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MOTOCICLISMO 3 GRAN PREMIO DE INGLATERRA

Rins golpea a Marc Márquez

El emergente jefe de Suzuki derrota al campeón, más líder, sobre la misma línea de meta

 

Rins festeja su victoria en el podio. - EFE

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
26/08/2019

Inglaterra, Silverstone, le debía un domingo sonado, grande, pletórico, enorme, al Mundial de motociclismo tras la suspensión por diluvio del pasado año. Y se lo regaló. Lo inventó con un sol de justicia, casi español, nada brexit.

Y, correspondiendo a un día muy español, la armada invencible se adueñó del gran premio, celebró a lo bestia que son la mejor camada de la historia y ganó las tres carreras, ¡las tres!, sumando el tercer triplete del año tras Barcelona y Brno, y está ya en 35 tripletes históricos, además de colocar a tres muchachos más sobre el ‘cajón’.

Marcos Ramírez (Honda, Moto3), un hombretón de 21 años de Conil de la Frontera, hizo fantasía de colores sobre la moto, pese a tener ya cuerpo de Moto2, que es la categoría donde correrá el año que viene y su recital acabó humillando a su colega de equipo, el líder Lorenzo Dalla Porta, y al candidato español, Aron Canet (KTM), que se levantó del suelo después de que Albert Arenas (KTM) lo tirase y, tras pasar el 30 en el tercer giro, acabó el 13º y salvó los papeles, peleando aún por el título, pues está solo a 14 puntos de Dalla Porta, cuando restan 175 en juego.

Luego aparecieron los monstruos de MotoGP y la que todo el mundo pronosticó como la ‘madre de todas las batallas’ empezó con sangre y fuego en la primera curva, cuando el ‘rookie’ Fabio Quartararo perdió el control de su Yamaha, se cayó, la extendió en la pista y Andrea Dovizioso (Ducati), el único que le puede hacer sombra a Marc Márquez, salió catapultado hacia el cielo, se estrelló, se dañó la espalda, perdió unos segundos el conocimiento, mientras su ‘bala roja’ se incendiaba. El ‘Diablo’ salió andando; ‘Dovi’, en camilla y, en el hospital de Conventry, dijeron que estaba bien. Destrozado, ya casi sin título, pero bien.

LUCHA ABIERTA / A la sangre y fuego del arranque siguió la pizarra más alentadora que Jarvi Ortiz, uno de los mecánicos de Márquez, podía enseñarle a su jefe: «FABIO DOVI OUT». Haz lo que quieras era el mensaje. Y así lo hizo. Márquez, que salía desde la ‘pole’, había dicho el sábado que «aquí todos corren para ganar el gran premio; yo, para conquistar otro título». Y en eso se tradujo la carrera. Se fueron Márquez y Àlex Rins (Suzuki) y, un poquito más atrás, todos los demás, empezando por Maverick Viñales y Valentino Rossi.

Márquez llevó el peso de la 20 vueltas y Rins corrió muy pícaramente pegadito a su colin, dejando correr la Suzuki, un milagro en las curvas, un tren eléctrico en los giros, una maravilla de chasis en las ‘eses’ y esperando su momento. «Yo aflojé, corté gas varias veces para dejar pasar a Àlex y que tirase un poco él, pero Rins no quiso y debí llevar yo el peso de la carrera, de lo contrario Viñales se hubiese acercado e igual acabo tercero, lo que no quería pues necesitaba los máximos puntos posibles para escaparme aún más de ‘Dovi’», confesó Márquez.

Llegó la última vuelta y, en efecto, Rins, que estuvo a punto de perder la carrera «porque empecé la penúltima vuelta creyéndome que era la última», se abrió al llegar a la última curva, la de derechas que da entrada a meta, y cuando Márquez creyó que le haría un ‘por fuera’, se coló por dentro, su tren trasero, más entero, menos gastado, traccionó mucho mejor y le ganó por solamente 13 milésimas en la misma línea de meta.

La fiesta empezó con el simpático Ramírez saltando en el podio y concluyó con el no menos señorial Augusto Fernández, un chaval de Madrid, de 21 años, rescatado de las profundidas de la competición por Sito Pons, que triunfó a lo grande, llegando desde atrás, en Moto2.

Que no se vayan de Europa. Silverstone es territorio español. Y de grandes exhibiciones.