+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Tribuna

El pequeño Nicolás

Hay muchos empresarios que se quejande las discriminaciones que dicen sufrir

 

Marcelo Muriel
03/11/2014

Todo el mundo habla estos días del pequeño Nicolás , personaje al que se le atribuyen todo tipo de actividades relacionadas con los círculos del poder político. Los análisis, hasta ahora, se han quedado en intentar buscar una explicación de cómo ha podido un joven con solo veinte años codearse con la élite política y moverse como pez en el agua por los ambientes y celebraciones de una cierta importancia.

Pero no debemos rasgarnos las vestiduras y sorprendernos de un caso que no es más que la consecuencia de las circunstancias que rodean la vida política española de los últimos treinta años. El problema arranca desde la edad temprana en la que muchos jóvenes se incorporan a las organizaciones de los partidos políticos denominadas Nuevas generaciones. Los mismos que criticaron al denominado Frente de juventudes de la dictadura caen en el mismo error de tratar de condicionar de un forma un tanto alienante el pensamiento de unos jóvenes que deben tener la mente abierta y el espíritu crítico para intercambiar con otros jóvenes sus propias ideas, sin necesidad de adcribirse desde una edad temprana a una determinada opción.

Una vez incorporados en el engranaje partidista, estos jóvenes asimilan rápidamente los modelos de los mayores, ven como se privilegian las demandas de las personas afines y constatan la necesidad de tener relaciones con las personas que detentan el poder como el medio mas rápido de prosperar en la vida. En lugar de emplear unos preciosos años para prepararse bien para ser útiles a la sociedad, dedican sus esfuerzos en medrar y situarse cerca de las personas con poder. Lo malo es que, a la vista de las imágenes que hemos podido conocer, los mayores influyentes también ven bien esa actividad de protagonismo desmedido de jóvenes que deberían estar en la universidad en lugar de en tanto actos oficiales.

Y finalmente están los empresarios a los que la experiencia parece demostrarles que solo aquellos que tienen algún contacto a un buen nivel conseguirán los contratos que para su actividad necesitan.

Con este cóctel de circunstancias coadyugantes es totalmente normal que salgan pequeños Nicolas , que no hacen otra cosa que copiar los modelos que sus mayores le inspiran.

Ha habido ya algunos políticos que han manifestado su opinión de que es un error el potenciar las organizaciones juveniles de los partidos, pero estos mismos permiten fotografiarse con los jóvenes más espabilados de estas organizaciones. Todos los días escuchamos los actos de contrición de la clase política ante los casos de corrupción que poco a poco se van conociendo, sin embargo siguen aceptando mantener entrevistas con determinadas personas en función de quien se lo está pidiendo. Hay muchos empresarios que se quejan de las discriminaciones que dicen sufrir, pero si pueden le anticipan dinero a un joven que solo les promete presentarles a alguien cercano al poder. Es todo este entramado el que hace posible la aparición de fenómenos como el de este joven.

No miremos por tanto al pequeño Nicolás como un fenómeno raro y excepcional, es simplemente el fruto de la forma de organizar la vida pública que nos hemos dado y que todos tenemos que ayudar a cambiar antes de que sea demasiado tarde, pero empezando por el propio tejado. No nos vaya a pasar como al obispo cuyo epitafio en su tumba de la catedral de Westminster reza: "Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Cuando me volví más viejo y sabio, descubrí que el mundo no cambiaría, así que acorté mis anhelos un poco y decidí cambiar sólo mi país. Pero este también parecía inmutable. Cuando entré en el ocaso de mi vida, en un último intento desesperado, me propuse cambiar sólo a mi familia, a mis allegados, pero, por desgracia, no me quedaba ninguno. Y ahora, mientras me encuentro en mi lecho de muerte, repentinamente me doy cuenta: Si me hubiera cambiado primero a mí mismo, con el ejemplo habría cambiado a mi familia. Y a partir de esa inspiración y estímulo podría haber hecho un bien a mi país y, quién sabe, tal vez incluso... habría cambiado el mundo".