barcelona’92.

Gracias a él, los deportistas y el público presente en el estadio de Montjuic y los millones de personas que contemplaron la ceremonia inaugural por televisión se marcharon convencidos de que la flecha había caído dentro y encendido el pebetero, pese a que en realidad no fue así.