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Extremadura gana cerca de 50.000 hectáreas de regadío desde el 2010

Supone un 20% más en ocho años. Aumentan sobre todo vid y olivar, mientras que cultivos como el arroz o el maíz caen significativamente

 

Campo de regadío. - EL PERIÓDICO

REDACCIÓN
10/10/2019

Extremadura ha ganado cerca de 50.000 hectáreas de regadío entre el 2010 y el 2018. En concreto, de acuerdo a los datos facilitados por el Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario Extremadura (Ctaex) —elaborados a partir de información del Ministerio de Agricultura—, estos cultivos han pasado de suponer 235.451 hectáreas a 282.622, lo que representa un incremento de 47.171 hectáreas (un 20%). El objetivo de conseguir una mayor profesionalización del sector y la búsqueda de unas mejores productividades que permitan la viabilidad de las explotaciones son los factores que han animado a muchos agricultores a invertir y que están detrás de este crecimiento de la superficie en riego.

Un auge que se ha divido casi a partes iguales entre el grupo que conforman los que hasta ahora han sido los principales cultivos de regadío en la región, con 23.599 hectáreas más, y los que habían tenido hasta ahora una presencia mucho más reducida, como es el caso del almendro y, en menor medida, del pistacho o el granado. «Es destacable que conforme van pasando los años se diversifica el regadío extremeño», apunta Alfonso Montaño, investigador del Ctaex, que resalta que hasta hace no mucho tiempo el regadío regional se reducía básicamente al arroz, algunos frutales, el tomate y el maíz.

En términos absolutos, estos años han avanzado sobre todo el olivar y el viñedo, frente a otras opciones como el maíz o el arroz, que caen. En este sentido, además de la nueva superficie de riego o de aquella reconvertida de secano, los datos dejan entrever que ha habido también trasvases entre unos cultivos de regadío y otros. Unas variaciones que vienen condicionadas fundamentalmente por las oscilaciones en los precios, de manera que las bajadas sufridas en determinadas producciones «hacen que de un año para otro el agricultor decida cambiar de cultivo anual, por ejemplo, de tomate a maíz, y viceversa. De hecho las subidas y bajadas de ambos suelen coincidir», explica Montaño. En otras plantaciones, como las de arroz, en las «que se invierte mucho en preparar el bancal, los cambios suelen ser para no volver».

«Los mercados han ido reorientando la superficie de regadío hacia lo que son los cultivos que se entendía en cada momento que iban a ser más rentables», coincide José Cruz, secretario de Agricultura de UPA-UCE. Una hectárea de regadío, remarca, ya incluso antes de comenzar a hacer labores en ella conlleva unos costes importantes y muy superiores al secano, por lo que hay que ir a alternativas que «puedan serte rentables, si no los mercados te arruinan». Igualmente, agrega Cruz, muchos agricultores intentan «diversificar el riesgo en la medida de lo posible», apostando por más de una producción porque, recuerda, lo que un día parece una opción de cultivo interesante, «en dos o tres años» puede dejar de serlo por completo. A lo que se añade que solo en contadas excepciones, como el tabaco o el tomate, se cierran los contratos de antemano para la compra de la producción. En las demás, el agricultor «va a ciegas».

Entre los cultivos de regadío que mayor superficie ocupan en Extremadura, están son algunas de las principales tendencias que se han registrado en estos ocho años.

El viñedo reconvierte más de diez mil hectáreas

Una de las evoluciones más llamativas es la del viñedo, que suma unas 10.000 hectáreas de superficie regada más, prácticamente la misma cifra que pierde el viñedo de secano. «La vid está muy regulada. No se pueden hacer plantaciones nuevas a menos que tengas un derecho de una antigua», explica José Luis Gordillo, presidente de la cooperativa de segundo grado Viñaoliva. Se ha puesto riego para tener una mayor productividad, lo que ha conllevado también otro cambio, el del paso de la vid en vaso a la de espaldera, un sistema que permite mecanizar las tareas de recolección. En el caso de esta cooperativa de segundo grado, la mayoría de sus producciones son de secano, pero varias de sus socias tienen parte de la superficie con riego. «Antes la dedicaban al maíz o al tomate, pero como estos cultivos están atravesando una época mala, se están reconvirtiendo a producir vino y aceituna, que les es más rentable. Las vides que ya tenían en secano las han pasado al regadío», cuenta.

