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«Es una situación crítica para ecosistemas como la dehesa»

 

«Es una situación crítica para ecosistemas como la dehesa» - EL PERIODICO

R. C.
07/12/2019

No hay alarma por el momento porque aún el problema es reversible, pero los efectos del cambio climático ya son evidentes en ecosistemas como el de la dehesa, con un indudable valor ambiental, económico y cultural para Extremadura y por eso lo que sí hay es preocupación entre los expertos. «No es una situación de no retorno, pero sí de cierta alerta», concreta Gerardo Moreno, doctor en Biología, profesor en la escuela de Forestales de la UEx Plasencia e investigador de Indehesa, el Instituto de la Dehesa. Habla mientras se dirige a Madrid para participar en la Cumbre del Clima en un foro sobre los retos y oportunidades de la ganadería extensiva el pastoralismo y trashumancia frente al cambio climático. Y en esa materia hay mucho que hacer y cada vez menos tiempo.

1. El diagnóstico

La dehesa «está sufriendo» por las alteraciones en las temperaturas y las precipitaciones. Los otoños casi no existen ya y las primaveras están siendo más cortas. «Esa alteración es crítica para sistemas que dependen de la hierba y la dehesa necesita verde», insiste el experto en sistemas agrarios. Pero es que además, una de las especies leñosas que la sustentan, el alcornoque, es muy sensible al déficit hídrico, por lo que estaciones muy secas pueden afectar a la producción de bellota. Eso tiene una lectura desde el punto de vista biológico (el ecosistema sufre) y otra desde el económico: «la dehesa es un sistema con una rentabilidad ajustada, por lo que si se complican las cosas por el cambio climático, muchas dehesas pueden acabar cesando su actividad», subraya. «Muchas, de hecho, están yéndose a la actividad cinegética», advierte.

2. Pastos, bellotas...

¿La consecuencia directa? Problemas en un sector básico en la economía regional como es la ganadería extensiva que se nutre de la dehesa o de otros espacios igualmente ricos en pastos, como los Llanos de Cáceres. Y ambos sistemas son muy sensibles a las alteraciones de las condiciones climáticas, básicamente por la fragilidad de su elemento básico: el pasto. «Son especies anuales que dependen de lo que llueve y de cuando llueve», advierte Moreno. Eso supone que aunque no se altere el volumen total de agua que cae, el hecho de que varíe la época en la que se producen esas lluvias, altera la productividad de esos pastos. Y eso es justo lo que está sucediendo. Los otoños comienzan más tarde, lo que afecta a la disponibilidad de hierba y como consecuencia a la alimentación de la ganadería en general, pero muy especialmente a la montanera del cerdo, que necesita tanto la bellota como hierba para el engorde. «Hay montaneras que están empezando con pasto seco, que no alimenta igual que el verde», argumenta. También preocupa e futuro del alcornoque, en algunas zonas, porque es una especie muy exigente con las condiciones de humedad y eso puede alterar la producción de bellota.

Pero no solo la dehesa sufre, también frutales tienen una fase crítica durante la floración, que se está viendo alterada por picos de calor (30 grados en marzo o abril) que se están produciendo en la época de polinización. «El polen se desnaturaliza con las altas temperaturas y se inactiva», recuerda. Esa situación preocupa en especies como el cerezo.

3. Alternativas

¿Hay soluciones para la situación actual? Las hay, incluso teniendo en cuenta otros sistemas como los regadíos intensivos, que van a depender de los recursos hídricos disponibles, porque los efectos del cambio climático en cuanto a precipitaciones se pueden mitigar gestionando mejor o haciendo más reservas hídricas. «Pero eso nunca va a ser gratis» recuerda el experto. Y en cuanto a la ganadería, los cambios necesarios para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas «pasan por volver a mirar al suelo», con mejoras en el manejo, laboreo, pastoreo racional con buenas rotaciones… «Porque si mejoramos la calidad del suelo, las plantas podrán retener más recursos hídrico», concluye el biólogo.

4. El futuro

¿Una oportunidad? Ante la crisis climática se va a prestar mucha atención a qué actividades son neutras o no en emisiones de carbono y el mercado europeo va a evolucionar hacia la búsqueda de productos de bajas emisiones. A juicio de este experto, Extremadura tiene un importante sector agrícola y ganadero en extensivo y la oportunidad de ponerlo en valor, frente a otros modelos industriales. «Abre un frente importante junto al desarrollo de las energías renovables», dice Gerardo Moreno, que apela a «explorar esa economía de bajas emisiones». Porque, sostiene, la lucha contra el cambio climático será efectiva «si se pueden encontrar economías adaptadas a esos nuevos requerimientos de bajas emisiones».

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