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Editorial

Escalada en la crisis EEUU-Irán

 

La crisis con Irán deseada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha adquirido el perfil perseguido por la Casa Blanca. Para blindar la estrategia de seguridad de Israel en Oriente Próximo y la pretensión hegemónica de Arabia Saudí en el golfo Pérsico, Trump denosta desde la campaña electoral del 2016 el acuerdo nuclear alcanzado por Obama con la república de los ayatolás, respaldado por la UE, Rusia y China. A partir del momento en que el presidente optó por abandonar el Plan Integral de Acción Conjunta e imponer sanciones a Irán, solo cabía esperar una escalada de la tensión. La decisión anunciada por el presidente Rohaní de dejar de vender los excedentes de uranio enriquecido y agua pesada ha sido el primer paso y hace que se disparen todas las alarmas porque significa que, más allá del envoltorio diplomático ad hoc, el régimen iraní se desentiende del acuerdo o, cuando menos, pone condiciones para no dejarlo. Los efectos del choque de trenes pueden ser enormes en el seno de la UE, que debe proteger los intereses de los inversores en Irán con la aplicación del Estatuto de Bloqueo para neutralizar eventuales represalias de EEUU contra empresas europeas y, al mismo tiempo, no puede desentenderse de una nueva carrera nuclear en el Golfo con una repercusión segura en el precio del petróleo y la estabilidad en la región. Un panorama que amenaza con fracturar la siempre precaria unidad de acción exterior de los Veintiocho.