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EL PROTAGONISTA EN EL DEPORTE BASE EXTREMEÑO

Juan Félix Pino, el ‘ángel’ de La Paz

El conserje de un polideportivo de Mérida salvó la vida a una persona que presenciaba un partido de alevines cuando le sobrevino un infarto

 

El héroe 8 Juan Félix Pino, esta semana en un parque de Mérida. - CEDIDA

JOSÉ GAGO
01/03/2019

La pelota rodaba el pasado viernes en el Polideportivo Municipal La Paz (Mérida) a las 17.30 horas. Un partido entre los alevines del Imperio e Internacional, equipos de la ciudad. De repente, el padre de uno de los jugadores cae fulminado al suelo. Nadie sabía cómo actuar. Desconcierto. Sin embargo, un superhéroe sin capa estaba destinado a salvar aquella vida.

«Estaba viendo tranquilamente el partido, me llamaron al teléfono y tuve que salir fuera. Al volver, vi un barullo tremendo de gente, me acerqué y vi que a ese hombre le estaba dando un ataque cardiaco: actué, hice lo que me enseñaron en los cursos de primeros auxilios que he hecho», narra el conserje Juan Félix Pino (Mérida, 1954).

25 años siendo conserje, apartado de los focos del deporte, pero siempre pegado a él. «Varias personas me han parado por la calle y me han dado las gracias por lo que hice, pero no me siento ningún superhéroe, cumplí con mi deber e hice lo que tenía que hacer», señala este ángel de la guarda.

De momento, el varón sigue hospitalizado, pero mejora día a día, según cuenta Juan Félix. «Hablo a diario con la enfermera del hospital, que me manda información sobre el estado del hombre al que salvé la vida. No podría ir a verlo, porque soy muy sensible. Lo conozco personalmente», aduce.

Y para el futuro, Pino pide más cursos de primeros auxilios. “He actuado varias veces, pero por alguna caída de algún niño que se hace daño en alguna pierna, pero en situaciones de la gravedad de lo del viernes, nunca. Estaba muy nervioso. Aconsejaría que se hicieran más cursos», comenta. No es consciente aún de que ha salvado una vida. «Es lo que me gustaría que hiciesen conmigo. Son momentos en los que no sabes qué hacer, suerte que llevaba un bolígrafo y lo pude usar para que no se tragase la lengua. Ojalá nunca me tenga que ver en otra situación así».

El ángel de la guarda emeritense. Una buena persona, sin duda alguna, que «lo volvería a hacer por cualquiera».