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motociclismo 3 gran premio de estados unidos

Rins hace de Márquez

El piloto de Suzuki aprovecha la caída del campeón de Honda y fulmina a Valentino Rossi

 

Àlex Rins, loco de alegría en el podio de Austin. - EFE

Àlex Rins, loco de alegría en el podio de Austin. - EFE

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
15/04/2019

Tremenda decepción. Tremendo error. Siempre han ocurrido esos fallos en las impresionantes carreras de Marc Márquez (Honda) hacia sus títulos mundiales, todos, desde el de 125cc hasta los cinco de MotoGP, pasando por el Moto2. Todos, todos, han sido salpicados de caídas, de errores de fogosidad, de ceros, pero casi siempre ha estado a tiempo de superarlos, de neutralizarlos. Y, precisamente, el primer cero del 2019 se produjo en el único sitio que no lo esperaba. Eso sí, la caída del heptacampeón del mundo abrió los cielos, los inmensos cielos, la gloria, la tentadora gloria, a uno de los pilotos que más lo merecen, al joven Àlex Rins, la apuesta de Suzuki, de la Suzuki del viejo Kevin Schwantz, que fue campeón con ella en 1993.

En uno de sus trazados talismán, junto al de Sachsenring, en Alemania, en el precioso circuito de Austin, Texas, EEUU, donde siempre había ganado desde el 2013, es decir, llevaba seis coronas seguidas, en la vuelta 8 de las 20 que tenía la carrera, el heptacampeón del mundo ha perdido el control de su RC213V, cuando ya llevaba más de tres segundos sobre el veterano italiano Valentino Rossi (Yamaha), se ha caído y, pese a intentarlo, no ha podido volver a la pista.

El fallo de Márquez, que iba directo, no solo hacia su séptima victoria en Austin sino a la consolidación de su liderato mundialista antes de llegar a Europa, de correr en Jerez, sirvió en bandeja el triunfo a un prodigioso Rossi, 30 grandes premios después de su último triunfo, casi 700 días más tarde, en Assen, Holanda, en el 2017.

Pero, de pronto, escalando posiciones de una forma magistral, llegando desde atrás con la seguridad que ya había demostrado, no solo al final de la pasada temporada sino también, también, en el inicio de la actual, un espectacular Àlex Rins y una eficaz Suzuki se convirtieron en la pareja del gran premio. Rins, que ha reconocido públicamente que su ídolo de siempre fue Rossi «¡y acabo de vencerle!», fue acercándose poco a poco al ‘Doctor’ tras superar a Miller. La manera en que el joven de Lleida llegó al colín de Rossi dio a entender de inmediato que se lo comería. Y, sí, ocurrió, con la ayuda de un error del ‘Doctor’, que se fue largo al final de la gran recta de Austin (el lugar donde Márquez se fue al suelo), para tomar el mando de la carrera con una seguridad y una experiencia pasmosa.

Rossi, que aún tuvo fuerzas y coraje para asustar a todo el boxe de Suzuki pero no a Rins, se acercó muchísimo al catalán en la última vuelta, pero Àlex cruzó la meta como vencedor y se volvió loco. Loco de alegría, de felicidad, de heroicidad, pues lleva toda su vida soñando con este momento, el de ganar su primera GP de MotoGP y, por supuesto, de convertirse en candidato al título, posibilidad que incluso el propio Márquez anunció en Catar, el mismo día que empezó el Mundial.

PURO ESPECTÁCULO / Rins dio una vuelta loca, loca, loca a Austin y se abrazó a todo el mundo, por supuesto a su compañero Joan Mir, castigado en la salida, y celebró como nunca su victoria más grande. A los 23 años, en su gran premio número 122 y tras 12 triunfos en el Mundial (8 de Moto3 y 4 de Moto2), Rins está ya entre los ‘reyes’ de la máxima categoría.

Y la llegada de Rins, uno de los buenos, buenos, que aún no ha conquistado título mundial alguno, al banquete de los ‘magníficos’ sitúa, tal y como había presagiado este invierno el mismísimo Marc Márquez, la pelea por la corona más grande en una conquista complicadísima, vistosa, vibrante. En un puño, en solo nueve puntos, cuando aún resta toda la campaña, están metidos, no solo cuatro enormes pilotos --Andrea Dovizioso (54 puntos), Valentino Rossi (51), Àlex Rins (49) y Marc Márquez (45)--, sino las cuatro grandes marcas que aspiran al cetro: Ducati, Yamaha, Suzuki y Honda.

Tenía razón, mucha razón, Márquez cuando criticaba a aquellos que se creían que todo iba a ser fácil para él. Tenía razón en cuestionar a los que aseguraban que Rossi estaba ya acabado. Tenía razón en elogiar la manera en que corre ‘Dovi’, haciendo la cuenta de la abuela y esperando, cuando no puede ganar (como ayer), el fallo del rival. Tenía razón cuando, ya desde el primer test en Sepang (Malasia), dijo que Rins estaría entre los candidatos a la corona. Y tuvo razón cuando, al aterrizar en Austin, donde todos le daban por ganador (en verdad, volvió a tener la victoria en sus manos), dijo que un solo fallo (“si se me sale la cadena en carrera, todo se va al traste”) igualaría las cosas.

«Por más que le des vueltas a qué sensaciones tendrás el día que ganes tu primera carrera de MotoGP, es imposible hacerse a la idea», reconoció ayer Rins, feliz como nadie. «Junto a Rossi en el podio, después de superarlo en carrera, es una sensación única». La que se merecía Àlex Rins.