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LAS ESTRATEGIAS

¿Unidas podrían?

Las derechas, antes de alcanzar su hegemonía con el PP, ya buscaron concurrir en coaliciones electorales para «huir de la atomización»

 

MIRIAM RUIZ CASTRO epextremadura@elperiodico.com MADRID
02/09/2019

Reforma Democrática, Acción Democrática Española, Democracia Social, Acción Regional, Unión Social Popular, Unión Nacional Española... Hubo un tiempo en que la derecha tenía muchas siglas. La muerte del dictador disolvió el pegamento que unía al Movimiento Nacional y de él quedaron demasiados pedazos.

A pocos meses de la primera cita con las urnas de la España posfranquista, siete de estos pedazos decidieron unirse en una federación para «huir de la excesiva atomización». Así nació Alianza Popular (AP), la coalición de fuerzas de derecha que concurrió a los comicios del 1977. Los resultados no fueron muy allá y, para las elecciones del 1979, se propusieron ensanchar aún más el espacio (especialmente hacia el centro). Los esfuerzos para formar una «gran coalición», como la llamaron entonces, que cubriese todo el espacio político de la derecha española, acabaron alumbrando Coalición Democrática, pero la unión hizo perder a AP casi medio millón de votos. Porque a veces hay sumas que restan.

Fue en 1989 cuando esa federación de partidos que había concurrido a todas las elecciones con nombres distintos se convirtió en un partido unificado que trataba de deshacerse de sus orígenes franquistas y que, esta vez sí, agrupó bajo su manto a la práctica totalidad de la derecha española, el Partido Popular (PP). Una hegemonía que 30 años después se ha ido al traste con la llegada de Ciudadanos (Cs) y Vox comiendo espacio a ambos lados y reduciendo el otrora monopolio popular a su mínimo histórico de escaños.

Ante la posibilidad de unos nuevos comicios, el PP de Pablo Casado se afana ahora en volver a unir al que fue su electorado liderando una nueva unión de siglas, España Suma, una coalición con Cs y a la que también han invitado a Vox con el pretexto de que juntos conforman un bloque ideológico que ya funciona en muchas autonomías. Los argumentos ahora son los mismos que entonces. Si AP pretendía «ofrecer al electorado una alternativa de Gobierno que cubriría el espectro de distintas tendencias», la razón de ser de España Suma es construir una alternativa a Pedro Sánchez.

Si la federación de derechas nació en 1976 «con el compromiso expreso de que cualquiera de ellos que, en su día, pudiera acceder al poder, contaría con el respaldo de todos los demás», el PP pretende garantizar con esta fórmula ese pacto de las derechas que ya se está produciendo, y su liderazgo dentro del mismo.

El PP ya ha registrado la marca España Suma y sus múltiples variantes autonómicas por lo que pueda pasar. La idea vino de la coalición que selló con Cs en Navarra, Navarra Suma, y que venció en la comunidad foral. Es el modelo que pretende reproducir en el resto de España. Y no ha gustado a todos, puesto que hay territorios en los que los populares no están tan necesitados de sumar a sus rivales para ser la primera fuerza política. Porque las coaliciones pueden formarse por afinidad, pero la mayoría llega por necesidad. Cuando fue otra unión (esta vez a la izquierda) la que vio la luz para las elecciones generales del 26 de junio del 2016, Unidos Podemos, el PP fue crítico. Censuró que se juntaran «en unas siglas» Podemos e Izquierda Unida. «Eliminan la palabra izquierda porque creen que así gente que no sea de izquierdas les puede votar y que los pueden atraer de otra manera», dijo la entonces secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

El propio Casado reivindicaba sobre los suyos: «Ni escondemos nuestras siglas, ni nuestros programas, ni nuestros líderes». La de Podemos e IU fue una coalición que se materializó para la repetición electoral del 2016, con la esperanza de que se sumaran los resultados que meses antes habían tenido ambas formaciones por separado y se produjera el ansiado sorpasso al PSOE, algo parecido a lo que propone el PP con España Suma. Pero no solo no ocurrió, sino que la suma se convirtió en resta.

Antes hubo intentos de alianzas preelectorales, pero más tibios, como el que sellaron PSOE e IU en el 2000 y que se tradujo en listas conjuntas solo para el Senado. El resto han sido a nivel de circunscripción. La negativa de Cs a España Suma aleja, de momento, un gran acuerdo en la derecha a nivel nacional.

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