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EL PULSO SOBERANISTA

La Moncloa teme que Puigdemont regrese antes de la investidura

El regreso del 'expresident' plantearía una seria complicación al Estado: sobre la continuidad del 155 y sobre la firma del Real Decreto de su nombramiento por el Rey

 

El expresident Carles Puigdemont, el pasado 21 de diciembre, antes de conocer el resultado de las elecciones. - JOHN THYS (AFP)

JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
16/01/2018

La imposibilidad jurídica de una investidura de Carles Puigdemont, sea por vía telemática o por delegación, confirmada el lunes por el dictamen de los letrados del Parlament, ha alertado a los servicios de información de la Policía y a los de inteligencia ante la hipótesis de que el expresidente de la Generalitat decida volver para, aun siendo detenido, forzar su designación parlamentaria. El Ministerio del Interior baraja esa posibilidad y ha dispuesto mecanismos de vigilancia y control en carreteras y aeropuertos para detener al líder de Junts per Catalunya y ponerlo a disposición del magistrado instructor Pablo Llarena. La posibilidad de un regreso del fugado está cobrando fuerza día a día en la capital de España.

En Madrid solo se contempla la posibilidad de que Puigdemont pueda ser investido si vuelve, es ingresado en prisión y excarcelado por el instructor de la causa 20907/2017 exclusivamente para el debate que termine con su designación, de nuevo, como presidente de la Generalitat. Se aduce en estos círculos que la salida de prisión de Juan Carlos Yoldi en 1987, preso preventivo por pertenencia a ETA y comisión de varios delitos, se produjo por disposición del Tribunal Superior de Navarra porque el preso era el candidato de HB a la presidencia del Gobierno vasco.

Estas fuentes distinguen, en consecuencia, la delegación de voto que encomienda a la Mesa el juez Llarena, sin excarcelación por lo tanto, para Oriol Junqueras, Joaquim Forn y Jordi Sànchez, del eventual supuesto de un Puigdemont detenido pero que sería el candidato a la presidencia del Govern. Aducen que en ese caso, y a tenor de los criterios que maneja el magistrado (el juez penal no debe alterar en lo posible la correlación de fuerzas en la Cámara catalana en tanto no haya procesamiento por rebelión o sentencia), Puigdemont podría asistir al debate. Es indicativo que todos los electos titulares de JxCat hayan presentado desde el pasado lunes sus acreditaciones.

Pervivencia política 
La permanencia del expresidente de la Generalitat en Bruselas indefinidamente -la prescripción por los delitos de los que le acusa el fiscal es de 20 años- se considera "fatal" para la pervivencia política de Puigdemont porque, aun en el supuesto de que se forzase el reglamento del Parlament y se intentase una investidura telemática o por delegación, el TC la dejaría en suspenso tras la impugnación del Gobierno. "Nada complicaría más la situación que un regreso de Puigdemont porque detenerle, que sea investido y devolverle a la cárcel, plantearía al Estado y a la justicia una situación delicadísima". Se apunta a que un 'conseller' o 'consellera en cap' podría sustituirle en los temas más ordinarios o de gestión. "Una fórmula más operativa que mantenerse de icono o referencia en Bruselas pero sin ni siquiera una investidura simbólica. Tardaría dos meses en caer en el olvido". En el peor de lo casos, su estancia en la cárcel por una posible condena siempre sería mucho menor que su alejamiento por dos décadas de Catalunya.

Reforzando esta tesis se mantiene que la Mesa del Parlament que resulte  elegida este miércoles -en todo caso de mayoría secesionista- no tendría que forzar el reglamento de la Cámara ni contravenir el dictamen de sus letrados y de los servicios jurídicos del Estado, sino que pasaría el asunto a Llarena, que debería resolverlo como lo ha hecho con la delegación de voto de Junqueras, Forn y Sánchez, pese a los reparos que han opuesto los letrados del Parlament. Puigdemont dejaría de ser 'president' si es procesado o condenado, pero habría conseguido revalidar su reivindicada "legitimidad".

Mensajes crípticos
Queda por ver qué haría el Gobierno con el 155 –su continuidad o no- en el caso de que Puigdemont fuese investido presencialmente y cómo resolvería el Jefe del Estado su firma en el Real Decreto de su nombramiento. Pero al margen de esa incógnita, no parece haber duda de que la permanencia de Puigdemont en Bruselas "ha dejado de favorecerle" y le "aboca a no ser investido". Estas fuentes se hacen eco de los mensajes crípticos del 'expresident' a través de Twitter con imágenes del camino de la frontera española con Francia. Y sobre todo, analizan la determinación con la que el fugado insiste en su investidura cuando su incomparecencia la impide. Además, se subraya la posición de Junqueras que, estando en prisión en España, se configura como el plan B que podría tener en la bocamanga ERC.

Una investidura de Puigdemont presencial por excarcelación exclusivamente para el debate abriría un escenario de continuidad en la conflictiva relación entre el Gobierno, el PSOE y Ciudadanos con la Generalitat, mantendría en todo caso la intervención en la gestión de cobros del Ministerio de Hacienda que se basa, no en el 155, sino en la ley orgánica de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, e impediría el mejor escenario previsto por los más optimistas: un desistimiento de Puigdemont y la investidura de un diputado independentista sin imputaciones penales. No se contempla, sin embargo, un panorama de esta naturaleza sino cualquier otro de mayor conflictividad.