El Salario Mínimo Interprofesional (SMI) entró ayer en campaña por esa porosa frontera que separa las propuestas de las meteduras de pata. Tras el patinazo de Pablo Casado, que dijo que bajaría el SMI a 850 euros para rectificar unas horas después, Pedro Sánchez evitó el tono duro (toda su estrategia electoral es en positivo) pero no desaprovechó el enredo de su adversario y lamentó que el PP proponga, por primera vez en la historia de la democracia, «recortar» esta norma. Desde un enunciado de cierta perplejidad, el candidato socialista señaló que su intención al frente de la Moncloa es aumentarlo progresivamente con el objetivo de alcanzar lo que indica la Carta Social Europea: el 60% del salario medio, es decir, incrementar el SMI hasta 1.126 euros al mes.

Aunque España está adherida a dicha Carta desde 1978, resulta evidente que está lejos de cumplirla. El pasado diciembre, el Gobierno socialista aprobó subir el SMI a 900 euros, el aumento más importante de la historia, un 22%, que entró en vigor el uno de enero. Ayer, tras escuchar a Casado, Sánchez subrayó que ese incremento fue solo el «preludio» de lo que su gabinete pretende avanzar.

Afeó a Casado que propusiera un «recorte» y dijo que la rectificación del candidato conservador -que negó haberlo dicho a pesar de que se emitió en Onda Cero y atribuyó la polémica a «las fake news de la semana»- era «de obligado sentido común».

«Sabíamos que el PP frenaba, pero ahora vemos que lo que quieren es retroceder», criticó, desde una entrevista a La Sexta y también a su llegada al Consejo Europeo para abordar el brexit, en Bruselas.

Sánchez defendió que el aumento del SMI favorece especialmente a las mujeres: son el 70% de las beneficiadas. «El empleo femenino es el más castigado por la precariedad, tanto en términos de estabilidad como salarial. Es una medida también de justicia intergeneracional», reivindicó, en referencia a las dificultades de los jóvenes por tener un empleo digno que les permita un proyecto de vida.

LA PATRONAL / Preguntado por la oposición de la patronal, cuyos representantes consideran que el aumento del SMI frena la creación de empleo, Sánchez repitió que su compromiso con el avance en el incremento es «firme».

El primer partido que situó el SMI entre los asuntos de la campaña fue Unidas Podemos. Los morados, que colaboraron con Sánchez para aumentarlo a 900 euros, proponen ahora que se incremente en la próxima legislatura hasta los 1.200 euros, una cifra redonda en la misma línea que Sánchez, amparada en la Carta Social Europea.

Los podemistas entienden que existe margen para la subida salarial porque el crecimiento de la productividad no ha discurrido en paralelo a una subida de salarios. Ni del SMI ni de los sueldos en general; han quedado estancados en la última década, lo que viene a confirmar que los españoles han perdido capacidad adquisitiva.

Cs no comparte esta lectura. Considera el partido de Rivera que el SMI no puede incrementarse si no se constata una subida de la productividad y una mejora de la economía. En lugar de propuestas buenistas, sostienen, debe primar la estabilidad económica.

La reticencia de Cs a aumentar el salario mínimo no siempre ha sido la misma. En 2008 incluyó como medida en el programa electoral una subida del 9% anual hasta alcanzar el 55% del salario medio, cifra muy próxima al 60% que proponen PSOE y Podemos. Pero Cs fue especialmente duro con Sánchez al denunciar que el SMI debe subir según la productividad.