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Mirador

La cuadratura del círculo

 

Joaquim Coll Joaquim Coll
06/12/2019

La cuadratura del círculo fue uno de los grandes problemas de la geometría al que se enfrentaron en la Grecia clásica. Consistía en intentar construir, con la regla de graduar y el compás, un cuadrado que tuviera la misma área que un círculo dado previamente. Lo consiguieron solo de forma aproximada, recurriendo a trampas ingeniosas. El problema trajo de cabeza a los matemáticos durante siglos hasta que, en 1882, el alemán Ferdinand von Lindemann demostró que era irresoluble. Por eso la expresión la cuadratura del círculo alude coloquialmente a algo imposible de lograr. Pues bien, la política está repleta de esas cuadraturas intratables excepto que se haga trampas o se acepte que su resultado sea imperfecto. Y en eso están ahora mismo socialistas y republicanos a cuenta de la investidura. Buscan una solución ingeniosa que permita a Pedro Sánchez afirmar que «el acuerdo estará siempre dentro del marco constitucional» y a ERC exhibir un diálogo sin condiciones entre gobiernos para abordar la autodeterminación.

¿Es posible cuadrar el círculo de esa forma? Solo en la medida que los republicanos acepten, aunque sea con discreción, que esa mesa no va servir para negociar la soberanía, de gobierno a gobierno como algunos pretenden, sino solo para que puedan plantear su demanda autodeterminista en algún otro sitio que no sea la barra del bar del Congreso de los Diputados. En realidad el juego es bastante absurdo porque los de ERC no hablan de otra cosa desde el 2012, sobre todo en el Parlament donde junto a los otros grupos independentistas la liaron gorda en el 2017 y donde continúan aprobando resoluciones anticonstitucionales. Pero son incapaces de reconocer su derrota y no quieren bajarse del burro del procés, no tanto porque carezcan del sentido del ridículo sino porque tendrían que pedir perdón a todos los catalanes. Esta misma semana, desde la Consejería de Acción Exterior que dirige el republicano Alfred Bosch se insistía en un plan para encontrar un mecanismo que permitiera a esa república catalana entrar en la UE sin ningún veto, lo cual confirma lo que tantas veces han negado, que la secesión comportaría automáticamente la salida de la Unión.

Contorsionismo

Por su parte, los socialistas buscan en la magia de la chistera política un instrumento entre gobiernos que permita a los republicanos plantear sus reivindicaciones a cambio de la abstención. Van a tener que hacer un ejercicio de contorsionismo peligroso porque con según qué movimientos el equilibrio se pierde fácilmente. Ya les ocurrió con la declaración de Pedralbes, acordada en diciembre del 2018, que meses después se fue al traste por la crisis del «relator».

El obstáculo mayor es que ERC no va poder reconocer en público que esa mesa, o lo que se invente para ello, solo va a «encauzar expresiones» de un conflicto político, como ha dicho José Luis Ábalos.

Pero que no hay negociación posible que desborde la Constitución. En último término, pues, son los republicanos lo que van a tener que transigir, si optan finalmente por facilitar la investidura de Sánchez, ante la imposibilidad de cuadrar sus exigencias.