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editorial

La quiebra de un gigante histórico

 

Thomas Cook, la segunda operadora global de turismo, cerró este lunes tras 178 años de historia. Lo hizo dejando colgados a más de 600.000 clientes en todo el mundo. Los acreedores y el principal accionista, la compañía china Fosun, no llegaron finalmente a un acuerdo para inyectar el capital y el crédito que la operadora necesitaba para seguir funcionando. Este repentino final ha obligado al Gobierno británico a poner en marcha la operación de repatriación más compleja desde la segunda guerra mundial. El Gobierno español estuvo al tanto de la operación y, de hecho, algunas cadenas hoteleras españolas intentaron poner los 200 millones que faltaban para hacer efectivo el salvamento. No es extraño que lo hicieran porque Thomas Cook era una pieza básica en el engranaje del principal sector de nuestra economía. Este lunes, sin ir más lejos, 70.000 británicos estaban hospedados en territorio español transportados por la operadora que posee 11.500 plazas hoteleras y trae cada año a 3,6 millones de viajeros. Todos los esfuerzos resultaron finalmente inútiles. Trabajadores y clientes son las primeras víctimas de este desastre, pero el golpe es duro para el sector del turismo y una muestra de las amenazas que sufre en este momento.

Thomas Cook era considerada la agencia de viajes más antigua del mundo. Y en su historia se concentra la evolución del sector en los dos últimos siglos. Empezó siendo una empresa de organización de desplazamientos al amparo de la revolución del ferrocarril y de la navegación marítima. Con el tiempo, y muy especialmente con el desarrollo de la aviación comercial a mitad del siglo XX, pasó a ser un gran tour operador, con capacidad de mover a millones de personas. Y acabó siendo un conglomerado integrado verticalmente, es decir, se hizo con la propiedad de los medios de transporte y de los hoteles, compitiendo con las compañías low cost a través de los paquetes «todo incluído». Pero ese modelo, basado en economías de escala y en el control de una sustancial parte del mercado lo que le permitía pactar a la baja con los proveedores, no ha resistido la última revolución del turismo con la aparición de plataformas digitales de ventas de billetes y de estancias -incluido el alquiler de apartamento turísticos entre particulares- que ha dejado fuera de juego, como en tantos otros sectores, a los intermediarios. A pesar de haber sido siempre una compañía innovadora -inventó los cheques de viaje y los vouchers-, Thomas Cook no ha resistido este nuevo tipo de competencia que no alteraba solo los precios sino la misma naturaleza del sector turístico.

No hay que descartar que la caída abrupta de Thomas Cook tenga que ver también con la coyuntura económica mundial. La hipótesis de un brexit salvaje cuestiona cualquier inversión en Gran Bretaña y en el caso de una operadora turística pone en entredicho la continuidad de su negocio, una parte sustancial del cual se enclava en la Unión Europea: Alemania, España y en los países escandinavos. Malas perspectivas para una compañía herida de muerte.