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El giro de Cs para abstenerse recibe el desdén de PP y PSOE

Rivera plantea sin éxito a Casado exigir a Sánchez que no haya indultos, abordar el 155 y otra política fiscal. El líder socialista rechaza negociar con el líder naranja e insiste en que la derecha facilite su investidura gratis

 

Albert Rivera, en rueda de prensa. - DAVID CASTRO

Pilar Santos / Juan Ruiz Sierra
16/09/2019

Cuando todos los focos alumbraban a la izquierda, la propuesta llegó por la derecha. A riesgo de echar por tierra su estrategia estos últimos meses, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, planteó este lunes al mediodía al PP una abstención conjunta para facilitar la investidura de Pedro Sánchez a cambio de algunas condiciones. La idea tuvo poco recorrido y antes de la noche se había agotado. No obstante, tanto en la sede de los populares como en la Moncloa sacaron una lectura positiva: fuentes de ambas instituciones señalaron que Rivera, con este movimiento, admite de manera implícita su error al no haber intentado negociar un acuerdo programático con el PSOE (con quien suma mayoría absoluta) y también augura un entendimiento más fácil con Sánchez tras la más que probable repetición electoral.

Era la primera vez, desde el 28 de abril, que Rivera mencionaba la posibilidad de abstenerse y olvidaba su veto al líder del PSOE. Y eso que, en estos meses, tres políticos destacados de su partido, Toni Roldán, Francisco de la Torre y Javier Nart, han pedido un replanteamiento de esa estrategia y han dado un portazo al partido. Rivera justificó su movimiento de última hora diciendo que España está en una situación "límite", que necesita "una solución de Estado" y ofreció su abstención ligada, de manera indefectible, a la del PP. La propuesta que explicó a Casado incluían algunas condiciones que debía cumplir Sánchez: el compromiso de no indultar a los dirigentes encarcelados por el 1-O, la formación de una mesa para "planificar" el 155 en caso de que no se acate la sentencia del 'procés', una nueva política fiscal y la "recuperación" de Navarra, donde el PSOE gobierna con los nacionalistas de Geroa Bai y Podemos.

La reunión
Rivera pidió una cita con Pablo Casado y este aceptó. Ambos se vieron en el Congreso en el despacho del presidente de los populares aunque no hubo foto. El dirigente de Ciudadanos lleva semanas proclamando su voluntad de ser "el jefe de la oposición", pese a que los populares tienen nueve diputados más, 66 frente a 57.

Los populares descartaron la abstención y se afanaron en desmontar la estrategia de Rivera recordando que sus diputados y los del PSOE (en total, 180) suman mayoría absoluta. Además, fuentes de la dirección recordaron que las condiciones planteadas por Rivera ya se las reclamó en persona el líder del PP al propio Sánchez en los encuentros que han mantenido estos meses, aunque nunca, eso sí, a cambio de la abstención. Casado únicamente planteó en su momento que los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro (UPN), con quien el PP y Cs formaron la coalición Navarra Suma (ganadora de las elecciones), pudieran facilitar su investidura si los socialistas navarros les dejaban gobernar.

En cualquier caso, Sánchez, el segundo destinatario de la oferta de Rivera, también cerró la puerta. Primero, fuentes de la Moncloa señalaron que las condiciones que pedía Rivera, en el fondo, no tenían ningún sentido, porque en Navarra ya "hay un gobierno que defiende la Constitución", en Catalunya el Ejecutivo central "vela" por la Carta Magna y los socialistas quieren "bajar los impuestos a la clase media". Fue una forma de decir que no aceptaban los requisitos de Cs, ni tampoco pensaban negociarlos. Después, el propio presidente del Gobierno incidió en la misma idea. Sánchez volvió a pedir la abstención "técnica" de naranjas y populares, porque no había "ningún obstáculo real" que impida este gesto. Y ya por último, al final de la tarde, un comunicado del PSOE ofreció los mismos argumentos de forma más extensa.

La iniciativa de Rivera encontró el desaire de la mayoría de partidos, que le ven "desesperado" ante la caída que señalan las encuestas ante una posible repetición electoral. Fue el adjetivo que mencionaron tanto Joan Baldoví, de Compromís, como Juantxo López de Uralde, de Equo, y Ana Oramas, de Coalición Canaria. "Es un salto al vacío desesperado", afirmó esta última.

Audiencias en la Zarzuela
La ronda de audiencias del Rey con los portavoces parlamentarios sirvió, mientras tanto, para evidenciar que nadie ve probable el acuerdo. Ni en la izquierda, ni en la derecha. De Unión del Pueblo Navarro a IU, todos apuntaron a las elecciones, responsabilizando principalmente a Sánchez por su presunta falta de voluntad negociadora. Hay tiempo para el pacto hasta el martes por la tarde, cuando Felipe VI culminará las audiencias con los líderes políticos, pero a pesar de que los contactos informales entre el PSOE y Unidas Podemos se mantienen, con los primeros rechazando una coalición y los segundos insistiendo en esta fórmula, nada hace pensar en un movimiento capaz de desbloquear el escenario.