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atletismo 3 los testimonios de los dos protagonistas del fin de semana en el deporte extremeño

Benabbou-Urbina, el título es diario

Los campeones de España de medio maratón reflexionan sobre la dureza del ‘trabajo’ del atleta

 

Arriba, llegando a meta en campeones. Abajo, en el podio, juntos, al final, en una imagen para el recuerdo. - MIGUÉLEZ / FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ATLETISMO

Arriba, llegando a meta en campeones. Abajo, en el podio, juntos, al final, en una imagen para el recuerdo. - MIGUÉLEZ / FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ATLETISMO

José María Ortiz José María Ortiz
23/01/2018

Llegué preparadísimo, con un equilibrio total de mente y cuerpo, pues había realizado buenos entrenamientos y no podía dudar» (Houssame Benabbou). «Sabía que iba bien, pero con algunas dudas. Me pasé la mañana preguntándole a mi entrenador y pareja, ‘Uge’, que si iba a resistir los 21 kilómetros, ya que era prácticamente nueva en esto» (Teresa Urbina). Los testimonios de los dos campeones de España de medio maratón, ambos extremeños, suenan a música celestial, pero también a sacrificio. A sangre, sudor y lágrimas, las sentidas que, por ejemplo, derramó la atleta zoriteña al final de la carrera, emocionada. A alegría incontrolable. A emoción. A triunfo. A gloria bendita.

El jovencito de 24 años y la treintañera entrenaban ayer. Cómo no. Se puede estar instalado en la particular nube de un título, pero hay que bajarse de ella en el día a día porque, como dice Benabbou, «hay que trabajar mucho». El fondista de Talayuela (sí, es de Talayuela, subraya) arrastra tras de sí una tremenda historia de pelea, ya desde que pudo correr como extremeño tras no pocas e incomprensibles trabas burocráticas. Y Urbina, de manera distinta, pero igualmente asida a la constancia, a la recuperación de lesiones y enfermedades. A la vida misma de alguien que, los dos campeones, cada uno con sus peculiaridades tienen en el deporte como medio de vida y que el fin de semana fueron muy felices. Y que lo serán durante unos días más, a tenor de sus respectivas reflexiones en positivo.

«Durante la carrera tuve que frenarme en los primeros kilómetros. Iba demasiado deprisa. Tuve que agarrarme de la camiseta», cuenta Urbina, quien llevaba como liebre a Eugenio Barrios, su doble referencia. «El pobre no pudo acabar. Estaba lesionado y desde el 15 me quedé sola. Pegaba el viento mucho. Me vino genial después otro atleta para ir con él. A falta de un kilómetro empecé a marearme, pero llegué bien. Puedo hacer un minuto menos, creo. No encontraba a Uge en la meta. Cuando me entrevistaban solté a los periodistas y me fui llorando hacia él», cuenta la zoriteña mientras trata de callar a Teide, su perro, que también parece seguir felicitándola, como muchos que se encontró ayer en la Casa de Campo, entrenando «15 kilómetros», con su grupo habitual de trabajo.

«La intención era asegurar la mínima mundial. Íbamos 5 españoles hasta el kilómetro 12, ya en el 14 me veía muy bien, junto a la liebre de la organización. A partir de ahí tiré para adelante con mucha mente fría y plena determinación. Conforme pasaban los kilómetros me fui alejando de los rivales hasta completar prácticamente solo los últimos dos kilómetros», cuenta mientras tanto Benabbou. «Me siento genial, con muchas ganas de representar a España y muy satisfecho por el resultado», añade el atleta.

Urbina vive en un piso cercano a la Residencia Blume de Madrid, donde es becada externa. Benabbou, en Llopis Ivorra, en Cáceres, con sus hermanos Rachid e Isam. «Me levanto a las siete de la mañana, desayuno y me pongo a estudiar Formación Profesional online); a las 9.30 salgo de casa para entrenar sobre las 10.00 hasta las 12.30/13.00. Vuelvo a casa y me hago la comida, reposo y sobre las 17.00 me activo con un café para comenzar la segunda sesión de entrenamiento, desde las 18.00 horas hasta las 20.00. Después me acerco al comedor del Centro de Tecnificación de la Ciudad Deportiva para recoger mi cena y llevármela al piso y cenar con mis hermanos», relata Benabbou.

HACIA ADELANTE / El servicio de comedor «me lo paga mi federación, a la que estoy muy agradecido, ellos se reunieron sabiendo la situación limitada en lo económico y me lo aprobaron. Es un gasto menos para mí y por supuesto mucho más cómodo para mí, pues acabo de entrenar, recojo la cena y ya no me tengo que preocupar de hacérmela yo».

«Me pago mi piso, mi seguro de coche, mis zapatillas, mi fisioterapeuta, mi entrenador. Básicamente todo. Estoy independizado en todos los sentidos», dice con orgullo Benabbou, quien asume que ha pasado muchos apuros económicos, «pues por circunstancias de la vida no recibo dinero extra de familiares. Todo me lo gano solo y trabajando día sí y día también. No tengo becas ni espónsor, muchas veces apuro las zapatillas al máximo arriesgando lesiones…». Lo dice un campeón de España.

Urbina, con muchos más años de trayectoria a sus espaldas, no tiene esos apuros, pero su sacrificio es también descomunal. Cada uno tiene una historia diferente, y ella lleva entre las mejores atletas españolas de cross y obstáculos muchos años.

«Tengo un gran entrenador que me ayuda muchísimo. Se fija más en mi persona que en mis resultados y eso hace que exista un feedback buenísimo. Estoy muy contento con él, me siento genial». A estas horas, y cuando recuerda el nombre de su preparador, Jesús Antonio Núñez, Benabbou ya habrá ido a por la cena a la Ciudad Deportiva y, como Urbina, ya piensa en que mañana también hay que entrenar. Solamente así se forja un campeón de verdad. O dos.

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