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OPERACIÓN OIKOS

«El fútbol está podrido»

Cheich Saad, el exjugador del Eldense que hace dos años denunció el amaño de un partido contra el filial del Barcelona B, constata que su gesto no sirvió para cambiar las cosas en el deporte rey

 

Decepcionado 8Cheick Saad, en un partido de L’Hospitalet. -

ARNAU SEGURA deportes@extremadura.elperiodico.com BARCELONA
17/06/2019

La historia se repite. Como lamentaba el escritor británico Aldous Huxley, «quizá la única lección que nos enseña la historia es que los seres humanos no aprendemos nada de las lecciones de la historia». Y es que el caso Oikos ha vuelto a mostrarnos la cara más fea del balompié moderno; un deporte que vive bajo la ley del capitalismo más feroz, el que ha colonizado los barrios más humildes con casas de apuestas para que los mismos de siempre se llenen los bolsillos con el dinero de los mismos de siempre. Las apuestas, los amaños de encuentros, vuelven a estar en el centro de la diana.

«El fútbol está podrido», destaca Cheick Saad (Nuadibú, Mauritania, 1990), el futbolista que hace poco más de dos años levantó la voz para denunciar que detrás del inapelable 12-0 que el Barça B le endosó al Eldense se escondía una trama de partidos amañados. Saad, que llegó a España junto a su familia a los 2 años para establecerse en Roquetas de Mar (Almería), primero, y en Lleida, después, aterrizó en el Eldense en enero del 2017. Era la enésima parada en una carrera que hasta entonces le había llevado por toda la geografía española e incluso hasta Letonia, donde fue campeón de primera división con el Ventspils.

Saad, un ariete con mucho gol, desembarcó en Elda con la ilusión de hacerse un hueco en Segunda B y volver a disfrutar del fútbol después de un tiempo alejado de los terrenos de juego por culpa de una lesión. Se ganó la condición de titular nada más llegar, pero pronto todo empezó a enrarecerse en un club que aquel curso llegó a tener seis entrenadores y a emplear hasta 60 futbolistas. «Era una locura. Había muchísimos jugadores. A veces éramos 30 o 35 en los entrenamientos», apunta Saad antes de descubrir que había futbolistas que pagaban entre 500 y 700 euros para tener la oportunidad de jugar en la tercera máxima categoría del balompié español.

La situación del Eldense explotó el 1 de abril del 2017, cuando el conjunto valenciano, virtualmente descendido de categoría, visitó el Miniestadi. «Media hora antes de saltar al césped, el entrenador me dijo que no sería titular. Aquello me puso en alerta», recuerda el atacante africano. La alerta se convirtió en indignación cuando arrancó el duelo y empezó a fraguarse la que acabó siendo una de las goleadas más contundentes de toda la historia de la categoría: 8-0 al descanso, 12-0 al final del partido.

Un mensaje revelador

«El entrenador me dijo que saliera a calentar, pero me negué porque me olía que estaba pasando algo raro», relata Saad, que tras el encuentro se cruzó con dos desconocidos que le dijeron: «Que sepas que hay jugadores ahí abajo, en el vestuario, que han vendido el partido». Y le enseñaron mensajes, audios y fotos que ratificaban que el resultado habría sido amañado. Un día después, el delantero encendió la mecha a través de las redes sociales. «El 12-0 es irreal. Al final todo saldrá a la luz», escribió, alimentando todas las sospechas que había levantado el escandaloso marcador de ese partido.

Pese a las advertencias que recibió, Saad se negó a mirar hacia otro lado y decidió tirar de la manta. «Lo hice por amor al fútbol. Por la rabia de ver que el deporte que siempre ha sido mi vida estaba manchado». Los implicados trataron de convencerle de que no hablara, pero él acabó denunciando a cuatro de sus compañeros que pudieron ganar «más de 150.000 euros» por amañar el partido, una cifra muy tentadora en una categoría abandonada en la que el grueso de los futbolistas gana entre 800 y 2.000 euros al mes, algunos incluso menos.

Aquellos hechos le cambiaron la vida a Saad, que tuvo que empezar a convivir con amenazas telefónicas desde números privados. De nada servía que se cambiara el móvil frecuentemente o que llevara escoltas policiales, el miedo nunca desaparecía. «Me decían que había jodido muchas apuestas, que había mucho dinero de por medio. Incluso intentaron demostrar que yo también estaba implicado. Pero yo tengo mis principios. Me han educado así», destaca.

Saad se despidió del Eldense pero tuvo muchas dificultades para encontrar equipo -«ningún club quería que se le vinculara con el amaño de partidos»- y acabó recalando en el Ascó, primero, y en L’Hospitalet, después. Ahora, mientras se recupera de una lesión que le ha mantenido alejado de los terrenos de juego desde enero, reflexiona: «A pesar de todo, volvería a hacerlo. Pero anónimamente, sin dar la cara, porque hemos sufrido muchísimo. Aunque ni siquiera sé si valió la pena. Pensaba que las cosas cambiarían, pero ha vuelto a pasar lo mismo. El fútbol cada día está más podrido», repite. Y lo hace con el gesto desolado de quien no sabe cómo puede explicarle a su hijo de 4 años que algunos han sido capaces de cargarse algo tan bonito.