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VIOLENCIA EN AFGANISTÁN

Un ataque en un templo sij en Kabul mata a un niño y deja al menos 15 heridos

 

Una mujer herida en el ataque al templo sij de Kabul llega al hospital. - TAMANA SARWAY (AP)

EFE
25/03/2020

Al menos un niño murió y otras 15 personas resultaron heridas en el ataque este miércoles a un templo de la minoría religiosa sij en Kabul, en el que aún continúan los combates entre varios insurgentes y las fuerzas de seguridad afganas.

"Hasta ahora han sido trasladados a los hospitales 15 heridos (...) y un cadáver, el de un niño", explicó en una rueda de prensa el portavoz del Ministerio de Salud Pública, Wahidullah Mayar, que subrayó que se trata de un número de víctimas inicial y que la cifra podría aumentar en las "próximas horas".

Esta acción de varios "atacantes suicidas" comenzó en un templo sij en el centro de la capital afgana, adonde acudieron de inmediato las fuerzas de seguridad, afirmó a Efe el portavoz del Ministerio del Interior, Tariq Aryan.

"La primera planta del templo ha sido despejada y se ha rescatado a varios atrapados, mientras las fuerzas especiales están tratando de rescatar lo antes posible al resto de civiles" atrapados en el interior, añadió el portavoz, sin aportar más detalles.

Ningún grupo insurgente ha reivindicado la autoría del ataque, del que se desvincularon los talibanes.

"El ataque de hoy en Kabul (...) no tiene nada que ver con los combatientes del Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes)", afirmó en un mensaje en Twitter el principal portavoz insurgente, Zabihullah Mujahid.

En Afganistán los atentados contra minorías suelen ser reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), como ocurrió en 2018, cuando un ataque suicida de este grupo mató al único candidato sij a las elecciones parlamentarias afganas.

Más de cuatro décadas de conflicto armado en Afganistán han forzado a miles de sijs e hindúes, religiones ambas originarias del subcontinente indio, a huir del país y buscar refugio en el extranjero, especialmente en la India.

Esto ha provocado que su presencia en Afganistán se haya reducido de manera drástica, pasando de unos 200.000 miembros hace 30 años a los alrededor de 1.500 que hay en la actualidad, los cuales se enfrentan además a una fuerte discriminación social y religiosa.