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REPORTAJE

El ´pene teledirigido´ y otros casos

  •  El libro ´De juzgado de guardia´ recoge jugosas anécdotas de los tribunales españoles, algunas de jueces y abogados extremeños


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    Ilustraciones de Ortifus en ´De juzgado de guardia´. -

    El ´pene teledirigido´ y otros casos -

    ALONSO DE LA TORRE CACERESALONSO DE LA TORRE CACERES 07/01/2003

    Sucedió en el juzgado de un pueblo de Badajoz. Se trataba un caso de separación matrimonial y la anécdota permite ilustrar con gracia la falta de medios de la justicia española. Resulta que el marido de la demandante tenía una boca un tanto desgarrada y acostumbraba a llamar por teléfono a su esposa, que quería acabar con la relación, y la insultaba con retorcidos denuestos.

    Cuando la señora no se encontraba en su domicilio, el marido no se amilanaba, sino que vomitaba su carga de improperios en el contestador automático. Iniciado el proceso de separación y en vista del inminente pleito, el abogado defensor de la mujer decidió presentar como prueba las canalladas telefónicas del esposo y a tal efecto, las grabó.

    Pero hete aquí que al pretender presentarlas en el juzgado, la jueza manifestó su pesar: la prueba no podría ser tenida en cuenta puesto que aquel pobre juzgado no contaba con radiocasete.

    No se amilanó el letrado de la señora, sino que haciendo uso de un lenguaje de doble sentido, que parecía más bien sacado de las peroratas del marido en el contestador, dijo a la jueza: "No se preocupe señoría, que este abogado lleva siempre encima su aparato reproductor".

    Relajando la inquietud que sobrevino a su aseveración, el abogado no extrajo ningún artilugio grosero, sino que sacó de su cartera un casete con el que acabó de dar la puntilla al ineducado marido.

    PERIODISTAS ANDALUCES

    Esta es una de las anécdotas que se recogen en uno de los libros más vendidos de estas navidades (25.000 ejemplares y cinco ediciones). De juzgado de guardia está publicado por la editorial Oberón, del grupo Anaya, y sus autores son dos periodistas andaluces: Javier Ronda y Jorge Muñoz.

    "Preparamos una segunda parte para este año 2003 y en ella se recogen múltiples anécdotas sucedidas en los juzgados de Cáceres y Badajoz. Curiosamente, los abogados, jueces y fiscales extremeños son los más comunicativos y nos envían muchísimas historias divertidas que les han sucedido", comenta Javier Ronda.

    Las anécdotas judiciales que se narran en De juzgado de guardia son de todos los puntos de España. Javier Ronda tiene en su casa sevillana un mapa del país con banderitas situadas en cada región que simbolizan cada una de las anécdotas de interés. Entre ellas está una sucedida en Torrejoncillo.

    Trata de un lugareño que comparecía como testigo en un juicio sobre lindes. Antes de la vista, se habían trasladado a los campos en litigio varios abogados, los propietarios y la jueza, que dieron vueltas por la finca tomando notas y midiendo.

    Al llegar ante el tribunal, el aldeano, un octogenario bonachón de boina capada y carácter resuelto, fue interrogado vorazmente por los abogados de las partes puesto que su testimonio, capital por contar con la autoridad que siempre presta la edad, era fundamental.

    Que si dónde estaba la linde en el pasado, que si pasaba por allí la canalización, que si sus recuerdos eran propios o de oídas. El aldeano acabó hartándose de tanta interrogación y señalando enfadadísimo a la callada jueza la convirtió en testigo de cargo diciendo: "Pregúntenle a ésa, que lo ha visto todo, y déjenme a mí tranquilo, coño".

    Las anécdotas se suceden en el libro y otra acaecida en un juzgado extremeño tuvo como protagonista a un fiscal que acabó desesperado al escuchar como varios acusados por violación escurrían el bulto respondiendo: "Yo no fui" cada vez que el ministerio público les preguntaba si habían violado a la señorita.

    Uno aseguraba que en el momento del delito estaba en su coche camino de casa, otro aducía estar fuera de la habitación, el tercero negaba y negaba y el fiscal, fuera de sus cabales, acabó recurriendo, enojado, a la barbaridad desesperada: "A ver si ahora quien ha violado a la señorita ha sido un pene teledirigido".

    Muy comentado fue el caso de aquel juez extremeño extremadamente religioso que regañó a un testigo que respondió así a una pregunta del fiscal: "Yo vi como el acusado le pegó un par de hostias a ese hombre".

    Como el juez le pidiera moderación y metáforas que sustituyeran a las palabrotas, el testigo obedeció: "Sí señoría, el acusado le dio dos buenas metáforas al otro".

    La segunda parte de De juzgado de guardia recogerá otras anécdotas de la divertida justicia extremeña como la del soldado que, por orden de un superior, gritó a la puerta de un juzgado militar de de la capital pacense en una vista por insumisión: "Audiencia pública, puede pasar todo el mundo menos los periodistas".

    O un sainete chino que tuvo por escenario un tribunal de familia de Badajoz. Se trataba la custodia de un menor y el juez se lió de tal manera con los nombres en chino mandarín que la vista acabó en mayúsculo follón donde, al final, ya no se sabía ni quién era el padre, ni quién era el hijo, ni quién era el acusado... ni quién era el juez.

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