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LA SOCIEDAD DE OLFATO DIGITAL PREMIA AL GRUPO PERCEPCIÓN Y SISTEMAS INTELIGENTES DE LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Enviando... un aroma

Investigadores de la UEx desarrollan un sistema que permite enviar olores a través de un dispositivo móvil H El equipo liderado por el profesor Jesús Lozano acaba de demostrarlo en una feria de Japón: «Mandamos el olor de un vino en Tokio y se recibió en París»

 

Equipo: Sergio Rodríguez, Patricia Arroyo, Jesús Lozano, Álvaro Fernández, Paco Portalo, Félix Meléndez y José Luis Guerrero. - FOTOS: SANTI GARCÍA

Guadalupe Moral
24/02/2019

¿Quién se imaginaba hace unos años que los móviles iban a tener cámara de fotos? ¿Y que esas imágenes podrían enviarse a través de internet en solo un segundo? ¿Se podría hacer lo mismo con un olor? La respuesta la tienen en la Universidad de Extremadura (UEx). Un grupo de investigadores de la Escuela de Ingenierías Industriales de Badajoz, liderado por el profesor Jesús Lozano, ha conseguido enviar a través de wifi el olor de un vino desde un móvil en Tokio y recibirlo en otro dispositivo en París.

Los extremeños fueron los únicos participantes que superaron este reto puesto en el congreso internacional de la Sociedad de Olfato Digital celebrado en diciembre en la capital de Japón y por cuya innovación además fueron premiados porque hasta ahora nadie había conseguido realizar esa transmisión. El proceso no es tan sencillo todavía como enviar y recibir una foto por WhatsApp, porque se necesitan unos dispositivos externos, pero sí bastante similar. «Lógicamente no enviamos los aromas directamente por un tubo ni nada por el estilo. Es como mandar un fax. Lo que hacemos es que escaneamos en el origen, es decir, pasamos un olor a una señal eléctrica y luego a un dato digital y esta señal la enviamos en nuestro caso por wifi al destino. Allí un aparato es capaz de reproducir el aroma recibido», explica Lozano.

Este proceso consta, básicamente, de dos partes: detección y generación. En la fase de detección de un olor se utiliza una nariz electrónica, un sistema olfativo digital que trata de imitar el sentido del olfato humano y en cuyo desarrollo llevan ya unos 20 años trabajando en la UEx. Esta nariz tiene una serie de sensores –«como los que se usan en garajes para detectar el CO2»– que emite una señal eléctrica a diferentes compuestos aromáticos. Una vez obtenida esa señal eléctrica se manda a través de Bluetooth a un teléfono móvil y desde ahí vía wifi a otro smartphone que puede estar a miles de kilómetros de distancia.

En ese momento entra en juego la segunda parte del proceso, la generación. Para recibir el olor es necesario disponer de un display olfativo que funciona como si fuera una impresora que es capaz de generar un aroma similar al enviado. «Ese display lo que hace es comparar y para eso previamente hacemos un entrenamiento sobre determinados aromas; al final así es como funciona el olfato humano si no conoces previamente un olor no puedes identificarlo», señala Lozano.

Por separado, ambos procesos (detección y generación) los están estudiando también otros grupos de investigadores, pero «la idea de combinar la nariz electrónica con el display olfativo no está tan extendida. «Nos surgió a raíz del reto propuesto para el congreso de Tokio». También tienen más aplicaciones de forma individual, aunque conjuntamente la transmisión de olores abre interesantes perspectivas a sectores del márketing, la gastronomía o el entretenimiento e incluso para ayudar a aquellos que han perdido el sentido del olfato (sufren anosmia). «Estas personas huelen solo determinados componentes, como por ejemplo el licor de manzana, y se podrían utilizar esos componentes para alertar en caso de un escape de gas u olor a quemado, sería como traducir olores que no pueden oler a otros que sí huelen».

¿Y podremos enviar olores por WhatsApp en el futuro? «Sí, pero el que recibe tendría que tener un display olfativo. Esto dependerá del mercado, si a la gente le da por enviar y recibir olores...», apunta. «Los sensores avanzan rápido y ya se está trabajando mucho en el caso de los que detectan gases. Creo que la próxima generación de móviles podrían llevar algún sensor de gas», vaticina.

El grupo de investigación Percepción y Sistemas Inteligentes de la UEx lleva dos décadas investigando y desarrollando diferentes prototipos de narices electrónicas. «Las primeras eran enormes, consumían mucho y ahora la última que estamos probando es del tamaño de un reloj, inalámbrica y tiene un consumo y un precio mucho menor». De momento, han probado ya este dispositivo de detección con una veintena de olores aunque el proceso de transmisión solo se ha realizado con cuatro: vino, cerveza, zumo de melocotón y licor.

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