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UNA PROBLEMA DEL MUNDO RURAL

Laura quiere jugar al fútbol

Desde los 8 años Laura Mena, futbolista del CP Valencia de Alcántara, comparte terreno de juego con niños, pero la próxima temporada, cuando ya será cadete, no podrá seguir: no puede haber plantillas mixtas y en su pueblo no hay equipo femenino

 

Equipo 8 Laura Mena (de rodillas, cuarta por la izquierda), junto a sus compañeros de esta temporada. - CEDIDA

Laura quiere jugar al fútbol. Y le gustaría hacerlo en su pueblo. Esta Laura es Laura Mena, que vive en Valencia de Alcantara y en agosto cumple 14 años, pero podía ser cualquier otra niña de la Extremadura rural, con pueblos pequeños donde los niños son cada vez más escasos y la media de edad no para de crecer. Laura quiere jugar al fútbol, pero la próxima temporada ya no lo podrá hacer en su pueblo. Allí no hay equipo femenino. No hay niñas suficientes que quieran jugar al fútbol para formar uno. Y desde la categoría cadete, la que será la suya a partir de agosto, ya no puede haber equipos mixtos.

Hace varias temporadas, la Federación Extremeña de Fútbol eliminó las competiciones mixtas a partir de la categoría cadete en un deseo de impulsar el deporte femenino. La estrategia está bien para las ciudades, pero se olvida de los pueblos, donde formar un equipo femenino es más difícil por una sencilla cuestión numérica, no hay niñas suficientes. Las obliga a tomar la decisión de dejar el deporte o desplazarse a otras localidades. Y ahí tampoco es igual para todas en una región tan grande como Extremadura.

En mayo Laura jugó su último partido de la temporada con el equipo infantil del CP Valencia de Alcántara, donde era la única niña. Centrocampista, estaba en el club desde los 8 años, pero ya desde antes el fútbol era su pasión. Es su pasión. Seguidora de Isco y del Madrid, al abandonar el campo en ese último partido iba triste, casi al borde del llanto. «¿Qué te pasa?», le preguntó su madre, Marisa Carballo. «Es mi último partido, es injusto, no sé por qué no puedo seguir jugando, ¿es porque soy chica?», le soltó la niña.

Rabia e impotencia es lo que sintió Marisa. Sabía que ese momento llegaría, ya le había pasado a otras niñas. Por eso ha tratado de hacer algo. Escribió una carta y la mandó a la Federación Extremeña, al presidente de la Junta y a los periódicos.

Recibió una llamada de presidencia de la Junta donde le dijeron que Vara había leído la carta y que se solidarizaba con ellas, pero que poco más podía hacer.

También le ha respondido la federación, que incluso propuso una reunión para tratar de buscar una solución. A Badajoz acudió Marisa junto a su marido y allí le esperaba el secretario general de la Federación, Sergio Merchán, la vicepresidenta, Marisa Aguilera (estos días con la selección española en el Mundial de Francia), un técnico del Santa Teresa y una jugadora profesional.

«Me dijeron que continuar con los equipos mixtos iba en contra del deporte femenino, que necesitan a las niñas para formar equipos, pero eso es en las ciudades», cuenta Marisa. Incluso le plantearon la opción de crear un equipo en San Vicente de Alcántara, a solo 13 kilómetros de su pueblo. «Pero he hablado con el coordinador del club de allí y me reconoce las dificultades para formar un equipo de niñas de la categoría de Laura».

La única solución, viajar hasta Badajoz o Cáceres, una hora de ida y otra de vuelta en ambos casos, más el tiempo de entrenar. «Hay niñas que lo hacen, que sus padres pueden hacerlo, pero es mucho tiempo, demasiado tiempo que le restará a sus estudios», apostilla la madre. «Con estas medidas se empobrecen los pueblos. Qué va a hacer mi hija el año que viene», se pregunta Marisa. La pregunta queda en el aire. Y Laura no sabe si podrá seguir jugando al fútbol en su pueblo.