+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

LA INICIATIVA PIONERA ‘QUÉDATE CON NOSOTROS’ ATRAE LA ATENCIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL MUNDO

Pescueza, el pueblo donde los mayores no son invisibles

La localidad cacereña de 120 vecinos es una excepción a las cifras que muestran el desapego de la sociedad hacia los abuelos. Un Centro de Día los cuida y acompaña, no pierden la autonomía en su hogar y las calles tienen pasamanos y carriles antideslizantes que las hacen accesibles

 

Alicia y Petra en el carril de caucho antideslizante que recorre la localidad. - FOTOGRAFÍAS: ALBERTO MANZANO

Foto de familia de los usuarios del Centro de Día de Pescueza esta semana pasada. - FOTOGRAFÍAS: ALBERTO MANZANO

ALBERTO MANZANO // PESCUEZA
17/11/2019

Juana Martín tiene 89 años. Nacida y criada en el pueblo, estuvo durante más de 40 en Coria pero ahora ha regresado. «Me he venido aquí, este es mi sitio», asegura con soltura ante la grabadora. En Pescueza están acostumbrados a la presencia de los medios de comunicación de todo el mundo porque hasta la BBC o la Televisión Pública Danesa se han hecho eco de su milagro: un proyecto llamado ‘Quédate con nosotros’ que se ha convertido en un ejemplo de lucha contra el abandono de las personas mayores.

Los orígenes del Centro de Día se remontan al año 2009 y parten de una idea del anterior alcalde, José Vicente Granado, y del actual presidente de la Asociación Amigos de Pescueza, Constancio Rodríguez. «Vieron la exigencia que había en la localidad de cubrir las necesidades de la gente mayor», explica Raquel García, gerente de esta asociación, que es la que desde 2011 gestiona la iniciativa, que ofrece también un servicio de ayuda a domicilio. «No nos gusta que se diga que hemos transformado el pueblo en una residencia de ancianos. Lo que hacemos es prestar el servicio en sus viviendas, en el Centro de Día, y adaptar las calles a su situación», recalca García.

Raquel García, gerente 'Amigos de Pescueza'

El proyecto atiende a 28 personas, que acuden a este edificio acogedor que huele a hogar y que está en la calle Carretera. Dentro, en el comedor están desayunando a la hora en que se realiza este reportaje. Hay mucha luz y cuadros con dibujos de teléfonos de colores. Fuera, y a escasos metros, dos bancos donde en las mañanas soleadas toman asiento: en el primero se puede leer la leyenda: ‘Siéntate y disfruta de la compañía’. Y en el segundo, ‘En el bosque no hay wifi. Pero allí está la mejor conexión’.

Desde 2018 las instalaciones cuentan con dos habitaciones de cuatro plazas para los usuarios que no duermen en sus domicilios. La acogida fue tan buena que muy pronto comenzaron a dar servicios los fines de semana, de modo que este lugar está abierto todos los días del año, de lunes a domingo, de nueve de la mañana a nueve de la noche. Aquí los vecinos desayunan, comen, meriendan y cenan. Realizan múltiples actividades, talleres, manualidades… Una vez a la semana acude la psicóloga, dos veces practican gimnasia de mantenimiento y la podóloga pasa una vez al mes. También va la peluquera y los de Cruz Roja hacen terapia ocupacional.

850.000 personas

En Pescueza los mayores no están solos. Es una realidad que tranquiliza si se atiende a los escalofriantes datos del Instituto Nacional de Estadística que indican que más de 850.000 personas que superan los 80 años viven solas en España. Así que lo de este pueblo, situado a poco más de 70 kilómetros de Cáceres, es ‘el valor de una idea’: «Vimos que aquí la gente sale mucho de paseo y pensamos en un sistema que les cubriera si estaban desubicados fuera de sus domicilios o incluso de noche dentro de sus casas. A través de la Unión Democrática de Pensionistas se concertó un convenio de acompañamiento a la soledad», explica García. El acuerdo consiste en el reparto de unos teléfonos de teleasistencia, unos smartphones que disponen de un botón de emergencia con un geolocalizador. «Si ellos lo pulsan, el aviso aparece en un teléfono de referencia que tenemos en el centro; sabemos dónde están y si les ha pasado algo. Les cubre las 24 horas del día», detalla la gerente de la asociación.

Un día, el ayuntamiento se percató de que cada vez había más personas con andador y con muletas, a las que se les hacía complicado rebasar las zonas de la localidad con un poco de pendiente. Entonces colocaron pasamanos en las calles y pintaron un carril azul de caucho antideslizante que conecta el consultorio con el Centro de Día, para que los usuarios lo recorran sin riesgo a resbalones y tranquilos de saber que tienen prioridad en las zonas con más tránsito de vehículos.

La diferencia de este proyecto radica en que los vecinos no pierden el contacto con su casa, que es el principal arraigo que tienen. «Ellos entran y salen de las instalaciones. Esta puerta jamás está cerrada. Vienen a primera hora, dan una vuelta en su vivienda, luego pasan a comer… Intentamos que mantengan su autonomía en la medida de lo posible», reitera Raquel García.

Muy atrasados

«Antes estábamos muy atrasados. Nos pasábamos todo el día trabajando en el campo, segando…», recuerda Juana, cuyo día a día es hoy muy distinto. «Mi marido y yo dormimos en casa, pero entramos y salimos del centro, vemos la tele, vamos a misa, ayer pensábamos que había rosario pero al final no se celebró», relata entre risas. «Tengo aquí tres hermanos y vivo enfrente de uno de ellos, que perdió a su esposa; venimos juntos a desayunar y estamos los dos tan contentos». Juana tiene cuatro bisnietos; uno de ellos fue el otro día a verla y le dijo: «¡Eh, abuela, qué bonito es este pueblo!». Y ella le contestó: «Sí que es bonito, corre ‘paquí’, ‘pa’ estas calles».

