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El dandi que enamoró a Lagerfeld

El diseñador y Jacques de Bascher tuvieron una relación que duró 18 años

 

Arriba, Lagerfeld. A la izquierda, la portada del libro sobre De Bascher. - ap / massimo sambucceti

Arriba, Lagerfeld. A la izquierda, la portada del libro sobre De Bascher. - ap / massimo sambucceti

LUIS MIGUEL MARCO
24/02/2019

Karl Lagerfeld no quería funerales a lo Yves Saint Laurent y su voluntad se ha cumplido. Solo Carolina de Mónaco y su hija Carlota, Virginie Viard y Bernard Hinault, entre un puñado de personas, asistieron el viernes a su incineración en Nanterre.

El director creativo de Chanel pidió que parte de sus cenizas se unieran a las de su idolatrada madre y a las cenizas de quien fuera su gran, único y verdadero amor. Y esa persona fue un dandi con cara de ángel, Jacques de Bascher, a quien el sida venció en 1989, a los 38 años. Lagerfeld, como no podría haber sido de otra manera, estuvo a su lado hasta el final en una fría habitación de un hospital parisino. De Bascher es, desde luego, un personaje cuya historia vale la pena recordar y clave para entender la personalidad de Lagerfeld.

Hace dos años un libro retrató a este auténtico it boy de la época, alguien que embelesaba a hombres y mujeres por igual. Se tituló Jacques de Bascher, dandy de l’ombre (dandy de la sombra) y lo escribió la periodista del diario Libèration Marie Ottavi. Mostraba a un personaje magnético y decadente que utilizó su belleza y erotismo como arma perversa, un gigoló frívolo y mundano. El libro reveló también la vida en pareja de Lagerfeld y De Bascher durante más de 18 años, entre la década de los 70 y los 80 (en el 1983 Lagerfeld acudió al rescate de Chanel). El diseñador de origen alemán, poco dado siempre a rememorar el pasado, accedió a hablar de De Bascher en las conversaciones que mantuvo con la periodista para escribir el libro. «Amé infinitamente a ese hombre, pero no tuve contacto físico con él», confesó ante las preguntas de la entrevistadora.

Era muy bello, joven, culto, inteligente, educado y vestía de forma extremada, así que no tardó en forjarse un nombre entre la frívola, adinerada y vanguardista élite parisina de aquella época. Y allí estaba entre otros Lagerfeld, en plena efervescencia creativa pero antes de convertirse en el káiser de la moda y de estilizar su figura y ocultar sus ojos tras unas gafas negras. Se volvió loco por él.

Según escribe Marie Ottavi, «De Bascher y Lagerfeld formaron una extraña y ultramoderna pareja abierta, un dúo indestructible que dejó el sexo fuera de la ecuación, que no dejaba sitio a los celos o la posesividad y que operaba bajo el lema de el que tiene el dinero es quien paga, para emplear las elegantes palabras del propio Lagerfeld al hablar de quién mantenía a quién».

sE DEJABA QUERER / Por supuesto De Bascher no trabajaba, conocía su potencial y lo explotó para no tener que mancharse las manos. Bascher tenía algo de anacrónico, como un personaje de Proust. Tampoco le importaba trascender. Era un hedonista y se dejaba querer. En resumen, solía salirse con la suya y hacía lo que quería. Se citaba con condesas o con sus amantes y las noches le encontraban invariablemente en el Café de Flore y en los clubs nocturnos gais que hicieron de París la ciudad más animada de todo el continente europeo.

Karl, siempre prusiano y volcado en sus colecciones, no sentía interés por las drogas, el tabaco o el alcohol, y actuaba, en palabras propias, más como voyeur que como actor. Pero el sexo sí marcó la trayectoria de Bascher y estuvo en el origen de la sonada enemistad entre Lagerfeld e Yves Saint Laurent. Bascher se lo montaba con Saint Laurent para desespero de Pierre Bergè, el compañero de Yves. Bergè llegó a acusar al diseñador alemán de haber propiciado la relación entre De Bascher con Yves Saint Laurent para, al acompañar al modisto en su particular caída a los infiernos, socavar de paso los cimientos de la casa de moda. Las uñas siempre bien afiladas.

«A Bascher le gustaba follar tanto con hombres como con mujeres y no se frenaba», describe en su libro Ottavi. «Organizaba orgías, donde giraba los retrovisores de su flamante Harley Davidson hacia arriba de modo que sirvieran como superficie para esnifar coca. Acudía a menudo a los cuartos oscuros de los garitos gais de París. Le gustaban burgueses y maleantes. Era un seductor nato».

La permisividad sexual de la época, su fascinación por el sadomasoquismo gay, las relaciones de sumisión y su descontrol le conducirían a su propia muerte. Hacia el final cortó todo lazo con el mundo, incapaz de soportar su declive físico. Pero Lagerfeld jamás se alejó de su lado. En realidad nunca volvió a sentir nada igual por nadie.