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Frazier, adiós a una época dorada del boxeo

 

SALVADOR Calvo
10/11/2011

Ibamos los sábados noche a las veladas del pabellón Alamedilla de Salamanca. Había tres-cuatro combates de aficionados y un par de profesionales. Recuerdo a Angel Guinaldo, campeón de España, y a Argido, charro también, que peleó con Gitano Jiménez con nulo. En la docta había afición al boxeo. En toda España la había. Italianos y españoles se repartían las coronas de todas las categorías. Los mayores recordarán: Young Martin, Fred Galiana, Luis Folledo, Sombrita, Manolo Calvo, Ortiz, Carrasco, Velázquez, Legrá-

También los sábados noche, en televisión, tras un programa de variedades con fulanos cantando, niñas bailando, humoristas y demás pamplinas, despedían al personal con el himno nacional y el alma se serena; pero algunos , en vez de irnos al sobre, nos quedábamos hasta ver el rótulo en pantalla: 'Boxeo', y asistíamos, en el Campo del Gas madrileño, a memorables combates.

Por aquel tiempo reinaba en la categoría de los pesados Cassius Clay, Muhammad Alí, y cada dos o tres meses televisaban sus combates. Años en los que vimos cómo el gran Alí vencía a Sonny Liston, Patterson, Chuvalo, Ernie Terrel, Zora Folley, Cleveland Willians, Bonavena, Quarry, Cooper, Milderberger...

Hasta que en el año 71 se encontró con el crochet de Joe Frazier. El crochet de izquierda más efectivo que nunca vimos. Frazier acaba de morir y lo recordamos con nostalgia; como recordamos todos aquellos tiempos en los que la vida aún estaba por delante. Adiós, Joe, 'Smoking Joe', un tipo de físico nada espectacular, pero un peleador increíble. Era asombroso verlo moverse incesantemente y largar unos golpes terroríficos.

Hace años escribimos el adiós a otro de nuestros púgiles favoritos: Floyd Patterson, y hoy despedimos a Frazier, por el cual sentimos una profunda admiración y enorme simpatía. Con él se va definitivamente una época dorada del boxeo norteamericano y mundial, y se van también aquellos años en que caminábamos llenos de ilusión por la calle Zamora abajo, hacia la Plaza, luego la Rúa y al cabo, la Facultad de Letras.

Adiós Joe; que en ese ring en el que estás ahora seas tan valiente como fuiste en el otro.