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REPORTAJE

Los muertos de Badajoz

  •  Una tesis, realizada por el profesor Gutiérrez Casalá y dirigida por el doctor Sánchez Marroyo, documenta 12.971 víctimas de la represión de la guerra civil en la p
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    Un militar en los combates de la guerra civil. -

    ALONSO DE LA TORRE CACERESALONSO DE LA TORRE CACERES 07/03/2003

    Durante el presente mes de marzo está previsto que se presente en la facultad de Filosofía y Letras del campus de Cáceres una tesis doctoral fundamental en la historia de la Uex. Se trata del primer trabajo científico que investiga de manera global y exhaustiva la represión en la provincia de Badajoz durante la guerra civil.

    Este mismo trabajo, centrado en la provincia cacereña, ya había sido realizado y publicado por el profesor Julián Chaves Palacios, pero faltaba una investigación rigurosa que fijara las cifras, los escenarios, los personajes y las circunstancias de la represión en Badajoz. Ha sido el profesor pacense José Luis Gutiérrez Casalá el investigador que ha dedicado diez años a culminar esta tesis bajo la dirección del catedrático de Historia de la Uex, doctor Fernando Sánchez Marroyo.

    A lo largo de una década, Gutiérrez Casalá ha manejado la documentación de 17.000 consejos de guerra, ha visitado todos los registros civiles y eclesiásticos de la provincia pacense, ha sido el primer investigador en acceder, según confiesa él mismo, al registro civil de Badajoz, donde la encargada le proporcionó una lista, desconocida hasta ahora, de todos los fusilados en la capital a partir del 14 de agosto de 1936.

    Visitó, además, diferentes archivos de Alcalá de Henares, Segovia, Avila y Salamanca, además del de la Causa General en Madrid, tras ser casi examinado por el Fiscal General del Estado. Igualmente, revisó todas las actas municipales de los 162 pueblos de Badajoz desde febrero de 1936 hasta la entrada de un nuevo ayuntamiento franquista.

    Entre los numerosos testigos orales, cuyas declaraciones sólo se recogen en la tesis si luego han sido debidamente contrastadas y documentadas, destaca el general de la Guardia Civil Manuel Carracedo Blázquez, un anciano casi centenario que vive en Badajoz y fue el jefe del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) del ejército de Franco durante la guerra.

    REPRESION REPUBLICANA

    A partir de las fuentes, y contrastando siempre las listas de fallecidos con los registros civiles y eclesiales, el profesor Gutiérrez Casalá documenta en su tesis, con nombres y apellidos, un total de 12.971 víctimas. De ellas, 1.937 personas murieron a causa de la represión republicana y 11.034 perdieron la vida por la actuación del bando de Franco.

    Entre las víctimas republicanas, 6.367 fallecieron por ajuste de cuentas, 1.084 tras un consejo de guerra y 3.587 fueron fusiladas según información recogida de listas documentadas municipio a municipio. Destacan entre estas últimas, los 607 muertos del partido judicial de Olivenza y los 408 del de Castuera.

    Pero hay aún más muertos del bando republicano que, más allá de la tesis, están siendo documentados conjuntamente por los profesores Casalá, Marroyo y Chaves Palacios. Se trata, según cálculos del doctorando pacense, de 200 de causa desconocida, de 380 fallecidos en prisión, de 4.000 reconocidos por el propio teniente coronel Yagüe en la masacre de Badajoz y de 2.580 fusilados en Badajoz por el teniente coronel Pereita de la Guardia Civil.

    Estima Gutiérrez Casalá que la cifra total de víctimas en la provincia pacense podría acercarse a las 20.000. Los trabajos de documentación y contraste científico avanzan. "La intención de la Uex es publicar un libro y un CD con los nombres, uno a uno, de los más de 19.000 muertos antes de que acabe este año. Algo similar se ha hecho ya en la Universidad de Oviedo".

    Además de fijar definitiva y rigurosamente el número de víctimas, la tesis arroja luz sobre algunos de los sucesos más controvertidos de la guerra civil. Sobre todo los relativos a la toma de Badajoz en la calurosa tarde del viernes 14 de agosto de 1936. "Se han escrito verdaderas barbaridades sobre las atrocidades cometidas por los nacionales en la plaza de toros de Badajoz, pero no existe ningún testigo ocular de los hechos", apunta Casalá.

    "Sí he encontrado, prosigue, testigos contrastados como un legionario gallego, que se casó con una pacense a la que conoció en el hospital militar en aquellos días. Ese legionario fue uno de los 14 que sobrevivieron a la sangrienta entrada por la brecha de Trinidad. Lo descubrí con la tesis ya cerrada (su testimonio va en una hoja pegada, la 556 bis). Coincide con otros testimonios y documentos en que la legión fue instalada en la plaza de toros, de donde fue evacuada una veintena de prisioneros".

    DOS TESTIMONIOS

    ¿Dónde tuvieron lugar entonces los 4.000 fusilamientos de que habla Yagüe? La tesis recoge el testimonio del vecino de un pueblo de Badajoz, corroborado por otra testigo acogida en la residencia de La Granadilla y que en 1936 vivía en la calle de los Altos del Caballo.

    "Ese testigo tiene dibujos de la masacre. Había venido a Badajoz como miliciano con dos de su pueblo. No encontraron armas para ellos y por eso se salvaron. Yagüe fue sacando a la gente de los refugios situados cerca del ayuntamiento: a quienes tenían moratones en el hombro por haber disparado, los mandaba seguir hasta la calle Bravo Murillo", detalla Casalá.

    "Allí, los ataban unos con otros y seguían en fila hasta la calle de San Juan, por donde llegaban a la plaza de la catedral atados en filas. Entre donde está la estatua de Luis de Morales y la puerta de la catedral, los fusilaban con ametralladoras. Ese testigo y sus compañeros no tenían moratones y se salvaron, pero un oficial moro no los dejó pasar y tuvieron que contemplar la masacre. Los regueros de sangre bajando desde San Juan, otro de los mitos de la toma de Badajoz, sí fueron posibles", concluye.

    Sobre la represión republicana, Gutiérrez Casalá destaca los casos de pueblos muy represivos como Azuaga, Villanueva, Don Benito o Navalvillar de Pela. "He encontrado milicianos de Castuera implicados en los sucesos de Fuenteovejuna, donde cogieron a unos frailes franciscanos, los trajeron a Granja de Torrehermosa y allí les hicieron todo tipo de perrerías y los fusilaron". La tesis recoge también el último fusilamiento: "Hasta el año 1942, la gráfica de fusilados no deja de subir. Luego baja hasta 1949 en que es fusilado uno, en Badajoz"

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