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tour de francia 3 la etapa de saint etienne

Thibaut Pinot muestra sus credenciales en un Tour que lidera Julian Alaphilippe

El francés, principal favorito para ganar en París tras su trabajo de ayer

 

De Gent, entrando en vencedor, ayer. - EFE

SERGI LOPEZ-EGEA
14/07/2019

Francia ya tiene con quién soñar. En una larga avenida de Mâcon, la ciudad donde nació el futbolista Antoine Griezmann hace 28 años, los equipos del Tour aparcaron los autocares. Como es habitual costó Dios y ayuda que los corredores salieran de los vehículos. Y allí estaban decenas y decenas de aficionados reunidos alrededor del autocar del Groupama, el equipo de Thibaut Pinot. Enfermo y con dudas Romain Bardet, Pinot ya es el escogido.

Pinot ya se ha cargado a las espaldas la responsabilidad de ganar la ronda francesa 34 años después de que un compatriota suyo --menudo compatriota- Bernard Hinault-- entrase triunfal y de amarillo en la meta de los Campos Elíseos.

Animado por miles de aficionados en el único fin de semana en que toda Francia se acuesta de madrugada y las carreteras se colapsan hasta lo inimaginable -este domingo es 14 de julio, la Fiesta Nacional- Pinot saltó al escenario del Tour sabedor, como todos, de que Julian Alaphilippe quería recuperar el jersey amarillo que Giulio Ciccone le había birlado en la Planche des Belles Filles. Como si se tratase de un libro abierto el ataque estaba anunciado en la asfixiante pero corta cota de Jaillère, apenas a 12 kilómetros de Saint Étienne. Todos, absolutamente todos, lo sabían pero solo Pinot fue capaz de aguantar el ritmo de la bici de Alaphilippe convertida en un misil de largo alcance.

¿No quisieron? Falso. No pudieron. Porque no es cuestión de regalar tiempo a Pinot, tercero en la edición del 2014 y ganador el año pasado de las etapas de los Lagos y La Rabassa en la Vuelta. Pinot, nervioso, es de los que no se esconde, de los que da la cara e, incluso, de los que puede perderse con un esfuerzo tal vez innecesario y tácticamente discutible. Pero benditos sean los corredores ofensivos porque de ellos será el reino del ciclismo.

El testimonio / Si no quisieron, grave error. Valgan las palabras de Mikel Landa. «Hay mucho rival todavía en la pelea. Hasta que no lleguen etapas más duras será difícil saber a por quién salir», andalizó. Pues, a no ser que dentro del pelotón se vea otra cosa o se esté convencido de que Pinot tradicionalmente siempre tiene un día malo, con él hay que aplicar la teoría de que al enemigo ni agua, por muy simpático que parezca.

Solo Geraint Thomas estaba dispensado porque se había dado poco antes del ataque del dúo francés un calentón muy serio tras irse al suelo y romper el cuadro de su bici al verse envuelto en una caída. Fueron solo unos pocos segundos en la meta, 26 en total sumada la bonificación, pero Francia que reparte, según ciudades, la gran fiesta del país entre la noche de este sábado y la del domingo, ya tiene unos motivos extras para lanzar más fuegos artíficiales.

Al liderato recuperado de Alaphilippe, quien quiere llegar de amarillo a los Pirineos, ya pueden añadir el sueño agradable de ver a uno de los suyos paseando de amarillo por París.

Porque Pinot hasta exhibe el dorsal 51, el de Luis Ocaña, y el que llevaron clavado en la espalda Eddy Merckx e Hinault en la primera de sus cinco victorias. Impulsados y animados, Pinot y Alaphilippe mantuvieron siempre una pequeña diferencia de segundos y coraje con el resto de figuras, tan desorganizadas, que hasta asustaba. Mientras, por delante, un fantástico Thomas de Gendt, conseguía una victoria épica, de las suyas, aliado solo con la compañía de su bici.

«Seguir a Alaphilippe fue como una victoria». Pinot ya ha exhibido todas sus credenciales y ya es el favorito a la victoria mejor situado en la general.