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73ª EDICIÓN DE LA MOSTRA

Un wéstern risible y un Ozon deslumbrante

'Frantz', del director francés, es una de las mejores candidatas al León de Oro presentadas hasta ahora

 

François Ozon, en la Mostra de Venecia. - FILIPPO MONTEFORTE

NANDO SALVÀ
03/09/2016

Si el héroe de 'The young Pope' es el representante de Dios en la Tierra, el villano de 'Brimstone' es un emisario divino caído al lado oscuro o, si se quiere, un demonio. La película, presentada hoy a concurso, ha llegado a la Mostra etiquetada como un wéstern aunque está claro que su director, el holandés Martin Koolhoven, la ve como algo más trascendente: una parábola bíblica de calvario, venganza y sacrificio. Pero en cine la envergadura no se mide por lo largo que sea el metraje, ni por la cantidad de escenas ahogadas en una banda sonora llena de pompa, ni por el número de veces que un personaje menta histriónicamente a Dios. La trascendencia requiere de cierta hondura filosófica y moral, y la de 'Brimstone' es propia del más risible 'psicothriller'. Y el desespero con el que Koolhoven trata de escandalizarnos escenificando una atrocidad tras otra (violaciones, mutilaciones, torturas, incestos) resulta patético.

 

CINE DE ÉPOCA

'Frantz', por su parte, supone una excepción en la carrera de François Ozon porque el francés ha tardado dos años en completarla (suele estrenar una película por año) y porque es cine de época rodado en blanco y negro y en buena medida hablado en alemán. Puede que en parte esté inspirada en 'Remordimiento' (1932), de Ernst Lubitsch, pero en todo caso es una obra puramente ozoniana en tanto que posee un complejo personaje femenino en su centro y que explora asuntos como el duelo y el efecto balsámico que la ficción puede tener en nuestras vidas. Es también una de las mejores candidatas al León de Oro presentadas hasta ahora.

Protagonizada por una muchacha alemana que perdió a su novio en la Gran Guerra y por un francés que dice ser viejo amigo del fallecido, 'Frantz' medita sobre hasta qué punto las verdades pueden herir más que las mentiras, y sobre la factura que la guerra pasa sobre vencedores y vencidos por igual. Y lo hace exhibiendo una limpieza narrativa desarmante y una inmersiva recreación de época que, en todo caso, no mitiga la relevancia del filme: nunca está de más recordar lo cerca que el nacionalismo está del fascismo.