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Dos salvaciones al precio de una

Armstrong y Oprah se benefician mutuamente de la entrevista

 

I. N.
16/01/2013

Cierta indignación recorre el mundo del periodismo deportivo --y del periodismo, y del deporte, y de los fans de uno y otro-- ante la esperada entrevista de Oprah Winfrey a Lance Armstrong.

"Es una manipulación orquestada de noticias serias y una afronta a gente que lo adoró y admiró por sus logros atléticos y el uso caritativo de su fama", escribía ayer en una dura columna en el Los Angeles Times Bill Dwyre. "Ha escogido a Oprah, adonde vas no por entrevistas duras, sino buscando perdón", anotaba en Fox-Sports Greg Couch.

Oprah, la Ana Rosa Quintana de las ondas de EEUU (salvando lógicamente todo tipo de distancias y elevando a la estadounidense a la estratosférica potencia), se ha marcado, como reconocía ella ayer mismo, uno de los goles de su vida en la pequeña pantalla, mayor incluso que la entrevista a Michael Jackson en 1993.

Problemas

Desde que se fue de la televisión en abierto y abrió su canal, este ha renqueado, perdido entre la generosa oferta del cable o el satélite. Hasta que ha llegado la confesión de dopaje del hombre que una y otra vez ha usado frases categóricas --"nunca he usado drogas"-- que hoy más que nunca vuelven para perseguirlo y acabar definitivamente de desmontar su mito y hundirlo.

Lógico que, tras sentarse con él dos horas y media, Winfrey haya decidido dar la entrevista en dos entregas. No hay nada mejor que estirar el chicle.

Público tiene completamente asegurado. Armstrong no es Marion Jones (que acabó en la cárcel por mentir sobre su dopaje y a la que también entrevistó Winfrey). Y por más que el tono melodramático y blando que caracteriza a la estrella catódica negra haya sido, más que posiblemente, lo que llevó a Armstrong a elegirla en vez de a un periodista con menos tapujos para meter dedos en sangrantes llagas (autoinflingidas), los estadounidenses, tan amantes de sus héroes, también se apasionan con los caídos. Pocos han caído como el tejano. Y EEUU espera ante el televisor.