Las producciones intensivas disparan el olivar en riego

Las producciones intensivas y superintensivas, que en los últimos cuatro años casi han duplicado su superficie en la región, han disparado la cifra de hectáreas de olivar en riego en Extremadura. Estas plantaciones multiplican varias veces la rentabilidad del sistema tradicional gracias a la mecanización y a la innovación tecnológica, lo que les permiten ser rentables incluso en escenarios de bajos precios como los actuales. «Hay un despliegue tremendo del olivar superintensivo, vamos a ver qué consecuencias tiene esto en el futuro, si efectivamente somos capaces de canalizar todo ese potencial productivo y en qué condiciones de mercado», recela José Cruz.

El cultivo de maíz acusa el descenso de los precios

Desde el 2014, el cultivo del maíz ha experimentado un notable retroceso en la comunidad autónoma, a causa fundamentalmente de los bajos precios que se pagan por él —«y sin precio de venta cuando ya se cosecha», indica Montaño— y de los elevados costes de producción. «Solo el maizal con riego de goteo, eficiente y productivo podrá defenderse», pronostica este experto del Ctaex. Con los buenos precios que registró el aceite en campañas anteriores, apostilla, no pocos agricultores que sembraban este cereal decidieron cambiarlo por el olivar superintensivo «porque encima se parece al maíz en cuanto a recolección».

El arroz pierde casi un tercio de la superficie desde 2008

El arroz, del que la comunidad autónoma es la segunda región productora en España, ha experimentado también una evolución muy a la baja. En el 2010 había 27.886 hectáreas y en el 2018, 18.832 lo que representa un descenso de prácticamente el 30%. De nuevo un desfavorable binomio costes-precios, junto con la competencia de producción llegada de países asiáticos, «habrán hecho cambiar a muchos agricultores», afirma Montaño. No obstante, hace hincapié en que, a diferencia del maíz, el arroz requiere hacer una inversión previa en el bancal y en que las superficies cultivadas «no suelen ser llanas y en grandes extensiones, como las del maíz» lo que obliga a hacer «fuertes movimientos de tierra para poder poner olivos». Estas zonas están, además, listas para encharcarse, «con mucho limo en la superficie y hay que hacerlo bien si se quiere cambiar a, por ejemplo, a olivos, porque puede que den problemas de crecimiento y encharcamiento», detalla. Por este motivo, vaticina que en los próximos años la superficie extremeña de arrozales «se mantendrá prácticamente igual».

«En el arroz hay zonas que son muy difíciles de transformar a otros cultivos», conviene José Cruz. Se trata de poblaciones como Palazuelo, donde en torno al «80% de la superficie está dedicada a su cultivo», o de localidades cuyas cooperativas «tienen toda su infraestructura ya enfocada» hacia esta producción.

La crisis de precio también castiga al tomate

También el tomate, uno de los cultivos ‘estrella’ del regadío extremeño, ha experimentado una regresión. Pasa de 25.534 hectáreas a 22.244 entre 2010 y 2018 (-12.9%), y llegó a tocar suelo en el 2013, con 14.802. «Llevamos seis u ocho años con una crisis de precios tremenda», lamenta Cruz. Una situación que ha obligado a introducir cambios en el manejo de las explotaciones para que el sector siga siendo viable. «Eso ha supuesto que se haya ido hacia explotaciones más grandes o se haya tenido que compartir determinada maquinaria», arguye Cruz, que también resalta asimismo el papel que ha jugado la innovación en materia de variedades con vistas a mejorar los rendimientos por hectárea.

¿Cuál puede ser la evolución de cara el futuro?

Actualmente existen diferentes proyectos de regadío en la región (Villanueva del Fresno, Monterrubio de la Serena, Tierra de Barros, Arroyo del Campo o el Valle del Ambroz). De cara al futuro, Alfonso Montaño pronostica que seguirá con su progresión ascendente, si bien, matiza, «a corto plazo no creo que a 5.000 hectáreas por año» —en los últimos tres se ha superado ese promedio—, «pues no hay muchas más tierras y las inversiones agrícolas se frenarán tras tres años fuertes». Cultivo por cultivo, señala el almendro como el que tiene una mayor proyección y «en menor medida el olivar, solo un poco más de 1.000 hectáreas por año porque ya las inversiones se harán en otros cultivos». Parte de la superficie que avancen esos dos cultivos podría venir, adelanta, procedente de la de los frutales ‘tradicionales’, lastrados también por los precios.

Por este mismo motivo, augura que el maíz seguirá cayendo, una vez que existen otras alternativas «que pueden generar mejores ingresos». Y en lo que atañe al viñedo, «a pesar de los vaivenes de precios resiste, y es un valor seguro, por lo que creo que subirá discretamente, pero no lo veo en recesión», esgrime. En este sentido, argumenta que las bodegas «no frenan de hacer inversiones», lo que significa que esta opción se ve con futuro.

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