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LA SUBDIRECCIÓN DE GESTIÓN FARMACÉUTICA DEL SES LLEVA TIEMPO SENSIBILIZANDO A SUS PROFESIONALES

«El simple hecho de llamarlos fármacos protectores hace que se baje la guardia»

Un estudio del SES pone el foco en el «sobreconsumo» de protectores gástricos en la región: unos 150.000 extremeños los toman de forma crónica. «La gente es mucho más consciente del efecto beneficioso que del potencial daño que pueden causar», avisan

 

Un farmacéutico muestra varios fármacos IBP en una farmacia de Cáceres. - ARTURO HARA

Guadalupe Moral
26/05/2019

Son fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP), pero se les conoce como protectores gástricos y están siendo consumidos en exceso en Extremadura. Actualmente hay unos 200.000 extremeños que toman omeprazol, lansoprazol, pantoprozol.... y en muchos casos no los necesitan o no requieren de su uso durante un periodo tan prolongado como el que lo están tomando. Y es ahí donde está el problema: de esos pacientes, en torno a 150.000 toman protectores gástricos de forma crónica. Y estos números, además, recogen solo las prescripciones médicas. «La cifra es mucho mayor porque desde hace poco tiempo no requieren receta», explica Concepción Carmona, subdirectora de Gestión Farmacéutica del Servicio Extremeño de Salud (SES).

Estas son algunas de las conclusiones de un estudio realizado por esta subdirección del SES con el que se confirma que los protectores gástricos son de los medicamentos más consumidos en Extremadura y que advierte también de que existe una «sobreutilización» y eso, a la larga, puede tener consecuencias. ¿Y cómo se ha detectado esto? Entre otras razones, porque la prevalencia de las enfermedades y tratamientos para los que están indicados es menor en la comunidad que los datos que se tienen de consumo.

Las indicaciones

La subdirectora de Gestión Farmacéutica del SES explica que este tipo de medicamentos están indicados para determinadas enfermedades como úlceras gástricas, infecciones del estómago como Helicobacter pylori y el reflujo gástrico pero también se suelen indicar cuando se toman fármacos gastrolesivos (como antiinflamatorios no esteroideos tipo ibuprofenos), corticoides o anticoagulantes orales con la finalidad de prevenir efectos adversos gastrointestinales. «Pero fuera de estas indicaciones perfectamente autorizadas, no tienen ninguna razón de ser», insiste Carmona. Ni la ingesta ni el uso prolongado durante las ocho semanas que, como máximo, están indicados.

«La gente es mucho más consciente del efecto beneficioso de un medicamento que del potencial daño que puede causar. Y así somos todos en general, buscamos un tratamiento que nos cure o nos alivie y pasamos por alto, en muchas ocasiones, aquellos efectos adversos que pueden tener», reflexiona Carmona.

El problema del sobreconsumo de los IBP –que se da en todo el país– está en la automedicación pero también en la prescripción, a veces, inadecuda y radica principalmente en el propio nombre con que se conoce a este tipo de pastillas. «El simple hecho de ser condiderados fármacos protectores hace que se baje la guardia, se utilizan indiscriminadamente en cualquier ocasión y de forma continuada para protegerse de cualquier pastilla y evitar que dañe la mucosa gástrica. Eso no tiene sentido y en su uso continuo es donde pueden aparecer los problemas», insiste tajante. ¿El riesgo? «Resulta que si no está expresamente indicado, no solo no va a tener el beneficio que esperamos, sino que puede tener efectos adversos que a largo plazo pueden ser perjudiciales». De hecho, asegura que se han descrito fracturas por fragilidad, especialmente en pacientes de avanzada edad, casos de déficit de nutrientes, infecciones intestinales y respiratorias como neumonías, problemas renales... «Hay que tener en cuenta que estos fármacos actúan reduciendo la secreción gástrica, que es una secreción con un pH muy ácido que favorece la digestión de los alimentos. Y cuando se altera el pH de la mucosa gástrica podemos provocar desde infecciones hasta déficits en la absorción de nutrientes como las vitaminas y eso es un riesgo a largo plazo, riesgos que pueden ser serios», insiste.

También contribuye a ese elevado consumo el hecho de que a corto plazo no tengan efectos secundarios graves. «Eso ha calado profundamente en la opinión pública, incluso entre profesionales sanitarios, y por eso se considera un tratamiento más beneficioso que perjudicial incluso cuando no está indicado». Cambiar esa percepción «requiere tiempo, insistencia y probar que realmente no es necesario mantener ese tratamiento».

«Ningún fármaco es inocuo»

Por eso Carmona advierte sobre las medicinas: «ningún fármaco es inocuo. Ningún fármaco, hasta la fecha, tiene una eficacia del 100%. No previene o cura en todos los casos. Y además en esos pacientes en los que sí puede tener un porcentaje alto de eficacia hay que valorar si el efecto perjudicial que todos tienen no supera el beneficio que le va a causar», explica. Esta especialista insiste en que siempre hay riesgos potenciales y en el caso de los protectores gástricos pueden llegar a ser de bastante importancia. «A corto plazo es un fármaco muy seguro para la mayoría de las indicaciones que vienen recogidas en su ficha técnica, pero tenemos pacientes que lo están usando de forma crónica, más allá del tiempo indicado, y probablemente sin justificación».

El SES lleva cuatro años con la vista puesta en este tipo de medicamentos y trabajando directamente –mediante revisiones de tratamientos, formación específica para profesionales y pacientes...– para tratar de que se haga un uso adecuado en la comunidad. «Últimamente hay una mayor conciencia porque hay estudios y publicaciones de sociedades científicas que han puesto el acento en este sobreconsumo». En España los datos se sitúan muy por encima de la media europea y superan incluso el consumo de medicamentos tan populares como el parecetamol o el ibuprofeno.

Para Concha Carmona la clave para lograr ese uso responsable y limitado al tiempo máximo indicado está en las campañas de difusión, en la formación y en la información, tanto a pacientes como a profesionales. Y la ayuda de los farmacéuticos de Atención Primaria es también esencial: «hay que revisar lo que estamos haciendo, lo que toman los pacientes, si realmente es necesario, si puede haber efectos secundarios...». Un ejemplo: «Nos hemos encontrado alrededor de mil pacientes que tienen tratamientos duplicados con más de un IBP», cuenta.

En casos como esos, los especialistas del SES señalan que no es conveniente dejar de tomar los protectores de la noche a la mañana, sobre todo si el uso ha sido prolongado. «Se necesita una pauta. Hay que tener en cuenta que durante un tiempo has estado condicionando la mucosa del estómago a un pH que no es el suyo, porque has inhibido la secreción de ácido. En el momento en que lo retiras, la secreción de ácido va a volver a su nivel normal y eso suele hacer que la gente vuelva a tener una reagudización de los síntomas pero simplemente porque la mucosa no está adaptada a esa cambio de pH», detalla.

Aunque la vista esté ahora puesta en los protectores gástricos, estos no son los únicos medicamentos que, sospechan, se toman en exceso y sin justificación en la comunidad. «Sabemos que hay otros de uso muy común, como los antiiflamatorios no esteroideos –el ibuprofeno–, en los que también intervendremos porque hay que hacer un uso adecuado y eso requiere estar continuamente revisando cómo se prescriben». Y tan negativo es un uso excesivo de un medicamento como un «infraconsumo», avisa. Por eso, consultar al profesional sanitario es siempre la opción más segura.