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Una amarga despedida del ‘Gigante’

Enric Gallego pudo jugar ayer su último partido como futbolista del Extremadura, pero no pudo despedirse a lo grande. No marcó y además falló un penalti que hubiera dado el triunfo a los suyos. Rodri se marchó feliz, asegurando que su equipo sigue mejorando

 

Satisfecho 8 Rodri, derecha, en sala de prensa tras el partido. -

Valientes 8 Aficionados azulgranas en la grada del Anxo Carro. -

RODRIGO MORÁN
14/01/2019

Dicen que las cosas no acaban siempre como uno quiere. Lo pensaba ayer Enric Gallego, con la mirada y cabeza perdidas junto al autobús del Extremadura a las puertas del Anxo Carro de Lugo. Posiblemente saboreaba su último viaje con los azulgranas en Segunda División. Había cuajado un gran encuentro, como de costumbre, como casi siempre. En su línea. Pero tuvo una oportunidad maravillosa de redondearlo con un penalti que Juan Carlos le detuvo para dejarle con un amargo sabor de boca en tierras gallegas. No fue su mejor golpeo, cambió de decisión en el instante final y la suerte, esa que tantas veces le ha abrazado esta temporada, le dio la espalda en su último gran servicio de azulgrana.

Pudo ser el último partido porque, aunque no es oficial, todo el mundo sabe que su próximo destino puede ser el Huesca de Primera División. Varios medios nacionales se hacían ayer eco del posible acuerdo entre Extremadura y Huesca para el traspaso, aunque desde el club de Almendralejo no confirman la noticia. Tampoco dio detalles de esa operación Rodri en sala de prensa, quien se limitó a decir que «ojalá pueda estar con nosotros mucho tiempo, pero eso es algo que depende de las directivas».

Para los que dudaron un segundo de su profesionalidad, Enric Gallego hizo otro partido colosal. Creó todo el arsenal ofensivo de sus jugadores en la primera parte y no dudó en meter pierna, cuerpo y cabeza en cada jugada. Si realmente firmó en Huesca, fue más profesional de lo que puede llegar a ser un profesional a estas alturas de fútbol. Pero de Enric no se puede dudar. Es la pura humildad sellada en el rostro de una persona que en tan solo un año ha pasado de ser un delantero fichaje a un icono de la historia del Extremadura.

Jugadores como Tienza, Pomares, Alex Díez le arroparon tras el pitido final, posiblemente en ese último abrazo que, sin decir nada, envuelve un gracias en mayúsculas de por vida.

El que sí vio gol por quinta vez esta temporada fue Kike Márquez, otra vez aprovechando que su fútbol se cocina cada día más cerca del área. Recibió una gran asistencia de Olabe, que ya lleva cuatro esta temporada y es el máximo asistente del equipo.

Otro nombre a destacar fue el de Zarfino, con un partido enorme del uruguayo en la medular. A punto estuvo de marcar un gol que hubiera sido memorable, pero Juan Carlos lo evitó.

Pese al frío y la distancia, el Extremadura también encontró un pequeño calor en la gélida grada del Anxo Carro de Lugo. Pudieron casi contarse con las manos, pero entre ocho y diez valientes ataviados con camisetas y bufandas del Extremadura estuvieron apoyando a los suyos en tierras gallegas.

Se acaba la primera vuelta para un Extremadura que termina en puestos de descenso, pero muy conectado a la permanencia. Con la sensación de haber forjado una idea de juego que le debe llevar al camino de la salvación.

En ese camino puede quedarse Enric Gallego. Un tipo que entendió que el fútbol le tenía escondida una maravillosa oportunidad. Nunca buscó ni a los micrófonos ni a los focos. No los necesitó para brillar. Sus goles y sus exhibiciones lo hicieron por él mismo. Pero a Enric hay que conocerlo por dentro. Ahí, no es un Gigante, sino un joven fabuloso. De esos de los que todo lo bueno que le vanga, será poco. Gracias por tanto, Enric. Gracias por todo, Gigante. La Primera te espera.

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