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PROTAGONISTA DISCRETO EN EL CLUB DE LA CAPITAL AUTONÓMICA

Emblema romano

Fernando Torres, mítico delegado de campo, sueña ya con el ascenso del Mérida el domingo

 

Fernando Torres. -

JOSÉ GAGO
31/05/2019

Pasan los años, pasan los jugadores…pero el escudo y Fernando Torres permanecen intactos en el Mérida. «Empecé en un equipo que se llamaba Los Milagros y de su fusión con el Santa Eulalia salió la Augusta Emérita. Nos llamó Pepe Fouto para ser el filial y pasamos a ser el Mérida Promesas. Ahí empezó mi relación con el club», narra.

Y es que si Torres (Mérida, 1954) es un baluarte del club, el Mérida también juega un papel importante en su vida. «Para mí lo es todo, siendo un crío salía en el recreo para ver los entrenamientos del equipo en 1964», explica el actual delegado de campo del Mérida. Y que, de nuevo, está deseando que su equipo ascienda el domingo ante el Socuéllamos. Muchas alegrías y penas a sus espaldas.

«Esto seguirá existiendo, pasaremos muchas personas, pero la esencia del Mérida siempre quedará. Siempre ha sido respetado y admirado, aunque creo que nos valoran más fuera de nuestra región», confiesa un hombre que nunca ha querido focos.

«Nunca he concedido una entrevista, la labor del delegado es estar a la sombra. Estar a disposición del árbitro, los jugadores y los entrenadores. Aunque también va en mi forma de ser, soy tímido y no me gusta el protagonismo», apunta. Recientemente fue homenajeado por el club.

Ha visto desfilar por el palco a varios presidentes, al igual que por el banquillo decenas de entrenadores y centenares de jugadores pisando el verde. «Me quedo con la época dorada, las temporadas en Primera», rememora.

«Tengo mucho cariño a todos los presidentes, a todos, pero Fouto fue quien me dio esta oportunidad. Y me mantuvo en Primera División. Dani Martín lo está haciendo muy bien», asegura.

Y, sin dudarlo, él se queda con un valor del Mérida: su afición. «Esta afición lo único que pide es entrega y lucha, que el jugador dé todo en el campo. Luego puede perdonar la derrota, aunque como es lógico les gusta ver ganar a su equipo», describe.

La hinchada será factor clave: «En un momento como este debe responder. Volver a Segunda B sería muy bonito. Les pido eso, que todos vengan a animar que luego celebremos el ascenso».

Futuro y nervios

No mira más allá del domingo. «No sé qué pasará, ahora vamos a subir que es lo que importa y luego ya veremos. Mi hijo lleva tiempo también ligado al equipo y es un orgullo para mí que sea el heredero. Es muy especial», apunta. En caso de ascenso el domingo, estará en la Plaza de España. «Iré, claro. Lo celebraré pero me quedaré, como siempre, en un segundo plano. No será un partido fácil, el Socuéllamos es un muy buen equipo, pero espero que podamos lograr la victoria», desea.

Y tiene su propio talismán. «Tras la derrota en Navalmoral, que fui en pantalón, decidí pasar al chándal y polo. Desde entonces no hemos perdido».