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TOUR DE FRANCIA 3 la novena etapa

Soler descubre lo caro que cuesta un triunfo en la ‘grande boucle’

El español pelea por una etapa que gana Ympey

 

Daryl Ympey cruza la meta por delante de Tiesj Benoot. - REUTERS

SERGI LÓPEZ-EGEA
15/07/2019

En la oficina se está mejor unos días que otro. La oficina ni tiene aire acondicionado, ni techo para refugiarte del sol, la lluvia o el viento. La oficina de los ciclistas es la carretera, donde muchas veces se improvisa el trabajo. No valen ni las reuniones con el jefe, ni la planificación de lo que debería ser una jornada de trabajo perfecto. Te metes en la escapada, aprovechas los relevos del resto de fugados, atacas en la cuesta que hay a 13 kilómetros de la llegada y levantas los brazos en la meta de Brioude, el pueblo de Romain Bardet. Si fuera tan fácil, cualquiera con una buena bici y unas piernas estelares podría correr el Tour y hasta ganar una etapa. Pero va a ser que no.

A Marc Soler le habían dicho que su trabajo en la oficina –los ciclistas así denominan irónicamente a la carretera, donde trabajan– debía estar dedicado ayer a colarse en una fuga anunciada por todos lados, que se formaría nada más partir de Saint Étienne y antes de afrontar la primera de las tres cuestas dibujadas sobre el Macizo Central. El sábado fue día de esfuerzo de los líderes a la estela de Julian Alaphilippe que recuperó el jersey de líder que exhibía Giulio Ciccone. Ayer, en cambio, la jornada laboral indicaba fuga a la carta. Y así fue. Se fueron 14. Soler era el designado por el conjunto del Movistar, con un doble cometido: luchar por la victoria y acumular minutos para que la escuadra pudiera seguir con el mano a mano que mantiene en la clasificación por equipos frente al Trek, que por ahora son los líderes.

ESCAPADA ORGANIZADA / Se fueron 14, entre ellos Jesús Herrada (Cofidis) e Iván García Cortina (Bahréin). Pero, ¿dónde estaba Soler? Pues en el pelotón. Grito al auricular y ataque a destiempo, cuando los escapados ya estaban a casi un minuto. Soler partió entonces con toda la fuerza que su alma podía transmitir a las piernas. Esfuerzo titánico, que luego se paga, para enlazar durante la ascensión de la primera montaña. «Entré a destiempo y tuve que esforzarme en el primer puerto. Llegué al grupo un poco muerto».

Laurent Jt Jalabert, que de ciclismo sabe mucho, repetía una y otra vez en la televisión francesa que Soler era el favorito. Pero los escapados no le escuchaban. Soler, ganador el año pasado de la París-Niza, en su segundo Tour. Pero Soler no tenía el mejor día en su ’oficina’. Ya se sabe hay jornadas mejores y peores. «El final fue muy pero que muy duro». Y Soler se cortó. En Brioude ganó Daryl Ympey, el campeón de Sudáfrica. El pelotón de las figuras llegó 16.25 minutos después.