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Decisión de política monetaria

La Fed baja el tipo de interés en el primer recorte desde la crisis

Jerome Powell agita los mercados al no aclarar si el organismo prevé o no más recortes este año. El ajuste apunta a un esfuerzo preventivo ante riesgos globales pese a la fortaleza económica

 

El presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell. - AFP / ANDREW CABALLERO-REYNOLDS

Idoya Noain
01/08/2019

La Reserva Federal de Estados Unidos decidió ayer recortar un cuarto de punto los tipos de interés, un movimiento que deja el precio del dinero entre el 2 y el 2.25% y representa la primera bajada desde 2008, cuando en respuesta a la gran recesión los tipos se dejaron prácticamente a cero.

El significativo giro en la política económica que representa este primer recorte en más de una década, contra el que han expresado su voto disidente dos miembros de la Fed que abogaban por mantener los tipos, era ampliamente esperado y analizado mayoritariamente como un movimiento preventivo del banco central estadounidense más ante el potencial impacto de riesgos globales que ante la situación nacional actual, en la que la economía estadounidense sigue en crecimiento sólido, el mercado laboral está fuerte y el paro se encuentra por debajo del 4% y en su nivel más bajo en cinco décadas, los mercados parecen satisfechos y los consumidores gastan.

El comunicado de la Fed ratificó esos análisis explicando que el recorte se ha decidido «a la luz de las implicaciones de acontecimientos globales para las perspectivas económicas así como por la baja presión inflacionista».

El banco central, además, anunció que adelanta dos meses la suspensión del desprendimiento de activos que acumuló ante la crisis. Aunque había marcado septiembre como la fecha en que acabarían esos esfuerzos para reducir su balance, le ha puesto fin en esta reunión.

Los críticos consideran innecesaria y hasta peligrosa una bajada de tipos que, además, está rodeada también de un problema de imagen, pues llega tras un aluvión constante de críticas y presiones del presidente, Donald Trump. El mandatario ha cuestionado repetidamente las subidas de 2018 adoptadas bajo el mandato de Jerome Powell, al que él eligió para presidir la Fed; dice que sin esos recortes la economía habría crecido «como un cohete», habla directamente de que «se han equivocado» y reclama constantemente recortes «grandes». Con todo ello pone en juego la imagen de independencia del banco central.

FANTASMAS DE WASHINGTON / Powell y el organismo intentan alejar esos fantasmas de influencia de la Casa Blanca, buscando razones económicas que argumenten sus movimientos y entierren la idea de que actúan guiados por intereses partidistas cortoplacistas y no por razones económicas. Y su recorte está más motivado por preocupaciones sobre la lenta subida de la inflación, que se mueve por debajo del 2% marcado como objetivo, que por señales de inquietud en el mercado de bonos y también por lo que ven como peligros globales. No solo se prevé una ralentización del crecimiento mundial, sino que las guerras comerciales abiertas, precisamente, por Trump siguen acentuando la incertidumbre.

El propio Powell, el último mes, había dejado claro ese razonamiento. En un discurso en París hace dos semanas hablaba de que «perseguir los mandatos nacionales (en EEUU) en este nuevo mundo requiere que comprendamos los anticipados efectos de interconexiones (globales) y que los incorporemos en nuestras decisiones». En una comparecencia en el Congreso apuntó a que «las incertidumbres sobre crecimiento y comercio global siguen pesando en las perspectivas» económicas. Y también ha asegurado que la conexión entre paro bajo y subida de la inflación «se ha hecho más y más débil».

El recorte tiene un claro carácter preventivo y tintes de prudencia para intentar prolongar la expansión económica. Teóricamente con un recorte de tipos lo habitual es que bajen los costes de hipotecas y de los préstamos que buscan las empresas y se activen el mercado inmobiliario, la inversión empresarial y, en general, la actividad económica. Pero lo que los críticos y los más escépticos temen es que el banco central está reduciendo su propio espacio para maniobrar en el futuro si empeora la situación económica.

Además, alertan de que las rebajas incentivan prácticas arriesgadas, sobre todo de instituciones financieras a la hora de prestar, lo que podría acabar llevando a burbujas y explosiones, pero también en el endeudamiento corporativo, que en estos momentos ya se encuentra en niveles altos.