+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

LA BIBLIA GASTRONÓMICA

Los quince extremeños de la Guía Michelin

Junto a las dos estrellas de Atrio, la edición del 2020 destaca seis restaurantes de la región con el distintivo Bib Gourmand y otras ocho recomendaciones que son garantía de calidad

 

David Moreno, jefe de cocina del restaurante La Finca, junto a otros trabajadores. - CEDIDA

Responsables del restaurante La Era de mi Abuelo, en Arroyomolinos de la Vera. - CEDIDA

Guadalupe Moral
08/12/2019

No todos son estrellas, pero apuntan a ello. Tienen brillo y luz propia. Por eso se merecen un hueco en la que se considera la biblia de la gastronomía, la Guía Michelín. La emblemática publicación con más de un siglo de historia presentó hace unas semanas en Sevilla su nueva edición para el año 2020, en la que se incluyen quince establecimientos de Extremadura con distintos reconocimientos.

En Cáceres se encuentra el único con estrellas, la máxima distinción de la guía: Atrio, que mantiene las dos estrellas Michelín en 2020. Es «una cocina innovadora de maridajes clásicos, cercana a los austeros productos de la zona pero con un increíble poder para potenciarlos y convertir la experiencia en un festival de sabores», destaca la publicación.

Pero debajo de las estrellas también hay mucha calidad que merece ser reconocida. Por eso la guía del 2020 coloca a otros seis restaurantes extremeños el distintivo Bib Gourmand, un reconocimiento otorgado a los establecimientos que sirven una cocina de gran calidad a precios contenidos (suelen oscilar entre los 30 y los 50 euros). «Hay quien dice que este sello es la cantera de las estrellas Michelín», cuenta Ángel Pereita, jefe de sala del restaurante Lugaris en Badajoz. Este es uno de los dos locales extremeños que acaban de ascender en el escalafón gastronómico. «No esperábamos esta nueva distinción, la verdad, la idea era mantenernos como uno de los recomendados sin más como veníamos apareciendo desde hace 10 años», cuenta. ¿Qué supone aparecer en esta clasificación? «Estar ahí es una satisfacción personal y una reponsabilidad grande», reflexiona Ángel, que junto a Javier García, jefe de cocina, abrieron este negocio en Badajoz hace 14 años.

El segundo restaurante de la región que ostenta por primera vez el Bib Gourmand es La Finca, la cocina del Hotel Rural Villa Xarahiz ubicado en Jaraíz de la Vera. La semana pasada, aprovechando el 18 cumpleaños del local, celebraron también la nueva distinción Michelín. «Entre los recomendados llevábamos ya varios años y ahora nos dan un sello de calidad superior. No lo esperábamos porque no jugamos en la liga de un restaurante al uso, somos parte de un hotel grande en el que se hacen muchas cosas, pero creo que será un impulso para esta casa, para nuestra comarca y para hacer patria», explica David Moreno, jefe de cocina de La Finca.

Este establecimiento tiene solera. Pilar y Víctor tomaron las riendas del negocio que sus padres, Jesús y Fidela, ya regentaban en el pueblo. Y ese es el sabor que han querido mantener en el nuevo local convertido en algo mucho más grande que solo un restaurante. «No hemos perdido los conceptos que no hay que perder en la vida. Hacemos cocina tradicional, no faltan las famosas migas de la abuela Fidela o sus calderetas de cabrito, pero tampoco renunciamos a innovar y hacer platos curiosos». A los menús diarios y una cuidada carta de calidad, suman multitud de actividades que les sirven para romper la rutina: catas, visitas de los mejores profesionales, los jueves cambian la carta por un día...

Además de los dos nuevos Bib Gourmand en la región, hay otros cuatro establecimientos extremeños que ya contaban con esta distinción en la pasada edición y la mantienen en 2020: Madruelo (en Cáceres), «con platos de base tradicional definidos por la calidad de las materias primas, normalmente extremeñas, y unas cuidadísimas presentaciones», destaca la guía; El Almirez (en Hervás), con «una cocina tradicional y de temporada de cuidadas presentaciones»; El Acebuche (en Zafra), que destaca por sus «dos cartas combinables entre sí, una a base de tapas y la otra, algo más reducida, con deliciosos platos de tinte clásico y tradicional»; y, por último, Nardi (en Hervás), «una opción culinaria actual que sabe dar una vuelta de tuerca a la cocina tradicional».

Pero aquí no se acaba la calidad gastronómica de la región. La biblia Michelín recomienda, además, otros ocho restaurantes extremeños que bien merecen como mínimo un visita. Están reconocidos con el distintivo ‘El Plato’ y son: A de Arco en Mérida, La Rebotica en Zafra, El Paso del Agua en Badajoz, La Era de mi Abuelo en Arroyomolinos de la Vera, Albalat y Javier Martín (ambos en Cáceres), Corral del Rey en Trujillo y El Palancar en Pedroso de Acim, una pequeña localidad cacereña de apenas 120 vecinos. «Aparecer en esta guía supone colocarte en el mapa y eso para una zona rural es muy importante. Llevamos entre los recomendados en Extremadura desde el 2014 y estar ahí requiere un esfuerzo continuo, pero es muy satisfactorio. Gracias a la guía tenemos clientes de todo el mundo», apunta Getulio Nacarino. Junto a su mujer, la chef María del Pilar Burgos, abrieron hace casi dos décadas el restaurante El Palancar junto al convento que lleva el mismo nombre en Pedroso de Acim. «Es un sitio privilegiado, las vistas son únicas y si encima se acompaña con una cocina de calidad, la visita es obligada».

Otro de los fogones más recomendables, según los inspectores Michelín, está también un entorno rural, en Arroyomolinos de la Vera. «A los que vivimos en las zonas rurales estar en estas guías creo que más difícil porque hay que currárselo mucho y aparecer en ellas es también más necesario, para poder darte a conocer. A nosotros nos ha traído más clientes, sin lugar a dudas», cuenta Ana María Albalat, la metre del restaurante La Era de mi Abuelo, uno de los fijos entre los distinguidos con el El Plato dentro de la guía. «Llevamos desde el 2007», dice. Y eso requiere esfuerzo y trabajo duro para mantener la calidad no solo de la cocina, también del servicio y el local. «Es muy satisfactorio cuando viene un cliente con la Guía Michelín debajo del brazo».