Juana Martín, vecina de la localidad

Como tantos otros españoles, Juana opina del puzzle tras las elecciones. «¡Bah, estos están muy empachosos, están imposibles!, ¿a qué esperan tanto?, que lo arreglen y ‘palante’». Es la imagen de ese hartazgo político generalizado que en Pescueza se convierte en excepción porque el ayuntamiento lucha por una buena causa social.

«El centro es un lugar con servicio a la carta según las necesidades de las personas mayores», asevera el actual alcalde, Andrés Rodríguez (PSOE), que dirige un municipio donde más del 65% de los habitantes son mayores de 65 años. Explica que el pueblo tiene una casa rural, un albergue para 20 personas y que ahora está gestionando la construcción de una piscina municipal. Habla del efecto laboral que el Centro de Día conlleva, puesto que en él trabajan 11 mujeres. «En cierta medida es un yacimiento de empleo», añade.

Pescueza tiene censados 168 habitantes, pero residen unos 120. La mayoría, los que están en edad de trabajar, viven de la ganadería. «No nos gusta el concepto de la España Vaciada porque trabajamos en proyectos para que ocurra todo lo contrario, para que el pueblo no se vacíe», insiste el alcalde, que defiende que la localidad acoge diversas iniciativas como el Festivalino, el festival musical más pequeño del mundo, que se celebrará en 2020 el último fin de semana de marzo, «y que es un altavoz para que se nos conozca, para decir: estamos aquí, luchamos contra la despoblación y a favor el medio ambiente».

Dos cuñadas

Adelaida Alicia Rodríguez y Petra Martín son cuñadas, sus maridos eran hermanos y ellas duermen en el centro. «Estamos muy bien aquí, muy contentas. Nos quedamos por la noche pero nosotras vamos y venimos a nuestras casas, no hay ningún problema. Películas vemos pocas», afirman con una sonrisa que refleja su vitalidad. «La gente vive del ganado, y los viejos de la paga que nos dan. Los nietos vienen a vernos. ¿Que si les gusta el pueblo? Si, el pueblo le gusta a mucha gente», cuentan con ese sentido del humor que las caracteriza.

Pío Ramos Pérez tiene 76 años. «Mi rutina es pasear, estar en casa, venir a comer. Aquí charlamos mucho, hay armonía». La existencia del centro es para él un ejemplo de que el municipio está evolucionando. «En nuestra niñez no había nada, ni agua corriente, ni servicios. Ahora las cosas han cambiado para mejor».

Pío Ramos, vecino de Pescueza

Saturnina Granado está jubilada pero durante 47 años regentó el Bar Satur en la plaza Mayor, que en este momento lo lleva uno de sus hijos. Es el único que hay y tienen a la venta dos números de la Lotería Navidad, el 39860 y el 18071. «Ha habido hasta siete bares». Define la creación del centro como algo «fabuloso». Habla del caso de su madre, que tiene 93 años: Ahora viene un coche a por ella, la lleva hasta allí y a las nueve de la noche regresa. La duchan, la asean, la cuidan; les dan verdadera calidad de vida».

Saturnina Granado, hostelera jubilada

Si hay un solo bar, también hay una sola tienda, de la que precisamente se encarga su nuera, Almudena Salvatierra, que hará en enero para siete años que la abrió. «Es un autoservicio de alimentación y droguería, lo que puede necesitar la gente para el diario», indica Almudena. El pan viene de Ceclavín porque en Pescueza no hay tahona; también el cura viaja desde esa localidad. Tampoco hay farmacia, solo una botica que pertenece a la de Torrejoncillo, desde la que derivan los medicamentos. La escuela cerró hace más de 20 años y los niños van al Camilo Hernández de Coria, donde tienen comedor y transporte. Cuando Liberbank se marchó pusieron una oficina de Cajalamendralejo.

Almudena Salvatierra, comerciante

Almudena es de Portaje y llegó al pueblo cuando se casó. Es la madre de Lara, la primera muchacha que nació después de 16 años sin niños. A partir de entonces, y en los 12 años posteriores ha habido 13 alumbramientos más, el último el de Camila, que va a cumplir cuatro meses.

Constancio Rodríguez, presidente de la Asociación Amigos de Pescueza, detalla con sensiblidad las razones que llevaron a crear este proyecto. «Es algo tan sencillo como cuidar a la gente que te ha cuidado a ti, que se sientan cómodos en la localidad». Por eso «la relación filial que existe entre jóvenes y mayores es infinita. Desde esta franja de edad, la asociación trabaja para toda la comunidad. Hacemos que los habitantes permanezcan en su entorno, convertimos en amigable el municipio», insiste Rodríguez.

Huyen del concepto de residencia, que es tradicionalmente sinónimo de morada a la que vas a parar cuando los tuyos no se ocupan de ti. «Aquí pasa todo lo contrario, los abuelos viven en su casa, mantienen su huerto, sus gallinas. La soledad también existe en los pueblos, pero gracias a esta iniciativa ya tienen quien les eche las gotas en los ojos cuando se han operado de cataratas o quien les acompañe a la caja». Al final, el centro es la arteria por la que la fluye la sangre que sigue dando vida a sus corazones para que no se sientan ni olvidados ni invisibles.